Dislexia: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

La dislexia afecta al aprendizaje al menoscabar la capacidad de la persona para leer, escribir y deletrear correctamente.

¿Qué es la dislexia?

La dislexia es una discapacidad del aprendizaje que impide a quien la padece reconocer correctamente el lenguaje escrito. Este término proviene de la combinación de los términos griegos “dis,” que denota dificultad o anomalía, y “lexia,” que significa palabras. Es decir, que “dislexia” significa, literalmente, “dificultades con las palabras,” lo que se traduciría en cualquier lengua como problemas para leer. Aunque la mayoría de los disléxicos también presentan problemas para escribir y deletrear y algunos además tienen dificultades con los números, es habitual encontrar referencias a esta discapacidad como una dificultad específica para la lectura.

La dislexia afecta del 10 al 15 por ciento de los niños en edad escolar. Casi 4 de cada 5 niños disléxicos son varones. El trastorno afecta a

todas las razas indistintamente y constituye la variedad más frecuente de incapacidad para el aprendizaje.

¿Cuál es la causa de la dislexia?

Nadie sabe a ciencia cierta cuál es la causa de la dislexia. Sin embargo, los científicos creen que podría deberse a una disfunción de la parte del cerebro que reconoce e interpreta las palabras. Algunos científicos piensan que el problema radica en el desarrollo de la mitad derecha del cerebro, encargada del procesamiento del lenguaje. Cuando un disléxico lee o escucha palabras, tanto sus ojos como su oído funcionan correctamente. Sin embargo, una parte de su cerebro interpreta mal estas palabras y la señal que se transmite es errónea. En muchos casos, la dislexia es genética, pues los disléxicos suelen presentar antecedentes familiares de discapacidades del aprendizaje.

Un factor del que se sabe que no interviene en la dislexia es la pereza o la falta de inteligencia. A veces se tilda de tontas a las personas con dificultades para leer, pero esto no es cierto. De hecho, la mayoría de los disléxicos tienen una inteligencia normal o superior a la normal: simplemente, hay una parte de su cerebro que no traduce correctamente ciertos mensajes del lenguaje escrito.

Diagnóstico

La dislexia no se diagnostica cuando el niño es muy pequeño, porque lo normal es que los niños no aprendan a leer y escribir hasta los 6 años de edad. Sin embargo, desde que estos niños comienzan a ir al colegio, pueden tener dificultades para mantener el ritmo de sus compañeros. Las palabras y las letras tienen un aspecto muy diferente para el disléxico que para una persona que no padece la enfermedad. En ocasiones les parece que las palabras están apelotonadas, mientras que otras veces perciben espacios donde no los hay.

Alguna gente con dislexia ve las palabras al revés como si estuvieran reflejadas en un espejo (“roma” en vez de “amor”). O pueden ver la letra p donde en realidad hay una b, y leer, por ejemplo, “par” en vez de “bar”. Más corrientemente, los disléxicos no reconocen las palabras compuestas por las pequeñas unidades de sonido llamadas fonemas.

Como leer es una aptitud directamente relacionada con la escritura, los niños disléxicos suelen presentar problemas para escribir correctamente. Pueden dar la vuelta a las palabras horizontal o verticalmente y ciertas letras con aspecto parecido los confunden a la hora de escribir convirtiendo, por ejemplo, “duda” en “buda.” Como no escriben las letras debidamente, la escritura de los niños con dislexia puede resultar difícil de leer. La dislexia también afecta a la capacidad de deletrear adecuadamente, pues a estos individuos les parece que las letras no están en el orden correcto: por ejemplo “párvulos” se convierte para ellos en “prá-vulos”; también pueden anularse letras, de modo que el anterior término lo percibirían como “pávulos.”

Cuando los niños tienen esta dificultad para leer, escribir o deletrear, es fácil que sufran retrasos escolares y que se sientan frustrados por ello, aun cuando sean muy inteligentes. No es sorprendente que muchos adultos con dislexia confiesen que odiaban leer cuando eran jóvenes. Afortunadamente, en la actualidad, la mayoría de los profesores han recibido la formación necesaria para reconocer un caso de dislexia y ayudar al niño que la sufre.

Diagnóstico

El primer paso para diagnosticar la dislexia es un examen físico a fondo. Este examen puede dividirse en varias partes que incluyan pruebas de vista y oído para excluir posibles problemas. El médico también puede realizar un examen neurológico para determinar la eficacia con que trabajan las diferentes partes del sistema nervioso.

Si se sospecha que puede haber dislexia, el médico remite al paciente a un especialista en discapacidades de aprendizaje, que lleva a cabo una batería de pruebas para discernir cómo procesa la información el cerebro del niño. Asimismo, el niño disléxico puede someterse a una test de inteligencia (cociente intelectual) y a pruebas de logros académicos que verifiquen las aptitudes de lectura y escritura. A veces el niño también se somete a exámenes para determinar sus aptitudes en otras disciplinas como matemáticas, lógica y pensamiento creativo.

Una vez completados los análisis, el especialista determina si el niño tiene dislexia comparando su cociente intelectual con los exámenes de escritura y lectura. Es típico que las puntuaciones de un disléxico sean de medias a altas en la prueba del cociente intelectual mientras que en los exámenes de lectura y escritura sean de medias a bajas.

¿Qué se puede hacer en un caso de dislexia?

Cuanto antes se diagnostique a un niño con dislexia, y su familia y profesores se hagan cargo de su situación, mejor. Los niños con dislexia tienen que aprender a leer con métodos diferentes al resto. Muchos niños a los que se les ha diagnosticado dislexia posteriormente tienen un mal rendimiento escolar año tras año, puesto que intentan aprender del mismo modo que el resto, pero tarde o temprano se les diagnosticará la enfermedad y tendrán que aprender a leer de nuevo.

Ya sea en un niño pequeño que está aprendiendo a leer o en un niño mayor que está volviendo a aprender, la dislexia requiere un enfoque especial por parte del profesor. En muchos casos, el primer paso consiste en un plan de lectura individualizado, lo que significa que se recurrirá a un especialista en lectura para diseñar un plan exclusivo para un niño determinado. Ese plan se basará en diversos factores, tales como la gravedad de la dislexia y los puntos fuertes del niño en otras asignaturas.

En muchas ocasiones, el plan de lectura para el alumno disléxico incluye un abordaje multisensorial, es decir, que en vez de utilizarse únicamente el sentido de la vista, los alumnos utilizarán otros sentidos como el tacto o el oído. En algunos casos el estudiante toca letras hechas de plastilina o madera mientras las pronuncia en voz alta. En otros, el niño aprende los sonidos de la letra mientras mira su caligrafía o los escucha en una cinta magnetofónica mientras observa la letra. También se estudian los fonemas con especialistas de la lectura: llega un momento en que el alumno aprende a crear combinaciones de fonemas con que formar palabras y, a partir de ahí, a reconocer y leer las palabras.

Los alumnos con dislexia reciben la enseñanza en diferentes contextos. Algunos van a clases especiales con otros niños discapacitados para la lectura, mientras que otros se reúnen por separado con un especialista en lectura en determinados momentos de la jornada escolar.

Se han sugerido otras terapias para los niños con dislexia, como las visuales (ejercicios para los ojos) o el uso de lentes de color. Sin embargo, ninguna de ellas ha resultado eficaz para el tratamiento de la afección.

Convivencia con la dislexia

Los niños con dislexia se enfrentan a un desafío muy especial: no sólo tienen que aprender a leer, sino que además deben hacerlo de una manera determinada. Los disléxicos tardan mucho tiempo en aprender a leer, y el proceso requiere muchas sesiones de prácticas. El apoyo emocional es muy importante. Muchos niños con dislexia dicen sentirse “estúpidos” porque no pueden leer con la misma facilidad que sus condiscípulos. Sin embargo, con la ayuda y el apoyo apropiados, el niño disléxico puede aprender a leer y escribir perfectamente: el nivel de lectura y escritura que alcance dependerá de la gravedad de su trastorno. Por ejemplo, si el grado de dislexia es leve, se puede aprender a leer y escribir muy bien, mientras que la persona con dislexia intensa tendrá siempre ciertas dificultades para llevar a cabo esta actividad.

Normalmente, los niños con dislexia terminan siendo, como el resto de los niños, adultos sanos que llevan una vida normal. Muchos disléxicos van a la universidad y son alumnos destacados, sirviéndose a veces de recursos como grabar las clases en cinta o someterse a exámenes orales en vez de escritos. Los adultos con dislexia pueden sobresalir en muchos empleos y carreras.

¿Se puede curar la dislexia?

No existe cura para la dislexia ni hay medicamentos que corrijan este problema. Los científicos estudian constantemente las distintas partes del cerebro para entender por qué ciertas personas procesan la información de manera diferente a otras. Sin embargo, el cerebro es muy complejo y todavía quedan muchos enigmas por desentrañar acerca de las causas de la dislexia y otras discapacidades del aprendizaje.

Fuentes

LD Online, a service of WETA-TV, 2775 South Quincy St.,

Arlington, VA 22206

Telephone (703)998.2600

Fax (703)998.3401

http://www.ldonline.org/

Learning Disabilities Association of America, 4156 Library Rd.,

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Telephone (412)341-1515

Toll-Free (888)300-6710

http://www.ldaamerica.org

National Information Center for Children and Youth with Disabilities, PO Box 1492, Washington, DC 20013 Toll-free 800-695-0285 Facsimile (202)884-8441 http://www.nichcy.org/

U.S. National Institutes of Health, 9000 Rockville Pike,

Bethesda, MD 20892 Telephone (301)496-4000 http://www.nih.gov/

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