Hemorragia: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Hemorragia significa escape de sangre de los vasos sanguíneos. El término hemorragia generalmente se refiere a una pérdida de sangre considerable.

¿Cuál es la causa de la hemorragia?

Se llama hemorragia a todo sangrado copioso, bien sea interno o externo, que se produce a partir de los vasos sangúineos. La causa más obvia de hemorragia la constituyen los traumatismos o heridas que recibe un vaso sanguíneo. La hemorragia se debe a veces a un aneurisma (algún punto débil que aparece en la pared de una arteria y que con frecuencia está presente desde el nacimiento). Con el tiempo, las paredes del vaso sanguíneo en el sitio del aneurisma tienden a adelgazarse y a sobresalir en forma de globo, a medida que la sangre circula por el vaso, lo cual las hace propensas a roturas y filtraciones de sangre.

La hipertensión, o tensión arterial alta, es a menudo un factor contribuyente en las hemorragias cerebrales, que pueden provocar una apoplejía. En otros casos, los vasos sanguíneos se desgastan con los años. La diabetes incontrolada puede igualmente debilitarlos, especialmente a los de los ojos (retinopatía). El uso de medicamentos que afectan a la coagulación de la sangre, incluida la aspirina, facilitan en ocasiones la producción de hemorragias.

Los trastornos de la coagulación también pueden dar lugar a pérdidas de sangre. Entre ellos se cuenta la hemofilia, afección hereditaria que impide la correcta coagulación de la sangre.

Síntomas

La señal más clara de hemorragia es el sangrado visible, pero a veces la única manera de determinar si ha habido una hemorragia interna es estar atento a síntomas o manifestaciones de una enfermedad, como la apoplejía. En las hemorragias cerebrales, y dependiendo de la localización de la hemorragía, los síntomas pueden incluir dolor de cabeza, pérdida funcional en un lado del cuerpo, cambios visuales, debilidad o entumecimiento y dificultad para hablar, tragar, leer o escribir; problemas de equilibrio físico, disminución de la atención, vómito, rigidez de nuca, confusión, letargo o coma.

Diagnóstico

Si hay sangrado visible, la causa de la mayoría de las hemorragias es obvia. Los análisis de sangre y de líquido cefalorraquídeo también pueden revelar la presencia de hemorragia. La tomografía computada (TC) es una importante exploración radiológica que permite evaluar el cerebro y otros tejidos orgánicos para determinar si han sido afectados por una hemorragia.

Tratamiento

El primer objetivo del tratamiento es detener la hemorragia. Las hemorragias debidas a traumatismos o a la rotura de vasos sanguíneos se pueden contener por pinzamiento del vaso sanguíneo o por reparación de la rotura. Las que se deben a la ruptura vascular por causa de hipertensión arterial pueden tratarse con medicamentos que reducen la tensión arterial (antihipertensivos), el espasmo muscular de las arterias (antiespas-módicos) y el dolor (analgésicos). Para aliviar la presión cerebral ocasionada por la acumulación de sangre derramada, tal vez sea necesaria una intervención quirúrgica. Y las personas que sufren de trastornos de coagulación pueden ser tratadas con factores de coagulación.

Medidas preventivas

Una dieta sana, el ejercicio regular, la reducción del consumo excesivo de sodio con la sal de mesa, el mantenimiento de un peso normal y la toma correcta de los medicamentos recetados por el médico suelen ser suficientes para normalizar la tensión arterial alta. La abstención de drogas nocivas también contribuye a prevenir las hemorragias. El consumo de cocaína, anfetaminas y alcohol, sobre todo en los jóvenes, se asocia con mayor frecuencia a las hemorragias cerebrales. Usar casco cuando se monta en bicicleta, monopatín o patín intregral, y llevar abrochado el cinturón de seguridad en los vehículos automotores, protege de lesiones graves al cerebro. La retinopatía puede prevenirse o reducirse con un buen control de la diabetes; es decir, manteniendo los azúcares de la sangre a un nivel más o menos normal.

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