Enfermedad de alzheimer (demencia): tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

La enfermedad de Alzheimer es un trastorno incurable que afecta principalmente a los ancianos. Destruye gradualmente las células nerviosas del cerebro y anula poco a poco la capacidad de recordar, pensar e incluso ocuparse de sí mismo.

El caso de Joe

La abuela de Joe parece hacer cosas muy extrañas. Le cuenta, exactamente con las mismas palabras, historias que ya le contó en su última visita. Se olvida de los nombres de objetos comunes como la televisión o el bastón. Deja el bolso en el horno y a veces se presenta a cenar con el vestido al revés.

Hay ocasiones en que incluso no lo reconoce ni a él ni a la madre. Esto es lo que más miedo le da a Joe.

Al principio la familia pensaba que simplemente se estaba haciendo mayor. La abuela de Joe tiene ya más de 80 años y la madre le ha dicho que la gente de esas edades suele tener problemas para acordarse de las cosas.

Pero el año pasado los olvidos de su abuela empeoraron mucho, así como su comportamiento extraño. Se enfada y desconfía de todos. La familia sabe que estos problemas son algo más grave que una ligera falta de memoria, lo cual le sucede a todo el mundo de vez en cuando.

La abuela de Joe padece la enfermedad de Alzheimer.

Un largo adiós

Justo como dijo la madre de Joe, con la edad las personas tienen problemas para recordar. La enfermedad de Alzheimer parece, en principio, fruto de una falta de memoria cotidiana. Pero este problema se agrava hasta que el enfermo es incapaz, por ejemplo, de recordar cómo atarse los zapatos o en qué año está. Cuando se alcanza ese estado, el enfermo no reconoce a sus seres más queridos e incluso olvida quién es. Llega un momento en que la persona se ve imposibilitada para vivir sin ayuda.

Esta enfermedad se conoce también coloquialmente como “el largo adiós” porque los familiares se sienten como si estuvieran despidiéndose continuamente de esa persona que tanto conocieron, conforme la enfermedad merma más y más sus habilidades mentales.

La enfermedad de Alzheimer es una demencia que afecta a más de cuatro millones de estadounidenses. Existen más de 70 clases de demencia, trastorno que pueden ser causado por infarto, cerebral múltiple enfermedad de Parkinson, alcoholismo y otras afecciones.

La enfermedad de Alzheimer es la causa más común de demencia. Es muy raro que se dé en gente menor de 65 años, se hace más común con la edad y abunda especialmente entre ancianos de más de 85 años.

El cerebro de una persona que padece la enfermedad de Alzheimer contiene tejidos anormales (placas seniles) o densas agrupaciones de una proteína llamada amiloide y haces anormales de otra proteína denominada tau. Las placas se forman entre las neuronas o células nerviosas del cerebro; los haces, dentro de las células. Estos depósitos impiden el funcionamiento normal del cerebro. Además, en el enfermo disminuye la producción de una sustancia química cerebral llamada acetilcolina, que es un neurotransmisor, lo que significa que facilita el desplazamientos de

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señales nerviosas de una neurona a otra del cerebro. Por tanto, la menor producción de esta sustancia dificulta la comunicación entre las células cerebrales.

El cerebro también se ve afectado de otra forma. Las células no reciben la energía que necesitan para funcionar debidamente, porque el metabolismo de la glucosa celular (el proceso químico que abastece de energía a la célula) también se reduce. Llega un momento en que mueren grandes cantidades de células cerebrales y se interrumpe la comunicación intercelular. Aunque el médico alemán Alois Alzheimer describió la enfermedad por primera vez en 1960, el conocimiento científico y público de esta enfermedad no se difundió hasta la década de 1980.

Factores causantes

La enfermedad de Alzheimer no es provocada por un factor único sino más bien por un conjunto de factores que se combinan de forma diversa según el enfermo.

Se han identificado al menos tres genes (denominados APP, prese-nilina-1 y presenilina-2) que parecen ser los causantes de una variante de la enfermedad, de carácter hereditario, llamada variedad familiar. Casi todo el que tenga uno de estos genes, acaba por contraer la enfermedad. Pero estos tres genes sólo son responsables de un pequeño porcentaje de la totalidad de los casos. Además, la ciencia ha identificado al menos otro gen que parece tener que ver con una variedad más común conocida como Alzheimer esporádico. Este gen se llama APOE y presenta tres formas distintas (APO-E 2, APO-E 3 y APO-E 4). El tipo APO-E 4 aumenta el riesgo de enfermedad de Alzheimer, especialmente en personas de ascendencia europea o japonesa. Pero, a diferencia de los genes de la

variedad familiar, el APOE-4 no siempre desencadena la enfermedad. Muchos portadores de este gen no la padecen y viceversa. Este tipo de gen recibe el nombre de gen de riesgo o gen predisponente, porque aumenta el riesgo pero no provoca la enfermedad por sí solo. Se cree que otros factores deberían interactuar con el APOE-4 para que la enfermedad se desencadene y que, probablemente, se necesiten genes adicionales para que tenga lugar el proceso.

Los investigadores de este campo han sugerido que la enfermedad de Alzheimer se produce cuando el proceso de envejecimiento del cerebro es anormal. Las fibras y placas presentes en el cerebro del enfermo pueden encontrarse también en el cerebro de alguien que no presente síntomas de la enfermedad. Parece que, al envejecer, algún factor hace que las células cerebrales mueran y aparezcan haces neurofibrilares y placas seniles. Pero en las personas con la enfermedad de Alzheimer este proceso natural se acelera y da lugar a una acumulación mayor de material dañino en el cerebro.

Los científicos tratan de averiguar por qué estos cambios se producen con tanta celeridad en quien sufre la enfermedad de Alzheimer. Se barajan varias posibilidades:

– Apoplejías menores no detectadas, que interrumpan el riego sanguíneo a partes del cerebro, ocasionan la muerte de células y aceleran la aparición de fibras, haces neurofibrilares y proteínas anormales.

– Las infecciones víricas pueden desencadenar procesos perjudiciales para el cerebro.

– Las heridas en la cabeza, por caída o accidente, pueden causar daños a largo plazo en personas que posean ciertos genes ligados a la enfermedad de Alzheimer.

– Ciertos hábitos (o estilos de vida) como fumar o una nutrición deficiente pueden acelerar el proceso de envejecimiento.

Lo que los científicos sí saben es que la enfermedad de Alzheimer no es parte del proceso natural de envejecimiento. Se trata de una enfermedad acerca de la cual estamos aprendiendo lentamente según progresa la investigación.

“¿Y tú quién eres? ¡Fuera de mi casa!”

El primer síntoma de la enfermedad de Alzheimer suele ser la pérdida de memoria. La abuela no puede acordase dónde puso las llaves. Al abuelo se le olvida sacar al gato. Le puede pasar a cualquiera, dicen ellos.

– Pero poco a poco esa falta de memoria se acrecienta. La persona olvida el camino a la tienda dónde ha hecho compras durante años. Tareas simples como calcular el cambio o utilizar el teléfono comienzan a parecer tan difíciles como diseñar un cohete espacial.

– Los enfermos de Alzheimer se sienten angustiados en esta primera etapa, aunque normalmente aprenden a superar los problemas iniciales. Si el abuelo olvida nombres, puede empezar a llamar todo el mundo “compañero” o “compadre.” Si la abuela olvida cómo ir a la iglesia o a casa de una amiga, puede pedirle a su familia o a los vecinos que la lleven. Pero la enfermedad de Alzheimer es una niebla que poco a poco cubre el paisaje. Las aptitudes normales se ven cada vez más mermadas. Al principio el enfermo olvida que el agua está hirviendo en el fogón, pero llegado el momento, puede insistir en que nunca puso el agua a hervir e, incluso, olvidar que el agua hirviendo quema.

– La enfermedad de Alzheimer comienza afectando la capacidad para llevar a cabo actividades de la vida diaria. La abuela olvida cómo ducharse, cocinar o conducir. Puede perderse en el vecindario o conducir kilómetros en una dirección errónea sin darse cuenta. Empieza a manifestar un comportamiento extraño o una disminución del juicio que la lleva, por ejemplo, a dejar sus joyas en la nevera o a ponerse un traje de noche para ir a la tienda.

– A veces todo parece claro. En otras ocasiones, las cosas se vuelven confusas o imposibles de entender. Según la enfermedad avanza en esta fase intermedia, los miembros de la familia se convencen de que algo falla, especialmente cuando el enfermo no acierta a reconocerlos. Incluso si vuelven los momentos de mayor claridad, la familia sabe que el problema no es simplemente “vejez.”

– En la fase final, la situación empeora todavía más. La memoria es tan mala que el enfermo no reconoce a sus hijos ni nietos cuando lo visitan. La abuela enferma puede tener imágenes claras de su infancia e imaginar que es una colegiala, pero no recuerda en qué año de la escuela está su nieto. Muchos enfermos de Alzheimer deambulan como si buscaran algo que les es familiar. Otros tienen miedo o se enfadan y gritan a sus seres queridos. Normalmente acusan a la gente que cuida de ellos de querer hacerles daño o robarles. A la mayoría de los enfermos de Alzheimer se les cuida en casa, lo que se convierte en una tarea desafiante comparable con un día de 36 horas, porque el trabajo es arduo tanto física como emocionalmente.

– Llega un momento en que casi todos los pacientes con la enfermedad de Alzheimer necesitan una clase de cuidados que la familia no puede proporcionar fácilmente en casa. Pierden el control de sus funciones corporales, como por ejemplo la capacidad de ir al baño por sí solos. No pueden andar ni comer sin ayuda y, finalmente, acaban perdiendo también las facultades

de hablar, pensar y actuar. Frecuentemente, se hace necesario el ingreso a un hogar de ancianos que cuente con un equipo de asistentes, enfermeras y médicos de tiempo completo.

– La muerte, normalmente, llega a causa de complicaciones relacionadas con la vejez tales como neumonía, enfermedades coronarias o malnutrición, más que por la propia enfermedad de Alzheimer.

Diagnóstico

La enfermedad de Alzheimer es difícil de distinguir de otros problemas mentales. Los médicos, normalmente, comienzan averiguando los antecedentes clínicos para excluir otros tipos de trastorno o demencia como la causa de los problemas de memoria o comportamiento. Existen diversas enfermedades y afecciones que producen síntomas similares a los de la enfermedad de Alzheimer. Algunos, como la deficiencia de vitaminas (avitaminosis), pueden corregirse con facilidad; otros deben tratarse con medicamentos recetados.

Los médicos también recurren a una batería de pruebas verbales y escritas para determinar el funcionamiento del cerebro del enfermo. Lo interrogan a él y a la familia sobre hechos recientes, en busca de alguno de los síntomas mencionados anteriormente. Si el enfermo es menor de 60 años, se le puede prescribir una prueba genética, porque la mayoría de los casos de enfermedad de Alzheimer de personas entre los 40 y los 59 años de edad están vinculados a la presencia de ciertos genes identifica-bles. A veces, los médicos buscan síntomas de una apoplejía o de áreas anormales en el cerebro, utilizando radiografías, imágenes por resonancia magnética nuclear (RMN) u otros equipos de alta tecnología que permiten observar el interior del cuerpo. Este conjunto de pruebas y equipos sofisticados asegura la exactitud del diagnóstico en el 85 al 90 por ciento de los pacientes.

Una vez descartadas otras posibles causas, los médicos comienzan a considerar con mayor certeza que el enfermo pueda sufrir la enfermedad de Alzheimer. Si los síntomas continúan empeorando con el tiempo, sin más explicación, los médicos diagnostican la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, el diagnóstico no puede confirmarse completamente sin un examen directo del tejido cerebral durante la autopsia.

¿Es la enfermedad de Alzheimer una lenta condena a muerte?

La investigación sobre cómo la enfermedad de Alzheimer afecta al cerebro ha llevado a la puesta a punto de dos medicamentos que alivian algunos de los síntomas. Estos fármacos no curan la enfermedad ni retardan su evolución sino que mejoran el sistema de comunicación de las células del cerebro, lo cual puede aliviar ciertos síntomas en pacientes que presenten un cuadro leve o moderado. Ese alivio, sin embargo, no es permanente, y los fármacos no funcionan en todos los enfermos.

Actualmente se encuentran en fase de perfeccionamiento varios medicamentos que ofrecen esperanzas de frenar el avance imparable de la enfermedad y, tal vez, hacer que remitan algunos de sus efectos. Estos fármacos podrían estar a la disposición del público en los próximos años. Por el momento, los médicos prescriben medicamentos para algunos de los problemas asociados a la enfermedad de Alzheimer, tales como depresión, insomnio y agitación.

Hoy por hoy, no se conoce ninguna forma de prevenir la enfermedad. Sin embargo, hay estudios que prometen. Uno de ellos sugiere que los antioxidantes como la vitamina E tal vez protejan a las células, incluso las cerebrales, contra muchos daños. Los antioxidantes son sustancias que parecen bloquear los efectos de los radicales libres, los cuales, a su vez, son sustancias dañinas que se crean cuando los alimentos se transforman en energía en las células orgánicas. Se está investigando si estos radicales libres intervienen en diversas enfermedades, desde el glaucoma al cáncer, y si un incremento en el consumo de antioxidantes como la vitamina E podría prevenir o retardar estas enfermedades. Pero todavía se está lejos de confirmar esta teoría.

También se han observado beneficios aparentes en personas que toman fármacos antiinflamatorios como el calmante ibuprofeno. Al investigar casos de mellizos en los que un hermano padecía la enfermedad de Alzheimer y el otro no, los especialistas en este campo descubrieron que, muy a menudo, el mellizo que no contrae la enfermedad presenta una historia de tratamiento medicamentoso para la artritis. Igual que los antioxidantes, este fármaco podría evitar el daño celular infligido por los radicales libres.

Otra área prometedora de la investigación se centra en los efectos positivos del estrógeno, la hormona femenina de la reproducción. Los niveles de estrógeno disminuyen en las mujeres cuando entran en la menopausia, entre los 45 y los 50 años de edad. Estas mujeres suelen tomar estrógeno como medicamento recetado por el médico porque controla los efectos secundarios indeseables de la menopausia, incluso la fragilidad de los huesos. Algunos estudios sugieren que las mujeres medicadas con estrógeno tienen las facultades mentales más claras y corren menor riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer.

Se está llevando a cabo un proyecto para determinar el beneficio del estrógeno en esta enfermedad. Pero los médicos advierten que el estró-geno puede tener efectos secundarios para algunas mujeres, por ejemplo las que provienen de una familia con antecedentes de cáncer de pecho.

Hay quien promociona los beneficios de un producto vegetal que se vende sin receta llamado ginkgo biloba. Se dice que ayuda a mejorar la memoria. Un estudio estadounidense de 1997 comprobó alguna mejoría en pacientes de Alzheimer que tomaron este extracto. Pero harían falta más estudios que confirmaran esta teoría. Los médicos recomiendan precaución porque el ginkgo biloba puede causar problemas a las personas con trastornos sanguíneos o a las que están en tratamiento

con aspirina. Además, como otros suplementos nutricionales de venta libre, el gingko biloba no necesita superar legislaciones científicas ni gubernamentales, por lo que puede variar en potencia medicinal y en niveles de impurezas.

Convivencia con la enfermedad de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer acaba poco a poco con la vida de la persona afectada. Para los allegados del enfermo, los nietos por ejemplo, resulta doloroso observar la evolución de la enfermedad.

Es importante entender que no todos los casos de pérdida de memoria constituyen indicio de que una abuela querida o cualquier otro pariente haya contraído la enfermedad de Alzheimer. En la mayoría de los casos, la enfermedad no parece ser hereditaria, de modo que un nieto no tendrá Alzheimer sólo porque su abuelo lo tuvo.

Incluso cuando la enfermedad se confirma, muchos enfermos viven durante años si encuentran formas de seguir una vida activa y con la ayuda de la familia y los médicos.

Fuentes

Alzheimer’s Association, 919 N Michigan Ave., Ste. 1100,

Chicago, IL, 60611-1676 Telephone (312)335-8700 Toll-Free (800)272-3900 http://www.alz.org

Alzheimer’s Disease Education and Referral Center,

PO Box 8250, Silver Spring, MD 20907-8250 Toll-free (800)438-4380 Facsimile (301)495-3334 http://www.alzheimers.org/

U.S. National Institutes of Health, 9000 Rockville Pike,

Bethesda, MD 20892 Telephone (301)496-4000

Toll-free (800)352-9425 (Brain Resources and Information Network) http://www.nih.gov/

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