Hipertensión: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Conocida también como tensión arterial alta y como presión sanguínea alta, la hipertensión es una enfermedad en la cual la tensión ejercida por la sangre contra las paredes de las arterias está anormalmente elevada.

¿Qué es la hipertensión?

Es la manera en que los médicos denominan la tensión (presión) arterial alta. Las arterias son los vasos que llevan la sangre del corazón al resto del organismo humano. La tensión arterial alta se produce cuando aumenta el caudal de sangre propulsada por el corazón o cuando aumenta la resistencia de las arterias al paso de la sangre, o ambas cosas a la vez. En términos numéricos, se considera hipertensión una cifra de 140/90 o mayor en el adulto en reposo. La tensión normal es más baja en los niños pero aumenta con la edad.

A todos nos sucede que nos suba la tensión arterial cuando estamos muy emocionados o nerviosos, si bien esto se considera un reflejo normal. La hipertensión se considera como una afección clínica solamente cuando se prolonga mucho. Si se hace persistente, puede plantear un peligro para la salud: cuanto más elevada y cuanto más tiempo transcurra sin tratarla, tanto mayor el riesgo.

Las personas hipertensas tienen mayor probabilidad de sufrir apoplejías, ataques al corazón, cuando no insuficiencias renales (de los riñones) o cardíacas (del corazón). Por este motivo, y porque generalmente el paciente carece de síntomas, se ha llamado a la hipertensión “el asesino silencioso.”

¿A quiénes afecta la hipertensión?

Decididamente, la hipertensión no es una enfermedad que una persona pueda contagiar a otra. Sus causas son variadas y complejas: intervienen en ella factores hereditarios (genéticos), enfermedades clínicas o medicamentos administrados. En la mayoría de los casos, no se encuentra una causa única.

Con todo, cabe hacer ciertas generalizaciones respecto a su preva-lencia en una determinada población. Se ha calculado que 60 millones de estadounidenses padecen de tensión arterial elevada, lo que viene a representar alrededor del 20 por ciento de los habitantes del país, o sea, 1 de cada 5 personas. Se cree que esta prevalencia es la misma en la mayor parte del mundo occidental industrializado, pero es relativamente baja en los países en desarrollo o del llamado Tercer Mundo.

Se calcula también que de un tercio a la mitad de los hipertensos no saben que tienen tensión arterial alta. Se enteran cuando van a hacerse un reconocimiento médico rutinario.

La prevalencia de la hipertensión es ligeramente más elevada en las mujeres que en los hombres. Tanto los hombres como las mujeres de ascendencia africana suelen tener mayor riesgo de hipertensión que otros grupos étnicos. La hipertensión comienza generalmente después de los 20 o los 30 años y es poco común en niños y adolescentes. Además de la edad, sexo y raza, los factores ligados a la hipertensión comprenden: obesidad, tabaquismo, dieta hipersódica (en la que se ingiere mucha sal), uso excesivo de bebidas alcohólicas y antecedentes familiares de esta afección.

¿Cómo regula el organismo la tensión arterial?

Conforme el corazón propulsa la sangre a través de las arterias, la sangre se mantiene bajo tensión (presión) constante. Muchas veces al día ocurre que esa tensión arterial aumenta cuando el corazón late con mayor rapidez para suministrar sangre a las partes del organismo que la necesitan. Por ejemplo, las piernas del corredor necesitarán más sangre durante la carrera. Terminada ésta, la tensión arterial vuelve a su nivel normal.

A largo plazo, y con la persona en reposo, el organismo regula la tensión arterial de dos maneras: contrayendo o estrechando las arteriolas, que son pequeños vasos sanguíneos derivados de las arterias; o bien regulando el volumen de líquido de la sangre.

Los riñones desempeñan un papel de capital importancia en esas dos funciones. Al segregar la hormona llamada renina, hacen que las arterio-las se contraigan, con lo que aumenta la tensión arterial; además, regulan

el volumen de líquido de la sangre reteniendo sodio o excretándolo con la orina. Tanto el volumen de la sangre como la tensión arterial aumentan con la retención de sodio por el organismo.

¿Cúal es la causa de la hipertensión?

La causa es el desequilibrio entre los sistemas corporales encargados de mantener la debida proporción entre el diámetro de las arteriolas y el volumen de líquido de la sangre. Este desequilibrio puede deberse a enfermedades u otros factores. Apenas un 10 por ciento de los casos de hipertensión son atribuibles a enfermedades tales como trastornos renales (de los riñones), algunos tumores o ciertos trastornos arteriales. En la gran mayoría de los hipertensos la causa sigue siendo desconocida, y de ahí que se llame esta clase de hipertensión “hipertensión primaria” o “hipertensión esencial.”

Se sabe que ciertos factores contribuyen a la hipertensión, entre ellos las dietas ricas en grasas y la falta de ejercicio (que puede conducir a la obesidad), así como el uso excesivo de sal en las comidas. La hipertensión se da también ocasionalmente en mujeres que toman anticonceptivos orales. Otros factores incluyen la diabetes, el cigarrillo y el consumo excesivo de bebidas alcohólicas.

¿Cómo afecta al cuerpo la hipertensión?

Es poco frecuente que la hipertensión de por sí manifieste síntomas. Para cuando estos aparecen, la tensión arterial suele estar ya sumamente elevada. Los síntomas incluyen a veces dolores de cabeza, pequeñas hemorragias nasales, mareos, confusión y convulsiones. La tez congestionada y roja no es, como se cree a menudo, señal de hipertensión.

La tensión arterial alta acelera el proceso de la aterosclerosis, es decir, de formación de placa (ateroma) en el interior de las arterias. En este proceso, el colesterol y otras materias transportadas por la sangre se acumulan en diversos puntos a lo largo de la pared arterial lesionada por la hipertensión de muchos años. Si la acumulación produce una obstrucción en las arterias coronarias, que suministran sangre al propio corazón, sobreviene lo que se conoce vulgarmente como ataque al corazón (o infarto de miocardio). Si el bloqueo arterial se localiza en el cerebro, el resultado es una apoplejía o accidente cerebrovascular. Si se dañan las arteriolas, es posible que se produzca una hemorragia cerebral (otra de las causas de apoplejía), insuficiencia renal (de los riñones) o ceguera. Al cabo de los años, la hipertensión puede ocasionar insuficiencia cardíaca por sobrecarga del corazón.

El curso de la hipertensión que permanece sin tratar varía de una persona a otra. En la mayoría, sin embargo, tiende a aumentar gradualmente con los años.

Hipertensión durante el embarazo En el 7 por ciento aproximadamente de las mujeres se produce, en la segunda mitad del embarazo, un trastorno serio denominado preeclampsia, que se caracteriza por una elevación brusca de la tensión arterial acompañada de fuertes dolores de cabeza, perturbaciones visuales y retención de líquidos corporales. La preeclampsia es más común en las primíparas (las que tienen hijos por primera vez) y en las menores de 25 años o mayores de 35. La pre-eclampsia sin tratar puede conducir a una eclampsia, caracterizada por convulsiones y por una tensión arterial sumamente elevada, capaz de causar la muerte de la madre o del bebé.

Expresión numérica de la hipertensión

La tensión arterial se expresa mediante dos cifras: la cifra más alta representa la tensión sistólica, que, como su nombre indica, ocurre durante la sístole, cuando el corazón se contrae; la cifra menor representa la tensión diastólica, que ocurre durante la diástole, cuando el corazón se relaja y dilata en el intervalo entre latido y latido.

Estas cifras se obtienen con un instrumento llamado esfigmomanó-metro. En la escritura, las dos cifras suelen separarse mediante una barra inclinada. La tensión normal del adulto, tomada en reposo, es de unos 120/80 mm Hg, expresados verbalmente como “120 sobre 80” o, directamente, “120,80.” No obstante, en el adulto joven y sano se registran típicamente cifras del orden de 110/75, y la tensión normal es todavía más baja en los niños de corta edad. Como se ha mencionado ya, las tensiones de 140/90 o mayores denotan hipertensión en el adulto.

Diagnóstico de la hipertensión

Es posible que para diagnosticarla el médico tome más de una lectura o medida, especialmente si la primera es alta. Esto obedece a que la

tensión arterial oscila de un momento a otro. Además, algunos pacientes experimentan lo que se llama “hipertensión de bata blanca,” que significa que la tensión arterial les sube cuando van al consultorio o clínica, donde la presencia del médico con su bata o delantal blanco los intranquiliza. Con el fin de obtener la mayor exactitud de medida posible, el médico tratará de tranquilizar al paciente. Si es la primera vez que a éste se le toma la tensión arterial, convendrá explicarle que no va a sentir ningún dolor.

Ahora bien, el diagnóstico de hipertensión no es sólo cuestión de cifras. El médico tratará de determinar la causa, para lo cual indagará al paciente sobre sus hábitos alimentarios y de ejercicio. Es importante la existencia de antecedentes familiares de tensión alta. De seguro que le preguntará al paciente qué cantidad de sal, bebidas alcohólicas, tabaco, medicamentos tales como anticonceptivos orales o drogas estupefacientes consume. Es muy probable también que se le extraigan al paciente muestras de sangre para determinar la funcionalidad de los riñones y las concentraciones de colesterol.

Por lo común, la tensión arterial tiende a aumentar con la edad. Si bien esto es cierto desde el punto de vista estadístico, no significa que sea admisible desde el punto de vista de la salud pública. Cuando las cifras de tensión arterial superan los 140/90 mm Hg, suelen considerarse motivo de preocupación para individuos de cualquier edad.

Tratamiento de la hipertensión

Para el pequeño porcentaje de individuos cuya hipertensión se debe a determinadas afecciones de los riñones, a ciertos tumores o a trastornos arteriales, se recurre a menudo a una intervención quirúrgica como tratamiento de elección capaz de curar al enfermo. Sin embargo, para la gran mayoría de los hipertensos, el tratamiento de elección consistirá probablemente en modificar el estilo de vida, en el uso de medicamentos o en ambas medidas.

Hábitos saludables. Muchas personas que padecen hipertensión leve (no mucho más de 140/90) pueden reducir la tensión arterial adoptando ciertas modificaciones de su estilo de vida y dieta, sin necesidad de usar medicamentos. Estas modificaciones implican a veces adelgazamiento, ejercicio fisíco o cambio de la dieta en determinadas formas.

El sobrepeso y especialmente la obesidad pueden influir en la elevación de la tensión arterial. Para adelgazar, lo mejor suele ser lograrlo en forma gradual y hacer hincapié en la reducción de grasas ingeridas. Todo programa de adelgazamiento debe incluir, además, ejercicio con regularidad, como caminar deprisa o al trote (con la previa aprobación del médico en el caso de adultos). Muchos expertos están convencidos de que es imposible adelgazar permanentemente con sólo hacer dieta.

La mayoría de los hipertensos puede reducir su tensión arterial con una dieta hiposódica, es decir, que contenga poca sal. Se ha demostrado

en investigaciones clínicas la posibilidad de obtener toda la sal que uno necesita de los alimentos ingeridos, sin agregarles sal. Son buenas pautas el agregar menos sal de mesa o de cocinar y comprar comestibles hipo-sódicos. En las etiquetas de las latas o paquetes de comestibles se indica la cantidad de sodio que contienen por cada ración.

Otro factor que posiblemente intervenga en la hipertensión es la sobrecarga nerviosa o emotiva (el estrés), que si bien es inevitable hasta cierto punto en la vida cotidiana, su presencia frecuente y sin tregua puede resultar perjudicial. Vale la pena buscar la forma de reducir los niveles de tensión nerviosa, con técnicas de relajación por ejemplo. El ejercicio físico es una manera eficaz de aminorar esa tensión nerviosa y la arterial en muchas personas.

El sentido común aconseja evitar sustancias perjudiciales para la salud, tanto a los que tienen bien la tensión arterial como a los que la tienen muy alta. No se aconseja a los adultos de cualquier edad que fumen o que consuman más de una o dos bebidas alcohólicas al día. La nicotina de los cigarrillos acelera el ritmo del corazón y contrae los vasos sanguíneos. El abuso del alcohol se ha asociado con un mayor riesgo de hipertensión y de muchos otros problemas de salud. Los estupefacientes como la cocaína pueden afectar directamente al corazón y elevar la tensión arterial.

Medicación Si la hipertensión es moderada o pronunciada, o si la hipertensión leve no responde a las alteraciones de la dieta, al ejercicio y a otros cambios en el estilo de vida, podrán recetarse medicamentos. Hoy los médicos tienen la opción de escoger de entre una gran diversidad de fármacos, según las necesidades de un determinado paciente.

Entre los antihipertensivos de uso más común figuran los diuréticos, que aumentan el flujo urinario y reducen el volumen de la sangre. Otro grupo lo constituyen los betabloqueantes, que alteran el funcionamiento del sistema nervioso como corregulador de la presión arterial. Un tercer grupo, denominado de vasodilatadores, relajan y dilatan los vasos sanguíneos, con lo que disminuyen la resistencia de las arterias al flujo de la sangre. Es posible que se receten también otros tipos de antihipertensivos.

Los fármacos de venta bajo prescripción médica a veces producen diversos efectos secundarios, que dependen del fármaco y de la persona que lo toma. Ahora bien, si se reduce demasiado la tensión arterial, todos los antihipertensivos son capaces de producir mareos y desmayos. Es de suma importancia consultar al médico antes de suspender la toma del fármaco recetado una vez se ha empezado a usarlo.

Los médicos que tratan la hipertensión querrán en ciertos casos que el paciente se tome él mismo la tensión arterial con regularidad. Para esto, hay una serie de dispositivos disponibles en el comercio.

Medidas preventivas

Para el adolescente y el adulto joven, que tienen poca probabilidad de sufrir de hipertensión en época temprana de la vida, esta enfermedad les

parecerá un motivo remoto de preocupación. Sin embargo, la adopción de un estilo de vida sano en el que la persona se mantenga en buenas condiciones y forma por medio del ejercicio y las buenas costumbres alimentarias, y a la vez sin fumar, contribuyen a prevenir futuros problemas de salud como la hipertensión. Esto reza en particular para los que tienen antecedentes familiares de hipertensión.

Por último, es muy importante para todos tomarse la tensión arterial con regularidad. Aunque esto no prevenga la hipertensión, le permitirá al hipertenso recibir tratamiento en fase más temprana, con lo que podrá regularla y reducir el riesgo de graves problemas de salud tales como ataques al corazón y apoplejías.

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