Infecciones bacterianas: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Las infecciones bacterianas se padecen cuando en el interior del cuerpo se reproducen bacterias de alguna variedad nociva. Las infecciones bacterianas presentan varios niveles de gravedad. Entre este tipo de infecciones se encuentran enfermedades letales como la peste bubónica, la tuberculosis y el cólera, pero tanto éstas como otras formas de infección bacteriana se pueden prevenir con una buena sanidad y se curan con antibióticos.

Las bacterias están en todas partes: en el suelo, el agua, el aire y en cada persona y animal. Estos microorganismos constituyen una de las formas de vida más numerosas de la Tierra.

La mayoría de las bacterias son inofensivas, muchas son útiles y algunas, incluso, esenciales para la vida. Las bacterias descomponen las plantas y animales muertos, proceso que permite que elementos químicos como el carbono vuelvan a la tierra para su reutilización. Hay bacterias que son esenciales para el crecimiento de las plantas, puesto que gracias a ellas pueden obtener el nitrógeno que necesitan. En cuanto al cuerpo humano, determinadas bacterias posibilitan que el tubo digestivo funcione debidamente.

Pero, al igual que los virus, las bacterias pueden ser causa de muchas enfermedades. Hay infecciones bacterianas propias de la infancia, como la faringitis estreptocócica o las infecciones de los oídos. Otras dan origen a enfermedades graves como la tuberculosis, la peste bubónica, la sífilis o el cólera. La infección puede ser localizada (limitada a una zona reducida), como ocurre cuando la bacteria llamada estafilococo (staphy-lococcus) infecta el área donde se ha efectuado un corte quirúrgico; también puede afectar a un órgano interno, como ocurre con la neumonía bacteriana o la meningitis bacteriana (infección de las membranas que envuelven el cerebro y la médula espinal).

Si algunas bacterias como los neumococos (Streptococcus pneumoniae) invaden el organismo, casi siempre causan enfermedad. Otras, sin embargo, no tienen por qué causar daños en principio, como es el caso de la Escherichia coli (conocida también por la abreviatura E.coli), pero siempre y cuando el sistema no esté debilitado, ya que, de lo contrario, crecen sin control y resultan dañinas. Este tipo de enfermedades, llamadas “infecciones oportunistas,” se han hecho más comunes en los últimos años, en parte porque el sida, los trasplantes de órganos y otros tratamientos médicos han aumentado el número de personas con sistemas in-munitarios debilitados.

¿En qué se diferencian las bacterias de otros microorganismos?

A diferencia de otras células vivas, las bacterias no disponen de una membrana que envuelva su núcleo, la parte que contiene el ADN o información genética. Además, y al contrario de lo que sucede con los virus, la mayoría de las bacterias son células autosuficientes y pueden reproducirse por sí mismas sin tener que invadir a las células de una planta o animal, aunque también es cierto que algunas bacterias necesitan vivir dentro de otra célula, como en el caso de los virus.

¿Cómo se propagan las infecciones bacterianas? Las vías de propagación de las bacterias difieren según los tipos. He aquí algunos ejemplos:

– a través de agua contaminada (cólera y fiebre tifoidea);

– a través de comida en mal estado (botulismo, intoxicación por bacterias E. coli o por salmonelas);

– por contacto sexual (sífilis, gonorrea, clamidiasis);

– a través del aire, por efecto de la tos o estornudos de personas infectadas (tuberculosis);

– por contacto con animales (carbunco, enfermedad por arañazo de gato);

– tocando a personas infectadas (faringitis estreptocócica);

– por transmisión de una parte del cuerpo donde la bacteria es inofensiva a otra en la que causa enfermedad (como ocurre cuando la bacteria E. coli pasa de los intestinos a las vías urinarias).

¿Cómo causan enfermedades las bacterias? Lo hacen de varias maneras. Algunas destruyen el tejido directamente; otras se vuelven tan numerosas que impiden que el organismo funcione con normalidad; y otras más producen toxinas (venenos) que matan a las células. Se llama exotoxinas a los venenos liberados por bacterias vivas y endo-toxinas a los liberados por bacterias muertas.

¿Cómo se diagnostican y se tratan las infecciones bacterianas?

Los síntomas de infección bacteriana varían sensiblemente, pero a menudo incluyen fiebre.

Diagnóstico El médico prescribe análisis de sangre, de esputo o de orina para detectar la presencia de bacterias perjudiciales. Si sospecha que pueda haber infección, recurre a una radiografía de tórax o a una biop-sia, proceso por el cual se extraen células del área infectada para su posterior examen microscópico. Si se cree que pueda haber meningitis, se efectúa una punción lumbar, análisis en que, mediante una aguja, se extrae una muestra del líquido cefalorraquídeo que rodea a la médula espinal, para su análisis.

Tratamiento La mayoría de las infecciones bacterianas se curan con antibióticos, uno de los grandes logros de la medicina del siglo XX. Estos medicamentos pueden matar a la bacteria o impedir que se reproduzca. La penicilina, el primer antibiótico descubierto, se utiliza todavía para tratar ciertas infecciones.

Otros antibióticos de amplia utilización son la amoxicilina, la baci-tracina, la eritromicina, la cefalosporina, las fluoroquinolonas y las te-traciclinas. En ocasiones también se administran antitoxinas para contrarrestar los efectos de las toxinas bacterianas, como en casos de tétanos o botulismo.

Medidas preventivas Normalmente se vacuna a los niños contra la difteria, la tos ferina (coqueluche, pertusis), el tétanos y las enfermedades debidas a Hemophilus influenza tipo B, todas ellas infecciones bacterianas.

Además, también se cuenta con vacunas contra el cólera, las infecciones meningocócica y neumocócica, la peste bubónica y la fiebre tifoidea.

En la mayoría de los casos, la mejor prevención contra las infecciones bacterianas es gozar de una buena infraestructura municipal, es decir, suministro de agua limpia, eliminación sanitaria de excrementos humanos, viviendas sin hacinamiento y bien ventiladas, y disponer de atención médica rápida para quien la necesite.

Otras medidas de prevención incluyen:

– Lavarse las manos (antes de manipular comida, después de ir al aseo, después de tocar animales o después de haber tenido contacto con personas infectadas).

– Lavar frutas y verduras antes de consumirlas.

– Consumir carne bien cocinada.

– Abstenerse de contacto sexual o utilizar preservativos durante la actividad sexual.

¿Cómo se vuelven las bacterias resistentes a los medicamentos?

Depende del tipo de bacteria; hay antibióticos que pueden resultar letales para a la bacteria y otros a los que ésta eresistente por naturaleza. Sin embargo, en los últimos años algunas bacterias han adquirido resistencia a ciertos antibióticos que antes las destruían, lo que representa un gran problema a la hora de controlar las enfermedades infecciosas.

¿Cómo se adquiere la resistencia a los antibióticos? En

algunos casos ocurre por casualidad. Durante el proceso de reproducción, las bacterias sufren continuamente mutaciones (alteraciones) en sus genes. Cualquiera de estas mutaciones puede dar lugar, casualmente, a que una bacteria presente en el organismo humano se vuelva menos vulnerable a un medicamento, así que, mientras otras bacterias que se multiplican junto a la mutada acaban siendo destruidas por el medicamento, ésta (denominada “bacteria resistente”) sobrevive, con lo que puede llegar a transmitirse a otro organismo.

¿Por qué la resistencia a los medicamentos se da con mayor frecuencia en la actualidad? La resistencia de las bacterias a los medicamentos es fruto de la acción de los humanos más que de la casualidad. Consumir antibióticos que no son necesarios o concluir antes de tiempo un tratamiento con antibióticos favorece todavía más este proceso.

Veamos cómo ocurre. Supongamos que una persona sufre una infección bacteriana y toma antibióticos. A los cinco días, se siente mejor y deja de tomar el medicamento, aunque el médico le aconsejó que completase el tratamiento de diez días. Durante los cinco días que duró la medicación, el antibiótico podía haber destruido, digamos, el 80 por ciento de la bacterias, y por eso el enfermo se sentía mejor. Pero el 20 por ciento restante seguían vivas y eran, además, las más fuertes, las que consiguieron resistir al antibiótico. Si el enfermo hubiese completado su tratamiento, las bacterias más resistentes tal vez hubiesen sucumbido para el día octavo, noveno o décimo, pero al no verse atacadas, comenzaron a multiplicarse de nuevo. En poco tiempo la persona vuelve a sentirse mal, con la particularidad de que esta vez las bacterias que la ataquen serán las más resistentes. Un médico diría que el comportamiento del paciente “seleccionó” la supervivencia de las bacterias resistentes.

Lo mismo ocurre cuando los médicos prescriben antibióticos que no son necesarios. Por ejemplo, una niña tiene tos y fiebre. El médico le prescribe antibióticos para prevenir una posible infección bacteriana, pero lo que tiene en realidad es un virus, y los virus no se tratan con antibióticos. El sistema inmunitario de la niña, su defensa natural, lucha contra el virus como lo hubiera hecho de no haber tomado el medicamento. Pero mientras este proceso tiene lugar, el antibiótico destruye por su cuenta algunas bacterias inofensivas que pueblan la garganta de la niña. Las bacterias de la garganta que ofrecen resistencia son de nuevo las más fuertes, y en caso de que posteriormente esas bacterias lleguen a los oídos, pulmones o cualquier otra parte del cuerpo donde puedan causar enfermedad, el antibiótico no tendrá ya la misma eficacia.

Si este proceso se repite en muchos enfermos, pueden llegar a aparecer variedades de bacterias capaces de resistir parcial o totalmente los antibióticos ante los que antes sucumbían.

Fuentes

U.S. Centers for Disease Control and Prevention, 1600 Clifton Rd.,

Atlanta, GA 30333

Telephone (404)639-3534

Telephone (404)639-3311

Toll-free (800)311-3435

Information Hotline (888)-232-3228

Office of Public Inquiries (800)311-3435

TTY (404)639-3312

http://www.cdc.gov/

U.S. Food and Drug Administration, 5600 Fishers Ln., Rockville,

MD 20857-0001

Toll-free (888)-463-6332

Toll-free (800)FDA-4010 (Seafood Hotline)

http://www.fda.gov/

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