Diabetes: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Diabetes mellitus es una afección que tiene lugar cuando el páncreas produce muy poca insulina o ninguna en absoluto, o cuando las células del organismo no pueden utilizar la insulina producida. Si no hay insulina o ésta no es efectiva, las células del cuerpo no pueden absorber la glucosa (azúcar) de la sangre para suministrar energía al organismo.

La historia de Melinda

Melinda acababa de cumplir 12 años y tenía hambre constantemente. Cuando estaba en clase, su estómago hacía ruidos y con la merienda no tenía suficiente para aguantar hasta la cena. Una de sus profesoras, después de dejarla ir al baño por séptima vez el mismo día, sugirió a Melinda que le dijera a sus padres que la llevaran al médico. La profesora creyó que era posible que tuviera diabetes, y tenía razón.

¿Qué es la diabetes?

Con el término diabetes se denominan afecciones caracterizadas por niveles elevados de glucosa (azúcar) en la sangre. La diabetes se debe a un fallo por parte del páncreas, que no produce suficiente insulina o no elabora nada de insulina. También se padece diabetes cuando las células del organismo no hacen un uso adecuado de la insulina que se produce.

El páncreas, centro de producción de insulina del organismo, es una glándula de gran tamaño situada cerca del estómago. Contiene grupos de células que funcionan como diminutas fábricas para producir diferentes hormonas al mismo ritmo y en idéntica cantidad. Estos grupos (o “islas”) de células reciben el nombre de islotes de Langerhans.

Una clase de células de los islotes son las denominadas células beta. Las células beta son responsables de la producción de la hormona llamada insulina. El cuerpo humano necesita insulina para funcionar con propiedad, ya que ésta ayuda al cuerpo a transformar la comida en energía.

Al comer, descomponemos la comida en azúcar y otros combustibles. El más importante es un azúcar llamado glucosa, que cuando se encuentra en la sangre recibe el nombre de glucosa sanguínea o azúcar sanguínea. Esta glucosa proporciona la energía que se necesita para llevar a cabo cualquier actividad, desde bombear sangre hasta caminar o leer un libro. Pero la glucosa no sería de ninguna utilidad si no fuera por la insulina, que hace posible su paso de la sangre al interior de las células.

La insulina funciona como una llave; “abre” la puerta a las células. Cuando la producción de insulina se interrumpe o se lentifica en la fábrica de células beta, las otras células del cuerpo no reciben la glucosa que necesitan como energía. Los enfermos de diabetes absorben la glucosa de su comida pero, por mucho que coman, si esa llave, la insulina,

no está presente o no funciona con propiedad, el combustible de la glucosa se queda “atrapado” fuera de las células del cuerpo.

¿Cuáles son los diferentes tipos de diabetes?

Más de 15 millones de personas en los Estados Unidos sufren de diabetes, de los cuales menos de 1 millón (cerca de 750.000) presentan el mismo tipo que Melinda, la diabetes mellitus tipo I (también conocida como diabetes immunomediada o diabetes mellitus insulinodepen-diente).

La diabetes tipo I se diagnostica normalmente antes de que el enfermo cumpla los 19 años, por lo que se la conoce como diabetes “juvenil.” Cerca de 125.000 niños y adolescentes estadounidenses sufren en la actualidad diabetes tipo I. Al producir muy poca o ninguna insulina por sí solos, estos jóvenes dependen de inyecciones de insulina para mantenerse sanos. Además deben hacer cambios en su estilo de vida, por ejemplo teniendo en cuenta cuándo y dónde comen.

Los más de 14 millones de diabéticos estadounidenses restantes presentan la llamada diabetes tipo II. Otros nombres para este tipo II son diabetes mellitus no insulinodependiente o diabetes de inicio en la edad adulta. La diabetes tipo II tiene lugar cuando las células del cuerpo no responden a la insulina como debieran, y afecta por lo general a partir de los 40 años de edad. La grasa corporal extra es un factor que contribuye a precipitar la enfermedad, por lo que en muchas ocasiones es aconsejable perder peso. Una persona con diabetes tipo II no depende necesariamente de inyecciones de insulina igual que un diabético del tipo I: su tipo de diabetes se puede tratar con píldoras y con un cambio de dieta.

¿Cuál es la causa de los diferentes tipos de diabetes?

Diabetes tipo I La diabetes tipo I no se contagia de persona a persona, como un resfriado o la varicela, y tampoco es una enfermedad que se contraiga súbitamente. Normalmente, su desarrollo en el organismo dura varios meses e incluso años. A pesar de la creencia general, la causa de la diabetes de tipo I no es un consumo excesivo de dulces.

Aunque la ciencia no conoce con exactitud las causas de la diabetes tipo I, sí existen suficientes evidencias como para afirmar que al menos dos factores intervienen en el desarrollo de esta enfermedad: factores genéticos y medioambientales.

– Factores genéticos Los diabéticos de tipo I nacen con ciertos genes de la enfermedad, igual que pueden hacerlo con ojos azules o marrones. Los genes se heredan de los padres antes de nacer. En algunas familias, los genes de la diabetes tipo I son transmitidos por los padres a más de un hijo; un hermano de un enfermo de diabetes tipo I tiene un 5 por ciento de posibilidades de sufrirla él mismo.

– Factores medioambientales En algunas personas la causa de la diabetes tipo I es un factor medioambiental, un virus por ejemplo. Ese factor provoca que el sistema inmunológico del organismo ataque y destruya las células beta, y como consecuencia, la producción de insulina se interrumpe. Sin embargo, para que un factor medioambiental tenga este efecto, es bastante probable que los enfermos necesiten tener una predisposición genética. No es normal presentar diabetes de repente por haber pasado una gripe.

Diabetes tipo II Al igual que ocurre con el tipo I, la diabetes tipo

II no es contagiosa. Según parece, hay dos factores que juegan un papel importante a la hora de contraer diabetes tipo II: los genes y la obesidad (sobrepeso).

– Genes Del mismo modo que una persona es más proclive a presentar diabetes tipo I si porta cierto tipo de genes, en el tipo

II, otros genes diferentes favorecen el desarrollo de la enfermedad

Obesidad Muchas personas con diabetes tipo II son obesas. Los científicos creen que el sobrepeso podría perjudicar la capacidad del organismo para utilizar la insulina con efectividad.

¿Cómo saber si se padece diabetes?

Síntomas Cuando el organismo no contiene la cantidad necesaria de insulina, comienza a presentar síntomas como los de Melinda. Orinar con frecuencia es muy común en enfermos con diabetes tipo I porque la glucosa no llega a las células del cuerpo y por lo tanto se acumula en la sangre. En un organismo sano, los riñones no permiten que la glucosa llegue a la orina, pero en caso de diabetes, la glucosa pasa a la orina y arrastra consigo una cantidad de agua del cuerpo más alta de lo normal.

También es común tener mucha sed porque el organismo necesita compensar el líquido perdido, así como sentir hambre y comer en abundancia, pues el cuerpo no está haciendo más que reclamar la energía perdida. Pero incluso comiendo más de lo normal, los enfermos de diabetes pueden perder peso porque su organismo comienza a utilizar la energía de las grasas en vez de la del azúcar. En el caso de niños en crecimiento

y de los adolescentes, el hecho de que no ganen peso en una época de su vida en que deberían hacerlo puede ser un signo indicativo de diabetes.

Los síntomas descritos son comunes a los dos tipos de diabetes, aunque es probable que en caso de diabetes tipo II sean menos severos. Este tipo puede presentar síntomas adicionales, como infecciones recurrentes o difíciles de curar, visión borrosa o sequedad y picor en la piel, síntomas normalmente leves, por lo que no suele prestárseles la atención debida.

Diagnóstico Cuando un médico cree que su paciente puede tener diabetes, lo normal es que encargue un análisis de orina. El procedimiento es muy simple: se requiere una muestra de orina y unas tiras de papel tratadas químicamente para la detección de glucosa. Si la tira empapada de orina indica la presencia de glucosa, el médico buscará confirmación en un análisis de sangre que indique el nivel de azúcar en la sangre. Si los niveles de glucosa son demasiado altos, se efectúan comprobaciones adicionales; poco después de confirmarse el diagnóstico de diabetes comenzará el tratamiento.

Como los enfermos de diabetes tipo II sí producen una insulina que funciona hasta cierto punto, pueden presentar síntomas aislados durante meses o incluso años sin llegar a encontrarse en una situación de peligro. Sentirán cansancio o agotamiento y sed la mayor parte del tiempo, sin pensar que se deba a la diabetes. En muchos casos la diabetes tipo II se descubre por accidente, durante una revisión física rutinaria o en un análisis de sangre u orina.

Tratamiento de la diabetes tipo I

Una persona a la que se ha diagnosticado diabetes tipo I necesita tomar ciertas medidas, como administrarse insulina, seguir una dieta especial, hacer ejercicio, estar pendiente de los niveles de glucosa en la sangre y hacerse análisis de orina. Todas estas prevenciones apuntan a un importante objetivo: mantener el nivel de glucosa en la sangre lo más cerca posible de la normalidad, de modo que el paciente se mantenga sano y se sienta bien, ahora y en el futuro.

Insulina Los enfermos con diabetes tipo I necesitan abastecer su sangre con la insulina necesaria hasta llegar a los niveles adecuados. En el tratamiento de la diabetes se han recurrido a diferentes fuentes de insulina. La insulina porcina, por ejemplo, utilizada durante mucho tiempo para el tratamiento de la enfermedad, se extrae del páncreas del animal; sin embargo, la llamada insulina humana no proviene del páncreas de un humano, sino que es sintética. Se produce en un laboratorio y es la insulina más común en el tratamiento actual de la diabetes.

La insulina viene en forma líquida (disuelta en agua) dentro de un envase y debe inyectarse en el cuerpo. Al contrario que otras medicaciones, no puede consumirse en forma de pastillas, porque la hormona insulina es una proteína y, como otras proteínas, sería digerida y descompuesta en el estómago (por ejemplo, las proteínas contenidas en la comida).

La mayoría de la gente se administra insulina mediante inyección en el tejido subcutáneo, bajo la superficie de la piel. Los lugares más comunes para estas inyecciones son los brazos, las piernas, el abdomen y las caderas, es decir, los lugares comunes en los que se encuentran las grasas. La inyección no duele porque la aguja es muy fina. Normalmente un diabético necesita dos o más inyecciones diarias, según un horario establecido en coordinación con sus comidas.

Algunos enfermos de diabetes tipo I recurren a una bomba de insulina. Este instrumento tiene aproximadamente el mismo tamaño que un buscapersonas y contiene un pequeño recipiente lleno de de insulina. La insulina es inyectada directamente al interior del cuerpo a través de un pequeño conducto conectado a una aguja que se inserta en la piel. La insulina se bombea a un ritmo lento y constante, con un “bono” antes de cada comida para que el organismo pueda asimilar el azúcar que está punto de consumir.

Sea cual sea la manera en que los diabéticos de tipo I se administren la insulina, hay una constante que no cambia: deben tener un aporte de insulina diario para que las células del cuerpo consuman y utilicen la glucosa de manera apropiada. No pueden tomarse un descanso o dejar de consumir insulina porque caerán enfermos.

Comida Una buena alimentación es un factor esencial para mantener la salud, realidad que reviste especial importancia en los enfermos de diabetes tipo I. La comida altera los niveles de glucosa en la sangre, así

que los enfermos de diabetes tipo I tienen que ser muy cuidadosos no sólo con la comida que consumen, sino con el momento en que la consumen. Además, como los carbohidratos son la principal fuente de glucosa, los enfermos de diabetes tendrán que calcular la cantidad de carbohidratos por comida para saber si van a consumir la cantidad adecuada de azúcar.

En realidad, los hábitos de alimentación de un diabético no son muy diferentes de los del resto de la gente. La comida en sí puede ser la misma que la de otra persona, pero en la mayoría de los casos deben seguir un horario regular, incluso si se trata de picar entre comidas, y limitar los dulces debido a la gran cantidad de azúcar que contienen.

Ejercicio Al igual que una dieta sana, el ejercicio es importante para todo el mundo, pero sobre todo para los enfermos de diabetes tipo I. Hasta no hace mucho tiempo, algunos médicos pensaban que los diabéticos de tipo I no debían hacer ejercicio, pero hoy en día esa opinión ha cambiado. El ejercicio ayuda a que la insulina controle mejor el nivel de glucosa en sangre. Contribuye además a que los enfermos de diabetes mantengan un peso adecuado y a mantener un ritmo cardíaco y unos conductos sanguíneos sanos. Por último, el ejercicio hace que nos sintamos bien con nosotros mismos.

Aún así, los enfermos de diabetes tipo I deben tener en cuenta que al hacer ejercicio están consumiendo glucosa a un ritmo más rápido del normal, por lo que deben prestar especial atención para que sus niveles de glucosa en la sangre no disminuyan en exceso. Esto se traduce en que habrán de administrarse menos insulina, comer más antes de hacer ejercicio o tomar un tentempié durante y después de hacerlo.

Glucosa en la sangre y análisis de orina Los enfermos de diabetes tipo I suelen comprobar sus niveles de glucosa en la sangre al menos tres veces al día. Para ello se pinchan el dedo con un pequeño instrumento afilado y obtienen una gota de sangre que se coloca sobre una tira de papel tratada químicamente; a continuación se inserta la tira en un aparato que mide la cantidad de azúcar en la sangre. El enfermo anota el nivel de glucosa en la sangre en un diario. Esta observación ayuda a determinar si el nivel de azúcar en la sangre es el adecuado y sirve de orientación en el tratamiento.

Los análisis de orina son otra forma útil de revisión. Resultan especialmente importantes cuando un diabético del tipo I cae enfermo (contrae la gripe, por ejemplo). Cualquier tipo de enfermedad, como una infección, tiende a interferir en el proceso de las células para asimilar y utilizar la glucosa apropiadamente, y en este caso las células comienzan a transformar grasa en energía. Una secuela potencialmente peligrosa de este proceso es la producción de cuerpos cetónicos. Los análisis de orina suponen una forma eficaz de determinar si los cuerpos cetónicos se están acumulando en la sangre.

Hipoglucemia, hiperglucemia y cetoacidosis

A veces resulta difícil controlar la enfermedad aunque el enfermo mantenga una dieta equilibrada, practique ejercicio y se administre insulina. Los niveles de glucosa pueden subir o bajar en exceso y el nivel de cuerpos cetónicos en la sangre puede llegar a niveles de toxicidad.

Hipoglucemia Si el nivel de glucosa en la sangre baja demasiado, tiene lugar una hipoglucemia. Este proceso se da cuando el enfermo se administra demasiada insulina, prescinde de una comida o tentempié, o hace ejercicio con demasiada intensidad sin tomar las precauciones necesarias. En sus primeras fases, la hipoglucemia debilita al enfermo y le causa temblores, mareos y sudores, aunque por lo general un enfermo de diabetes llega a hacerse muy consciente de estas señales de alarma y casi siempre toma medidas como beber zumo o tomar pastillas de glucosa en cuanto se presentan y antes de que empeoren. Si no se atienden los síntomas, el diabético comenzará a sentirse desorientado, somnoliento o a tener dificultades para hablar. Puede incluso sentirse muy confuso, perder la coordinación en gran medida y llegar a entrar en coma. El tratamiento en un caso extremo de hipoglucemia consiste en administrar azúcar al enfermo tan pronto como sea posible, por vía intravenosa si es preciso.

Hiperglucemia Otro problema que pueden presentar los diabéticos es, por el contrario, presentar un nivel de glucosa en la sangre demasiado alto. Ocurre normalmente porque el diabético no tiene la cantidad de insulina necesaria en su organismo, ha consumido alimentos con demasiada azúcar, padece una infección o está estresado por otros motivos. Entre los síntomas de la hiperglucemia figuran orinar con frecuencia, sed extrema, debilidad y cansancio.

Cetoacidosis La cetoacidosis se produce cuando no se controla la diabetes y la sangre se vuelve demasiado ácida debido a los altos niveles de cuerpos cetónicos que contiene. Un enfermo con cetoacidosis puede sentir náuseas, vomitar y respirar muy profundamente. Si no recibe el tratamiento adecuado, se deshidratará y entrará en coma. Entre los tratamientos de emergencia se encuentran la administración inmediata de insulina y el consumo de gran cantidad de líquidos, normalmente por vía intravenosa. Afortunadamente, los diabéticos que siguen un tratamiento pueden prevenir la cetoacidosis con facilidad y mantener la enfermedad a raya.

Tratamiento de la diabetes tipo II

Los enfermos de diabetes tipo II pueden tratar a menudo su enfermedad sólo con cambiar la dieta y controlar su peso, si es necesario mediante una sana combinación de alimentos y ejercicio.

En algunos casos, a los enfermos de diabetes tipo II se les trata con píldoras que no contienen insulina, pero que contribuyen a que el

organismo la produzca en mayor cantidad o responda a ella de manera más normal. A veces un diabético del tipo II necesitará inyecciones de insulina, como si fuera del tipo I.

Hay muchas similitudes entre los tratamientos de los tipos I y II: la principal diferencia es el papel que la insulina juega en ellos. Si una persona que sufre diabetes del tipo II olvida ponerse su insulina es poco probable que presente cetoacidosis. En un caso del tipo II, el médico puede llegar incluso a recomendar al paciente que deje de inyectarse insulina o tomar píldoras, algo que nunca podrá hacer un diabético del tipo I.

¿Cómo es la vida para los enfermos con diabetes tipo I y tipo II?

Inyectarse insulina, seguir un plan especial de alimentación, controlar los niveles de azúcar en la sangre y demás medidas hacen que vivir con diabetes tipo I parezca un gran trabajo, y puede serlo, sobre todo al principio.

Por suerte, muchas de las personas a las que se diagnostica diabetes tipo I cuentan con la ayuda de un equipo completo compuesto por un médico, un enfermero para la diabetes, un especialista en dietética, un psicólogo y un trabajador social. Lo ideal es que el equipo completo colabore con el paciente y sus familiares e intente que el diabético mantenga la mayor normalidad posible en su vida diaria.

Los enfermos de diabetes pueden hacer prácticamente lo mismo que la gente sana. Por ejemplo:

– ir a la escuela;

– practicar deportes;

– pasar tiempo con amigos;

– consumir comida en las fiestas;

– ir a la universidad;

– casarse.

Quizás el enfermo de diabetes tenga que tomar un tentempié extra antes de competir en una carrera, salir de una fiesta un minuto para administrarse una dosis de insulina o pedir un helado pequeño cuando todo el mundo tome uno doble, pero los diabéticos que se controlan llevan vidas normales, y las mujeres diabéticas que quieren tener hijos pueden hacerlo sin problemas con el apoyo de su equipo de diabetes.

¿Cómo afecta la diabetes la vida de una persona?

Los dos tipos de diabetes pueden tener efectos negativos a largo plazo en la vida del diabético, aunque estos efectos tiendan a desarrollarse de forma muy lenta y gradual. Al no procesar bien la comida, los vasos sanguíneos del diabético se van dañando poco a poco, lo cual aumenta las posibilidades de presentar una presión sanguínea alta, ataques de corazón e infartos. La diabetes también puede tener efectos a largo plazo en los ojos, porque los vasos sanguíneos minúsculos de la retina se van debilitando: en caso de que estos vasos sanguíneos estallen, se puede padecer hemorragias, cicatrizaciones en los ojos e incluso ceguera. La posibilidad de daños nerviosos y renales también aumenta cuando una persona sufre diabetes. Por último los pies pueden convertirse en un problema para los diabéticos, pues la afección afecta a la circulación, y cualquier pequeño corte o herida puede convertirse en una infección seria sin los cuidados necesarios.

Los enfermos de diabetes pueden tomar medidas que ayuden a prevenir o disminuir los efectos de estos problemas a largo plazo. Investigaciones recientes demuestran que el control del nivel de azúcar en la sangre es un factor esencial. Es muy importante para los enfermos de diabetes que se hagan revisiones periódicas, puesto que en estas revisiones el médico puede comprobar la presión sanguínea y el estado de los pies, los niveles de grasa en sangre y detectar posibles problemas de riñón. Es esencial que los enfermos de diabetes vayan al oculista una vez al año. Si el oftalmólogo detecta problemas en los vasos sanguíneos de la retina, es muy probable que los problemas de visión se puedan prevenir o disminuir con cirugía láser.

En líneas generales, los enfermos de diabetes dependen de los médicos y otros profesionales, pero ellos mismos pueden tomar muchas medidas para controlar la enfermedad. Una continua concientización sobre el control adecuado de la enfermedad es parte esencial en el mantenimiento de la salud del diabético.

¿Habrá una cura algún día?

La investigación sobre la diabetes es un campo muy activo. Muchos de los estudios están centrados en la insulina y la capacidad del cuerpo para producirla por sí mismo. Como la insulina no puede tragarse, los científicos investigan también vías alternativas para llegar al flujo sanguíneo sin necesidad de inyecciones, como las gotas, los pulverizadores nasales y los inhaladores. También se ha experimentado con trasplantes de páncreas y con trasplantes de las células de los islotes que producen insulina. Sin embargo, y hasta que haya una cura para la diabetes, los enfermos deberán convivir con ella y controlarla sirviéndose de la información y del equipo a su alcance.

Fuentes

American Diabetes Association, 1701 N. Beauregard St.,

Alexandria, VA, 22311 Telephone (703)549-1500 Toll-Free (800)DIABETES http://www.diabetes.org; www.diabetes.org/

Juvenile Diabetes Research Foundation International,

120 Wall St., New York, NY 10005-4001 Telephone (800)533-CURE (2873)

Fax (212)785-9595 http://www.jdf.org/

U.S. National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases, Office of Communications and Public Liaison, Bldg. 31,

Rm. 9A04, Center Dr., MSC 2560, Bethesda, MD 20892-2560

Telephone (301)435-8115

http://www.niddk.nih.gov/

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