Lepra: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Es una enfermedad infecciosa que afecta a los nervios, la piel y las membranas mucosas. Se debe a la bacteria Micobacterium leprae, y es de carácter progresivo, es decir, que se agrava lentamente. Se conoce también como enfermedad de Hansen, nombre del médico noruego que, en 1874, descubrió la causa de esta enfermedad.

¿Qué es la lepra?

A lo largo de la historia de la humanidad, la extrema deformación e incapacidad físicas producidas por la lepra han hecho de esta enfermedad una de las más temidas. La conocían ya en la Antigüedad los babilonios, los hebreos, los griegos y los romanos, y se menciona reiteradamente en la Biblia. Hasta época relativamente reciente, la lepra se consideraba incurable y los leprosos solían ser expulsados de las comunidades en que vivían.

La lepra se propagó por Europa en la Edad Media, probablemente a consecuencia de los grandes desplazamientos de poblaciones ocasionadas por las Cruzadas. Para el siglo XIII existían más de 2 000 leproserías sólo en Francia, amén de otros cientos más en Alemania, Inglaterra y Escocia. Aunque la enfermedad casi había desaparecido de Europa en el siglo XVI, todavía se registraron algunos brotes en Escandinavia y en las islas de Hawai en el siglo XIX.

La lepra, hoy

Aunque en la actualidad la lepra es poco común en la mayoría de los países, sigue provocando enormes sufrimientos en las zonas en que todavía se da—generalmente en las regiones tropicales y subtropicales de África, Asia y Centro y Sudamérica. Es de aparición muy rara en Norteamérica

y Europa. En Estados Unidos, la mayor parte de los casos de lepra se dan entre inmigrantes.

Los niños son más susceptibles a la lepra que los adultos, y el hombre más que la mujer. En cuanto a condiciones de vida, la incidencia de lepra es máxima en zonas densamente pobladas, en las que abunda la desnutrición y la falta de higiene y atención médica.

¿Cómo se adquiere la lepra?

Contra lo que cree la mayoría de la gente, la lepra no es muy contagiosa. Es más, resulta difícil que una persona se la contagie a otra. Hay dos motivos por los cuales no sucede eso: la bacteria de por sí no causa fácilmente la enfermedad y, de todos modos, el sistema inmunitario de casi todo ser humano lo protege contra esta infección bacteriana. Lo único que parece capaz de producir la infección es el contacto íntimo con una persona en fase avanzada de la enfermedad. Se cree que la bacteria es transmitida de una persona a otra por medio del aire respirado y de las secreciones expulsadas por la boca y la nariz cuando se estornuda o se tose.

El periodo de incubación—desde que comienza la infección hasta que se instaura la enfermedad—es muy prolongado, por lo general de 1 a 10 años o más.

¿Qué síntomas presenta la lepra?

La lepra no ocasiona la caída de los dedos de las manos y de los pies, como a veces se cree—ese es otro mito propalado por todo el ámbito mundial. Lo que sí puede hacer es causar graves daños en las zonas periféricas del cuerpo (entre ellas las manos y los pies).

Hay dos tipos principales de lepra: la tuberculoide y la lepromatosa. La primera es de carácter más benigno que la segunda y generalmente afecta a la piel y a los nervios que la inervan, así como a otras superficies del cuerpo humano. La lepra lepromatosa afecta preferentemente a la piel, pero por su carácter más grave y progresivo tiende a difundirse con mayor facilidad.

La lepra tuberculoide se inicia en forma de infección de las terminaciones nerviosas. Poco a poco, los dedos del leproso pierden la sensibilidad al tacto, a la vez que se forman máculas (manchas) pálidas en la piel. Con el transcurso de los años, estas lesiones se agrandan y aumentan de grosor. Es frecuente la aparición de una parálisis muscular de manos y pies. Donde ha habido pérdida de la sensibilidad al tacto, es posible que el leproso no tenga sensación de las heridas que se producen por accidente, siendo muy fácil lesionarse y tener los dedos de manos y pies llenos de cicatrices. En algunos casos de lepra tuberculoide, las heridas se curan por sí solas.

En cuanto a la forma lepromatosa, aparecen en el cuerpo nódulos grandes y blandos, o bien tumores (lepromas). Los rasgos de la cara se agrandan notablemente, dando a la persona aspecto leonino. También las membranas mucosas de la nariz, la boca y la garganta se afectan a veces; por otra parte, si se afectan los ojos, a menudo se produce ceguera. La evolución de la lepra presenta caracteres muy variables, y en algunos individuos los síntomas fluctúan repetidamente.

Diagnóstico y tratamiento

Los signos y síntomas de la lepra, especialmente en sus primeras etapas, se parecen a veces a los de otras enfermedades que afectan a la piel y a los nervios. Por tanto, el diagnóstico debe hacerse tras una biopsia en la que se haya extraído una muestra de piel para analizarla al microscopio en busca de la bacteria causante. Es muy importante el diagnóstico precoz para prevenir las deformidades e impedimentos permanentes.

El tratamiento actual consiste en administrar un fármaco que mata a la bacteria. Por cuanto se viene experimentando una creciente resistencia bacteriana a este fármaco, últimamente se empiezan a utilizar otros medicamentos. Para evitar las recidivas, el tratamiento se continúa durante por lo menos 2 años. Se pueden realizar varias operaciones quirúrgicas para

ayudar a los pacientes que hayan quedado desfigurados o con impedimentos físicos. En los EE.UU., el Servicio de Salud Pública ofrece tratamientos para los leprosos, y existen hospitales y clínicas especializados en distintas zonas del país.

Dado que la lepra no es tan contagiosa como antes se creía, ya no es necesario aislar a los pacientes del resto de la población, en lazaretos, para evitar la difusión de la enfermedad.

Fuentes

World Health Organization, 525 23rd St. NW,

Washington, DC 20037 Telephone (202)974-3000 Facsimile (202)974-3663 Telex 248338 http://www.who.int/

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