Anemia: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Afección caracterizada por un déficit de los glóbulos rojos de la sangre, encargados de transportar y distribuir el oxígeno que necesita el cuerpo.

La anemia puede tener diferentes causas. El tratamiento depende de esas causas y, según el caso, incluye cambios en la dieta, medicación o transfusiones sanguíneas.

El caso de Carrie

Cuando cumplió los 13 años, Carrie estaba dispuesta a perder todo lo que ella llamaba su “grasa de bebé.” Ambicionaba parecerse a las delgadísimas modelos de las portadas de las revistas de moda. Carrie prescindió de las comidas equilibradas que le preparaba su madre. A cambio, recurrió a los pasteles de arroz y a las papas fritas en poca grasa para matar el hambre. En esa época tuvo la menstruación por primera vez.

No pasó mucho tiempo antes de que Carrie comenzara a marearse cada vez que se incorporaba y tenía que detenerse cada cinco minutos en el gimnasio. Su instructor de gimnasia observó el comportamiento de Carrie, y lo pálida que estaba, y empezó a sospechar que estaba anémica a consecuencia de una deficiencia de hierro (ferropenia). Este tipo de anemia es muy común en adolescentes femeninas, dados sus malos hábitos de comida y la pérdida de hierro que conlleva la menstruación. Por sugerencia del instructor, Carrie fue al médico. Juntos, Carrie y su médico, diseñaron una dieta sana y un plan de ejercicios para que Ca-rrie llegase a un peso apropiado y a mantener su nivel de hierro normal.

¿Qué es la anemia?

La anemia no es en sí una enfermedad sino más bien una señal de que el cuerpo padece un déficit de glóbulos rojos o de un pigmento llamado hemoglobina. La anemia puede sobrevenir por mala nutrición, pérdida excesiva de sangre, destrucción de los glóbulos rojos, niveles anormales de hemoglobina o por otras causas. Pero, sea cual sea la causa, el resultado siempre es el mismo: la sangre no transporta oxígeno suficiente a las células del cuerpo, por lo que éste no puede funcionar con normalidad.

¿Cómo es la sangre de una persona sana?

La sangre está compuesta de glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas y plasma. Los glóbulos rojos o eritrocitos son las células más numerosas de la sangre, dándole a ésta su color rojo. Los tejidos y células del cuerpo necesitan oxígeno para funcionar con normalidad y los eritrocitos están especializados en transportar y distribuir el oxígeno porque contienen hemoglobina. La hemoglobina tiene la propiedad de absorber oxígeno de los pulmones y proporcionárselo a las células del cuerpo que tanto lo necesitan. La hemoglobina se compone de cuatro moléculas proteicas (de proteína) llamadas globinas y de hasta cuatro moléculas del grupo hemo. Las moléculas del grupo hemo son compuestos con pigmentación roja, no proteicos y fijadores del hierro, responsables de unirse al oxígeno y transportarlo, así como dióxido de carbono.

En una persona sana, los eritrocitos son producidos por hematopoyesis. La hematopoyesis tiene lugar en la médula osea, tejido que rellena la parte interior de la mayoría de los huesos. Todas las células de la sangre provienen de un tipo de célula presente en la médula llamada célula madre. A medida que los eritrocitos son producidos por las células madre, maduran en la médula y comienzan a cargarse de hemoglobina. El glóbulo rojo sano contiene al menos 300 moléculas de hemoglobina, que ocupan la mayor parte de su volumen.

Cuando los eritrocitos maduran, se deshacen de la mayor parte de los componentes celulares normales (como ADN, retículo endoplasmá-tico y mitocondrias). Sin estos componentes, los eritrocitos no pueden crecer y dividirse, así es que tienen vida corta. Cada célula pervive cerca de 120 días. El bazo, órgano localizado entre el estómago y el diafragma, en la mitad izquierda del cuerpo, contiene unas células llamadas macró-fagos. Los macrófagos envuelven y destruyen a los eritrocitos viejos y moribundos, y reutilizan el hierro de las moléculas de hemoglobina para que puedan dedicarse a producir más hemoglobina. Cada segundo, cerca de

2 millones de eritrocitos mueren y deben ser reemplazados mediante la hematopoyesis exactamente al mismo ritmo con que mueren.

Si el cuerpo detecta un déficit de glóbulos rojos, los riñones producen una hormona llamada eritropoyetina. Esta proteína es segregada a la sangre, que da la señal a la médula ósea para producir más glóbulos rojos.

¿En qué se diferencia el anémico?

La producción de sangre es un proceso complejo que requiere comunicación entre diversas partes del cuerpo, incluidos la médula ósea, los riñones y el bazo. Hay muchas fases del proceso en que algo puede fallar. La anemia puede ser resultado de problemas en las células madre, en la reproducción y maduración de los eritrocitos, en la producción de hemoglobina, en la comunicación errónea entre riñón y médula ósea (eri-tropoyetina) o en las funciones del bazo (destrucción de células por ma-crófagos). La persona puede sufrir anemia por una alteración sanguínea, ya sea genética o contraída de otra manera, e incluso por enfermedades no directamente relacionadas con la sangre.

Hay docenas de anemias clasificadas según su causa. Cuando los médicos analizan una muestra de sangre en busca de anemia, se fijan tanto en la concentración de hemoglobina en los glóbulos rojos (es decir, el color) como en el tamaño y forma de éstos. Estas observaciones ponen al médico sobre aviso del trastorno causante de la enfermedad. El tratamiento es específico para cada caso y se centra en la enfermedad subyacente.

¿Qué clases de anemia existen?

Hay tres grandes categorías generales de anemia. En primer lugar, cuando alguien sufre una herida y pierde gran cantidad de sangre, se puede producir anemia porque el volumen total de sangre en el cuerpo disminuye con mayor velocidad de la que el organismo puede reemplazarlo. La segunda categoría se presenta cuando el proceso de producción de glóbulos rojos deja de funcionar normalmente: la médula ósea no produce suficientes eritrocitos, los eritrocitos no contienen suficiente hemoglobina o la hemoglobina no funciona bien. En la tercera categoría, los glóbulos rojos son destruidos más rápidamente de lo que la médula puede reponerlos. Algunos de los tipos de anemia más comunes se describen a continuación.

Primera categoría: Anemia por pérdida de sangre

Las personas que pierden gran cantidad de sangre en un corto periodo (un herido en accidente, un enfermo que ha sufrido la ruptura de un vaso sanguíneo o ha perdido sangre durante una operación) pueden acusar anemia porque el cuerpo no es capaz de producir sangre al mismo ritmo que la pierde. En aquellos casos en los que la pérdida de sangre pone en peligro la vida de la persona, esta pérdida se puede compensar mediante una transfusión. Si el caso es menos grave, el cuerpo por sí solo restaurará la cantidad de sangre y hemoglobina a niveles de normalidad. De hecho, una persona puede perder dos tercios de su sangre durante un periodo de 24 horas sin morir. Otros enfermos presentan algún lugar en el organismo que sangra lenta pero continuamente, como los que sufren una herida en la piel o en alguna mucosa interna (úlcera). En estos casos, se necesita encontrar y tratar el origen de la hemorragia, y a

menudo suplementar la dieta con hierro para potenciar la producción de

Segunda categoría: Déficit de producción de glóbulos rojos

Las anemias causadas por la producción reducida de glóbulos rojos se llaman anemias hipoplásicas; diferentes condiciones y alteraciones pueden causar este tipo de anemias.

Causas nutricionales Ciertas vitaminas y minerales importantes, como el hierro, la vitamina B12 y el ácido fólico son necesarios para que la médula ósea produzca hemoglobina y eritrocitos. Si faltan estos elementos en nuestra dieta, o no son absorbidos, puede producirse anemia. Añadir a la dieta alimentos ricos en estos elementos o ciertos suplementos alimentarios contribuye a reponer el suministro de sangre.

La anemia ferropénica se produce si la persona no consume suficientes alimentos que contengan hierro o cuando el cuerpo tiene diful-tades para absorber este mineral. Una concentración baja de hierro en sangre significa que el cuerpo no dispone de la cantidad suficiente de hierro para elaborar la hemoglobina, lo que trae consigo un descenso en la producción de eritrocitos. Este tipo de anemia es común, especialmente en niños y adolescentes, que necesitan grandes cantidades de hierro para alimentar su cuerpo en crecimiento. Además, entre el 30 y el 50 por ciento de las mujeres estadounidenses corren el riesgo de anemia por pérdida de sangre durante la menstruación o por carencias de hierro en la dieta con que compensar la pérdida mensual. La anemia por deficiencia de hierro se caracteriza por glóbulos rojos de pequeño tamaño.

La anemia perniciosa tiene lugar cuando una persona no consume suficientes alimentos que contengan vitamina B12 o es incapaz de absorber esta vitamina con propiedad. Para absorber la vitamina B12, los tejidos del estómago deben producir ácido clorhídrico y generar una sustancia química llamada “factor intrínseco.” Si la producción de este ácido desciende, la vitamina no puede ser absorbida. Este tipo de anemia suele afectar a los adultos entre los 50 y 60 años de edad, pero es rara entre afroamericanos o asiáticos. Las personas con dieta alimenticia deficiente, con bulimia, anorexia nerviosa, diabetes, enfermedad tiroidea, operadas del estómago, con cáncer de estómago o con antecedentes familiares de anemia perniciosa son propensas a este problema. Generalmente, es de comienzo gradual, por lo que los síntomas son difíciles de detectar.

Causas genéticas Hay personas que nacen con enfermedades que disminuyen la capacidad del cuerpo para producir glóbulos rojos. La ta-lasemia es una enfermedad heredada en la que la tasa de producción de hemoglobina es demasiado baja.

Esta enfermedad es más común en gente de ascendencia mediterránea, africana o asiática. La talasemia se divide en dos categorías: mayor

y menor. La gente nacida con talasemia mayor padece de anemia intensa durante el primer año de vida, lo que origina un crecimiento lento, desarrollo anormal de los huesos así como hígado y bazo de tamaño superior al normal.

En la anemia sideroblástica, las moléculas hemo de la hemoglobina no se producen correctamente. Este problema puede deberse a una alteración genética pero también se da en alcohólicos, personas con enfermedades de la médula ósea o que han estado expuestas a toxinas, como por ejemplo el plomo.

Anemia aplásica y dolencias de la médula ósea La anemia aplásica describe una categoría de anemias en las que se destruyen las células hematopoyéticas (formadoras de la sangre) de la médula ósea. En muchos casos, los médicos desconocen las causas de este proceso. En otros, las células formadoras de la sangre son destruidas por un cáncer de médula ósea o por exposición a sustancias químicas tóxicas, radiaciones ionizantes, ciertos antibióticos u otros medicamentos. El trasplante de médula ósea de un gemelo idéntico o de un pariente con tipos de célula compatibles puede ser un buen recurso para tratar la anemia aplá-sica, pero resulta muy difícil encontrar un donante con el tipo de células compatibles. El tratamiento para la anemia aplásica constituye actualmente un campo de investigación activo.

Infecciones y otras alteraciones Las personas que sufren infecciones con frecuencia son propensas a la anemia, porque la infección retrasa la producción de glóbulos rojos. La anemia es muy común en enfermos de sida porque su sistema inmunitario (inmunologico) no funciona como es debido y, por ende, son propensos a las infecciones. Quienes padecen de los riñones también tienden a sufrir anemia, porque estos órganos no son ya capaces de responder al descenso de glóbulos rojos con la producción de suficiente eritropoyetina.

Tercera categoría: Anemia hemolítica

La anemia hemolítica viene causada por la destrucción prematura de los glóbulos rojos. Los eritrocitos pueden ser eliminados demasiado pronto o con demasiada velocidad por causas muy distintas: una infección, la producción de una cantidad anormal de hemoglobina, el funcionamiento erróneo del bazo y la exposición del enfermo a ciertas drogas o sustancias químicas tóxicas. Asimismo, los glóbulos rojos pueden presentar anomalías en la membrana que los rodea, lo que lleva a su destrucción por los macrófagos. Problemas del sistema inmunológico también pueden causar la anemia hemolítica.

Anemia drepanocítica La anemia drepanocítica, o de células falciformes, es la anemia hemolítica más conocida. Se trata de una enfermedad genética, lo que significa que el enfermo hereda de sus progenitores los genes que la provocan. Si el enfermo hereda sólo una copia del gen afectado, (de uno de los padres), se dice que es portador del rasgo drepanocítico, pero no de la enfermedad propiamente dicha. En cambio, cuando hereda el gen de los dos padres, sí sufrirá drepanocitosis o anemia de células falciformes. Esta clase de anemia ocurre muy a menudo entre gente de ascendencia africana. En Estados Unidos el 0,3 por ciento de la población afroamericana (cerca de 50 000 personas) la sufre. Los enfermos de drepanocitosis sufren anemia intensa, episodios de dolor, retraso del crecimiento y mayor número de infecciones. La persona portadora del rasgo drepanocítico no suele presentar síntomas de anemia, de modo que crece y se desarrolla normalmente.

La hemoglobina de una persona con anemia drepanocítica es diferente a la de los eritrocitos sanos, porque los glóbulos rojos de aquélla adoptan forma de media luna. Al presentar tal configuración, los glóbulos rojos no discurren con facilidad por el torrente sanguíneo y son destruidos más rápidamente de lo que el cuerpo puede reemplazarlos.

Enfermedades autoinmunes Quienes sufren enfermedades au-toinmunes, como la artritis reumatoidea, son susceptibles de sufrir anemia hemolítica. En estas enfermedades, el sistema inmunológico del organismo no funciona debidamente. Además de destruir células extrañas como las bacterias que causan la infección, el sistema inmunitario ataca y destruye a sus propias células, incluidos los eritrocitos. En algunos enfermos se utilizan para tratar la anemia medicamentos (inmuno-supresores) que reducen la actividad del sistema inmunitario.

¿Cómo saber si se padece anemia?

La gente que sufre una anemia ligera no suele presentar síntomas. En casos de anemia intensa, el estado del enfermo dependerá de su edad, de la rapidez con que la anemia se ha instaurado y de otras enfermedades presentes. Si el comienzo es rápido, el anémico tiene más posibilidades de experimentar síntomas. Si evoluciona lentamente, a lo largo de un periodo prolongado, aun los pacientes con anemia moderada pueden no tener síntomas patentes.

Como en el caso de Carrie, las personas que sufren de anemia moderada o intensa se sienten cansadas, débiles y con problemas de respiración, porque las células del cuerpo no están recibiendo suficiente oxígeno. Esa falta de oxígeno hace que el enfermo se vuelva irritable y se desinterese de lo que sucede a su alrededor. En ocasiones, hay enfermos con cuadros de anemia moderados o intensos que presentan un aspecto pálido y ceroso; otros adquieren un color amarillo en la piel (ictericia) por excesiva destrucción de los glóbulos rojos. También pueden sobrevenirles dolores de cabeza, inapetencia, indigestión, dolor de la lengua, encías sangrantes, insomnio (dificultad para dormir), taquicardia, cansancio y disminución de la capacidad de concentración. Algunas mujeres experimentan irregularidades en el periodo menstrual.

Médicos metidos a detectives para diagnosticar la anemia

Diagnosticar correctamente una anemia puede ser, en ocasiones, un proceso complejo. Determinar si el paciente está anémico todavía resulta fácil, pero encontrar el factor causante suele ser más difícil.

Antes de diagnosticar la anemia, el médico normalmente prescribe un hemograma, para el que un técnico o enfermera toma una pequeña muestra de sangre. Se analiza la cantidad de hemoglobina en la sangre y el número y volumen de los distintos tipos de células sanguíneas. Una parte de la muestra se extiende en un portaobjetos de microscopio de modo que también se pueda determinar el tamaño de las células y observar el color y forma de la sangre.

Una vez confirmada la anemia, el médico comienza su labor detec-tivesca: busca pistas examinando a su paciente e interrogándo a éste y a sus familiares acerca de sus antecedentes clínicos. Éstas son algunas de las preguntas que puede formular el médico:

– ¿Qué síntomas presenta, cuándo empezaron y cuánto hace que los tiene?

– ¿Hay otros familiares que padezcan anemia?

– ¿Qué enfermedades ha tenido recientemente?

– ¿De qué se compone su dieta?

– ¿Ha tenido recientemente algún sangrado interno?

– ¿qué fármacos/remedios ha consumido recientemente?

La mayoría de los casos de anemia puede diagnosticarse mediante análisis de sangre, el historial clínico del paciente y una revisión física.

No hay que olvidar que la médula es una zona potencialmente problemática por ser la sede productora de las células sanguíneas. A veces es necesaria una muestra de médula ósea para averiguar la causa de una anemia. Este procedimiento se efectúa mediante la inserción en el hueso de la cadera de una aguja que absorbe una muestra de médula destinada al análisis microscópico de los tipos de células y sus actividades.

La anemia es indicio de que algo no funciona bien en el cuerpo y nunca debe hacérsele caso omiso. Compete al médico buscar la causa subyacente.

Investigación científica

El tratamiento de la anemia depende exclusivamente de la causa originante. La anemia recibe atención científica importante por ser indicio de una gran diversidad de enfermedades y trastornos. Dicha investigación se centra tanto en encontrar mejores recursos para el diagnóstico como en derivar nuevas formas de tratamiento. Hay ocasiones en que la anemia es muy difícil de tratar, si no imposible.

En el caso de anemias causadas por hemorragia excesiva o crónica, detener la hemorragia es el primer paso. A veces se recurre a una transfusión sanguínea para reponer el volumen de sangre del cuerpo. En las anemias por causas alimentarias, la solución suele radicar en un cambio de dieta que aporte el nutriente que falta o suplementos como el hierro y las vitaminas.

El tratamiento de otras anemias es más complejo. En las personas con anemia hemolítica, es esencial averiguar por qué los glóbulos rojos se están destruyendo prematuramente. Hay casos en que es necesario extirpar el bazo para prevenir la destrucción prematura de eritrocitos.

Una forma de tratamiento para ciertas anemias causadas por una producción disminuida de glóbulos rojos es abastecer al organismo de eri-tropoyetina. Diferentes grupos de investigación han elaborado eritropo-yetina para tratar las anemias causadas por la artritis reumatoide, el VIH, las enfermedades renales y el cáncer. Otros fármacos se destinan a estimular la producción de glóbulos rojos en personas que sufren drepano-citosis o algún tipo de talasemia.

Fuentes

American Sickle Cell Anemia Association, c/o Cleveland Clinic, East Office Bldg., Eeb 18, 10300 Carnegie Avenue, Cleveland, OH 44106 Telephone (216)229-8600 Toll-free 800-421-8453 http://www.ascaa.org/

Aplastic Anemia and MDS International Foundation of America,

PO Box 613, Annapolis, MD 21404 Telephone (410)867-0242 Toll-free 800-747-2820 Facsimile (410)867-0240 http://www.aplastic.org/

U.S. National Institutes of Health, 9000 Rockville Pike,

Bethesda, MD 20892

Telephone (301)496-4000

Telephone (301)592-8573 (Sickle Cell Anemia)

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