Fiebre: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Se llama fiebre el aumento de la temperatura corporal por encima de los valores normales que suele producirse durante una infección, inflamación u otras clases de enfermedad. La fiebre de por sí no es una enfermedad, sino más bien uno de los signos de enfermedad más comunes, sobre todo en los niños.

¿Cómo se regula la temperatura corporal?

El organismo humano regula su temperatura en forma muy parecida a como lo hace el termostato en las casas. Con el termostato casero se puede ajustar la temperatura al valor que se quiera, y hacer funcionar automáticamente el sistema climatizador para que enfríe o caliente el ambiente interior a la temperatura deseada. Alcanzado ese punto, el aire frío o la calefacción se conectan y desconectan automáticamente para mantener la temperatura interior en torno a un valor muy próximo al deseado.

El “termostato” del cuerpo está situado en el hipotálamo, pequeña porción del cerebro que también regula el hambre, la sed, el placer y el dolor. Denominado centro termorregulador, este termostato orgánico suele mantener la temperatura corporal alrededor de los 37 °Celsius (98,6 °Fahrenheit).

Al igual que la casa, el cuerpo humano tiene sensores que avisan al termostato cada vez que la temperatura interna sube o baja. En el ser humano, estos sensores consisten en células de la piel y del cerebro. Si los sensores indican un ascenso de la temperatura, se activa el sistema de enfriamiento para indicarles a esas células que no gasten tanto combustible y que produzcan menos calor. Los vasos sanguíneos se dilatan para dejar escapar el calor de la piel; el sudor, al evaporarse, enfría el cuerpo, y ahora al cerebro se le ocurre una feliz idea: “¿Por qué no vamos a la sombra y nos tomamos un refresco?”

Fiebre Cuando hay fiebre, el termostato del cerebro se reajusta a una temperatura más elevada. En vez de mantener el cuerpo alrededor de los 37 °C (98,6 °F), el sistema de calefacción y enfriamiento del cuerpo tal vez la mantenga entre los 37,8 °C (100 °F) y los 38,9 °C (102 °F) o incluso a un valor más alto.

La temperatura normal varía ligeramente de una persona a otra y de la mañana a la noche, lo que dificulta el saber dónde termina el valor normal y dónde empieza la fiebre. Sin embargo, muchos médicos dicen que debe considerarse fiebre cualquier temperatura mayor de 37,2 o 37,8 °C (99 a 100 °F). Si sube a 40 °C (104 °F) o más, se considerará fiebre elevada.

Hipertermia A veces la temperatura de un individuo asciende por otros motivos. La hipertermia se da cuando el calor exterior es tan alto

que el sistema enfriador del cuerpo no puede regularlo, por lo que la temperatura corporal aumenta. Los casos más graves de hipertermia ocurren en individuos que no sudan lo suficiente, como la gente mayor y los que toman ciertas medicinas.

¿Cómo producen fiebre las enfermedades?

Las bacterias y los virus de por sí, además de las toxinas (venenos) producidas por algunas bacterias, son capaces de producir altas temperaturas. En ocasiones afectan directamente al cerebro, al ajustar el termostato humano a un valor más elevado que el normal. Con mayor frecuencia hacen que el sistema inmunitario del organismo produzca unas proteínas denominadas citocinas, que contribuyen a combatir la infección, pero también reajustan el termostato cerebral a un valor más alto, con lo que producen fiebre.

Toda sustancia que produce fiebre se llama pirógeno, de la palabra griega “causante de fuego.” Si la sustancia procede del exterior del cuerpo, tal como una toxina bacteriana, se califica de pirógeno exógeno (el prefijo “exo-” quiere decir “externo” en griego). Si la sustancia tiene su origen en el mismo cuerpo, tal como sucede con las citocinas, se le llama pirógeno endógeno, donde el prefijo griego “endo-” significa “interior” o “interno.”

A veces, el sistema inmunitario produce pirógenos aun cuando no exista infección. Por ejemplo, esto puede suceder en una persona si:

– adolece de una enfermedad autoinmune, tal como la artritis reumatoide o el lupus eritematoso;

– presenta inflamación en cualquier parte del cuerpo;

– padece de cáncer, en forma de leucemia o de linfoma;

– ha recibido una transfusión sanguínea incompatible con su tipo de sangre;

– manifiesta reacción a una medicina.

Se dice a veces que la fiebre es señal de que el sistema inmunitario ha entrado en funcionamiento para defender al organismo contra la enfermedad de turno. Eso puede ser cierto en algunos casos, pero no siempre. La gente, por ejemplo, a menudo tiene fiebre si su sistema inmunitario está deprimido o lesionado. En realidad, los científicos no están seguros de que la fiebre sea un indicio cierto del estado del sistema inmunitario.

¿A quién afecta la fiebre?

La fiebre pude deberse a una gran variedad de enfermedades, incluidos los resfriados y la gripe, que afectan a todo ser humano multitud de veces en el transcurso de una vida. Los niños de corta edad son especialmente propensos a contraer infecciones bacterianas o víricas que producen fiebre, tales como la faringitis estreptocócica y las infecciones de los oídos. A veces, infecciones víricas de escasa importancia ocasionan

fiebre elevada en los niños, mientras que otras enfermedades de mayor gravedad producen fiebres mucho más leves. Se puede experimentar fiebre a todas las edades.

Fiebres útiles. Se tienen pruebas de que la fiebre incrementa la eficacia del sistema inmunitario y debilita a ciertas bacterias. Ahora bien, la mayoría de estas pruebas proceden de animales o de experimentos realizados con células humanas en probetas de laboratorio. Los científicos no saben a ciencia cierta si la fiebre contribuye a combatir las infecciones en la vida real. Puede ser de utilidad en algunas enfermedades y no en otras.

También puede ser útil como señal importante de que la persona está enferma; además, los ascensos y descensos febriles pueden indicar si el enfermo mejora o empeora.

Fiebres nocivas La fiebre a menudo hace más desagradables las enfermedades. Además, el cuerpo con fiebre necesita más oxígeno, lo que significa que el corazón y los pulmones han de trabajar más conforme la fiebre aumenta. Esto puede plantear problemas a los que padecen ya del corazón o de los pulmones.

La fiebre agudiza los problemas mentales de la gente mayor que padece demencia, tipo de confusión mental y de pérdida de memoria que evoluciona gradualmente con la edad. La fiebre elevada puede también provocar una confusión mental temporal, llamada delirio, incluso en personas sanas.

Convulsiones febriles A los menores de cinco años puede planteárseles otro problema si su temperatura corporal sube bruscamente, ya que a veces experimentan una especie de crisis convulsiva conocida por el nombre de convulsiones febriles. Es posible que los músculos se contraigan en forma espasmódica y que el paciente pierda el conocimiento durante varios minutos. Por lo general, las convulsiones febriles no requieren tratamiento y no suelen repetirse. Ahora bien, son a veces muy perturbadoras y alarmantes. Además, en algunos casos conducen a lesiones, como cuando un niño se cae.

Las temperaturas extremadamente elevadas, de unos 41,7 °C (107 °F) o más, si duran mucho, pueden producir lesiones cerebrales permanentes a cualquier edad. Estas altas temperaturas suelen ser producidas por hipertermia relacionada con enfermedades, no por fiebre.

¿Cómo se diagnostica la fiebre?

La persona con fiebre generalmente siente calor, cansancio, dolorimiento y malestar general. A veces tiene escalofríos cuando le sube la temperatura. Los escalofríos contribuyen a elevar la temperatura al nivel febril más elevado que ahora exige el termostato del cuerpo. El paciente podrá sudar profusamente cuando la fiebre remita (empiece a desaparecer) o

descienda temporalmente como parte de la curva gráfica de ascensos y descensos. La sudoración, al contrario que los escalofríos, permite reducir la temperatura al nuevo valor de ajuste, más bajo, que el termostato exige al cuerpo.

Aunque la manera clásica de determinar si hay fiebre es tocarle la frente al enfermo para ver si está caliente, esto no siempre da resultado. La única forma segura de determinar si la persona tiene fiebre es tomarle la temperatura con un termómetro. Se pueden usar al efecto tres clases de termómetros, a saber: digitales, de mercurio y timpánicos.

Los termómetros digitales, que generalmente se usan en consultorios médicos, en clínicas y en hospitales, son electrónicos. Para tomar la temperatura oral, se colocan debajo de la lengua; para la rectal, en el recto, y para la axilar, en el hueco de la axila. En general, la temperatura rectal es alrededor de 0,6 °C (1 °F) más elevada que la oral.

El termómetro de mercurio, que en un tiempo era el único que se usaba, se compone de un tubo de vidrio que contiene mercurio líquido. Viene en dos versiones: oral y rectal. En cualquiera de éstas se puede usar también como termómetro axilar. Son más económicos que los digitales, pero no tan rápidos como estos.

Los termómetros timpánicos constituyen una clase especial de termómetros digitales que se colocan en el oído. Mientras que los demás termómetros requieren unos minutos para cada lectura, el timpánico lo hace en sólo unos segundos. No obstante, los termómetros timpánicos son más caros y pueden dar medidas inexactas si no se colocan correctamente en el oído.

¿Cuándo conviene consultar al médico?

Se debe consultar al médico si la fiebre alcanza valores elevados, dura más de unos días o se acompaña de otros síntomas, como una erupción cutánea, dolor de las articulaciones, cuello u oídos, somnolencia inusitada, o sensación de confusión o de estar muy enfermo. Para los menores de tres meses, convendrá consultar al médico para toda fiebre que se presenten.

El médico intentará diagnosticar y tratar la causa subyacente de la fiebre. Muchas infecciones bacterianas, como las que originan dolores de oídos y de garganta, suelen curarse con antibióticos. Pero no existe ninguna medicina para combatir la mayoría de las infecciones víricas.

Tratamiento

En el adulto o el niño ya mayorcito que disfrutan fundamentalmente de buena salud, por lo regular no hay necesidad de tratar la fiebre en sí a menos que esté muy elevada. Es más, si se reduce con medicinas, se hará más difícil determinar si la persona va mejorando en realidad o si son las medicinas las que mantienen la fiebre a niveles más bajos. En la primera infancia, sin embargo, los médicos a menudo tratan la fiebre cuando llega a los 37,7° o 38,3 °C (100 o 101 °F), hasta cierto punto para evitar la aparición de convulsiones febriles. Por supuesto,

si la persona, de cualquier edad, está muy incómoda o no puede conciliar el sueño, se le puede tratar la fiebre, por leve que sea, para aliviar esos síntomas.

La fiebre se puede reducir con medicamentos llamados antipiréticos, para los cuales no se necesita receta. Los principales son el acetamino-feno o paracetamol, el ibuprofeno y la aspirina. Pero la aspirina no debe administrarse a los niños con fiebre. Si padecen de una enfermedad vírica, como la gripe o la varicela, la aspirina aumentará la probabilidad de contraer una enfermedad infrecuente pero peligrosa denominada síndrome de Reye. Esto no sucede con el acetaminofeno (paracetamol) ni con el ibuprofeno.

Los antipiréticos vienen en pastillas para adultos, comprimidos (tabletas) masticables para niños y gotas para lactantes. El acetaminofeno se expende también en forma de supositorios, o paracetamol que se introducen en el recto. Se usan en las personas que por algún motivo no pueden tomar la medicina por la vía oral.

Los baños en agua templada también sirven para reducir la temperatura corporal elevada. En cambio, el agua fría o las friegas con alcohol pueden ser perjudiciales al provocar escalofríos, los cuales no hacen sino elevar todavía más la temperatura corporal. Además de los tratamientos citados, es muy importante que la persona con fiebre beba abundantes cantidades de líquidos, para evitar la deshidratación. En casos extremos, si la fiebre es muy alta, se internará a la persona en un hospital, donde se la podrá envolver en una sábana refrigerada especial o sumergir en agua a la que se ha añadido hielo.

Medidas preventivas

Muchas de las enfermedades que causan fiebre pueden prevenirse mediante la vacunación. Entre ellas figuran la gripe, el sarampión, las paperas, la rubéola, la varicela, la difteria y la fiebre tifoidea. Un cierto número de enfermedades que ocasionan fiebres muy difundidas en las naciones subdesarrolladas suelen prevenirse en los países más desarrollados con buenos sistemas de evacuación de aguas negras y con el acceso a aguas potables incontaminadas. Otras enfermedades más, como los resfriados y la faringitis estreptocócica, se pueden prevenir a menudo lavándose bien las manos antes de sentarse a comer y, de ser posible, evitando el contacto con los que ya padecen estas infecciones.

Fuentes

American College of Emergency Physicians,

1125 Executive Cir., Irving, TX, 75038-2522 Telephone (972)550-0911 Toll-Free (800)798-1822 http://www.acep.org

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