Leucemia: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Clase de cáncer en el que se producen gran cantidad de células sanguíneas inmaduras y de forma anormal. Generalmente afecta a los glóbulos blancos de la sangre, o leucocitos, los cuales sirven normalmente al organismo para combatir las infecciones y otras enfermedades.

El caso de Sam

Sam llevaba varias semanas, un poco impaciente, a que empezara la temporada de baloncesto. Pero ahora, cuando ya habían comenzado los partidos, le resultaba difícil mantenerse a la altura de los otros jugadores, tanto en las sesiones de entrenamiento como en los partidos. No tenía la energía de antes, y le dolían las articulaciones como nunca. Se veía obligado a pedirle con frecuencia al entrenador que lo dejara ir a “calentar banquillo” (a sentarse). Sus compañeros lo acusaban de no estar en forma, pero Sam sabía que no era eso lo que le impedía jugar bien. La madre de Sam notó que su hijo, a pesar de jugar con menos frecuencia que antes, terminaba el partido más magullado que en la temporada anterior. Poco después, Sam tuvo que abandonar el baloncesto durante unas semanas, por lo que parecía ser una gripe. Se sentía constantemente débil y cansado, y tenía una fiebre que no remitía. La madre decidió llevarlo al médico, para ver si podía aclararles lo que le pasaba al muchacho.

Tras enterarse de los síntomas que presentaba Sam, el doctor le hizo unos análisis de sangre, los cuales pusieron de manifiesto que el muchacho sufría de leucemia. Análisis posteriores indicaron que se trataba de un tipo de leucemia aguda, denominada leucemia linfocítica, que es la más común en la niñez.

En conjunto, la leucemia representa alrededor de una tercera parte de los cánceres juveniles. No obstante, como sucede con otros tipos de cáncer, se da con mayor frecuencia en los adultos. Anualmente, en EE.UU. se les diagnostica leucemia a, más o menos, 27 000 adultos y 2 000 niños.

¿En qué consiste la leucemia?

Es un tipo de cáncer que afecta a la médula ósea, materia esponjosa y blanda que ocupa la parte central de los huesos y que produce los glóbulos sanguíneos (células sanguíneas). Los glóbulos blancos, o leucocitos, ayudan al organismo a combatir las infecciones y otras enfermedades. Los glóbulos rojos, o eritrocitos, transportan el oxígeno de los pulmones a los demás tejidos del cuerpo y recogen de éstos, para devolverlo a los pulmones, el dióxido de carbono. Las plaquetas, o trombocitos, forman los coágulos que hacen cesar las hemorragias.

Normalmente, estas células se producen en forma ordenada y controlada a medida que las necesita el cuerpo, pero con la leucemia el proceso se descontrola. En la mayoría de los casos, la médula ósea produce en esta enfermedad demasiadas células blancas inmaduras, denominadas blastos, con forma anormal, que no pueden llevar a cabo sus funciones habituales. Por eso se llama la enfermedad “leucemia,” que significa literalmente “sangre blanca.” A medida que se multiplican y acumulan en la médula ósea, los blastos interfieren con la producción de otros tipos de glóbulos sanguíneos; además, al invadir otras partes del cuerpo, se pueden acumular en distintos lugares y producir en ellos hinchazón o dolor.

Según la rapidez con que evoluciona la enfermedad y el tipo de células afectadas, se conocen varios tipos de leucemia, a saber:

– La leucemia aguda, que se agrava rápidamente con la multiplicación acelerada de blastos anormales e inmaduros.

– La leucemia crónica, de evolución gradual. Los blastos anormales presentes son más maduros que los de la leucemia aguda y pueden llevar a cabo algunas de las funciones habituales.

– La leucemia linfocítica, que afecta a ciertos glóbulos blancos denominados linfocitos; éstos controlan la respuesta inmunitaria del organismo mediante la detección y destrucción de sustancias extrañas.

– La leucemia mieloide o mielógena, que afecta a otros tipos de glóbulos blancos de la médula ósea.

En total, hay cuatro tipos principales de la enfermedad

Leucemia linfocítica aguda (LLA), leucemia mieloide aguda (LMA), leucemia linfocítica crónica (LLC) y leucemia mieloide crónica (LMC). Otro tipo menos común es la llamada tricoleucemia o leucemia de las células pilosas (o peludas), afección de carácter crónico en la cual las células afectadas presentan protuberancias que parecen diminutos pelos.

Origen de la leucemia

Los médicos no han podido precisar la causa específica de la mayoría de las leucemias. No obstante, la investigación clínica ha identificado cierto número de factores de riesgo. Los estudios realizados indican que la exposición a dosis elevadas y repetidas de radiación, tales como las que experimentaron los sobrevivientes de la explosión atómica sobre Hiroshima, y los afectados por otros cánceres que han sido tratados con radioterapia, son más propensos a la leucemia. Los trabajadores expuestos a ciertas materias químicas industriales, tales como el benceno (que es parte integrante de la gasolina), también padecen leucemia con mayor frecuencia. Además, es posible que ciertos virus intervengan de alguna manera en la aparición de la leucemia, aunque esto todavía se está investigando.

Se investiga asimismo la posibilidad de que los genes tengan que ver con la leucemia. Al estudiar las células de los leucémicos se ha descubierto que muchos de ellos presentan ciertas anomalías genéticas.

Otros investigadores han sugerido una posible relación entre la leucemia y las ondas de baja energía emitidas por las líneas de transmisión de alta tensión, aunque estudios recientes no han logrado establecer ningún nexo con ellas.

Síntomas

Los glóbulos blancos e inmaduros que se producen en la leucemia pierden su habitual poder defensivo contra las infecciones. De ahí que los

leucémicos padezcan frecuentes infecciones y presenten síntomas parecidos a los de la gripe, tales como fiebre y escalofríos. Conforme estos glóbulos inmaduros se multiplican sin cesar e invaden otras partes del cuerpo, tienden a acumularse en los ganglios linfáticos o en órganos como el hígado y el bazo, donde pueden provocar hinchazón y dolores. Si los glóbulos inmaduros se acumulan en el sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) producen a veces dolores de cabeza, vómitos, confusión, pérdida del control muscular o convulsiones.

El exceso de glóbulos blancos interfiere asimismo con la producción normal de glóbulos rojos y de plaquetas, lo que propicia las hemorragias y promueve la anemia. La persona afectada suele tener el rostro pálido y sentirse cansada. Además, es propensa a sangrar o presentar frecuentes hematomas (cardenales o moretones), o bien a que se le hinchen o sangren las encías. Otros posibles síntomas de leucemia son la inapetencia o el adelgazamiento, o las dos cosas; también aparecen bajo la piel pun-titos sanguíneos rojos; asimismo, se experimentan sudores, sobre todo de noche; y dolor de los huesos o articulaciones.

Diagnóstico

En presencia de pacientes que manifiestan los citados síntomas, el médico empieza por hacerles un examen físico completo, con palpación del hígado y del bazo, así como de los ganglios linfáticos de las axilas, de la ingle y del cuello. Posiblemente, tomará una muestra de sangre para examinarla al microscopio y ver qué aspecto tienen los glóbulos sanguíneos, a la vez que determinará la proporción de glóbulos maduros a inmaduros. Si bien los análisis de sangre pueden revelar la presencia de leucemia, es muy posible que no indiquen la clase de leucemia de que se trata. Tal vez sea necesario hacer otro análisis, llamado de aspiración de médula ósea, en busca de glóbulos leucémicos, para determinar la clase de leucemia que tiene el enfermo. Para este análisis, el médico introduce una aguja aspiradora en un hueso grande, generalmente el de la cadera, y extrae una pequeña muestra de médula ósea.

Si, en efecto, hay leucemia presente, el médico tal vez mande a hacer nuevos estudios en busca de glóbulos anormales en otras partes del cuerpo. Con este fin, se utiliza la punción lumbar, con la que se extrae cierta cantidad de líquido cefalorraquídeo de los alrededores de la médula espinal, para ver si contiene o no glóbulos leucémicos. Las radiografías de tórax y otras exploraciones especiales pondrán a veces de manifiesto indicios de la enfermedad en otras partes del cuerpo.

Tratamiento

Una vez diagnosticada la leucemia aguda, los médicos suelen iniciar en seguida su tratamiento, pues de lo contrario la enfermedad tiende a agravarse rápidamente. El objetivo es lograr la disminución total, hasta el punto de que no quede ningún indicio de leucemia en la médula ósea ni en la sangre. Después, el tratamiento puede ampliarse para evitar las

recaídas, que son reapariciones de signos y síntomas de la enfermedad después de desaparecida. Hoy en día, se puede curar a muchos leucémicos agudos, mientras que hace apenas unos decenios se les consideraba incurables. La leucemia linfocítica aguda es en la actualidad una de las formas de cáncer con mayores probabilidades de curación.

Un análisis de sangre rutinario puede descubrir la presencia de leucemia crónica aun antes de que se manifiesten sus síntomas. Los leucémicos crónicos tal vez no necesiten tratamiento inmediato si todavía no tienen síntomas y siempre que los médicos vigilen la enfermedad hasta que sea necesario comenzar el tratamiento. Por lo general, la leucemia crónica no tiene cura, pero sí es controlable.

Quimioterapia Los tratamientos más comunes para la leucemia son: quimioterapia, radioterapia o trasplante de médula ósea, o todos ellos sucesivamente. Para la quimioterapia, el paciente recibe uno o más medicamentos anticancerosos (oncolíticos) por boca o por vía intravenosa; para esto último, se le introduce un tubo o sonda en una vena. En algunos casos, el médico necesita inyectar los medicamentos directamente en el líquido cefalorraquídeo que rodea al cerebro y a la médula espinal. La quimioterapia es susceptible de producir efectos secundarios, tales como pérdida del cabello, náuseas, cansancio o propensión a los hematomas, según el fármaco utilizado. En la mayoría de los pacientes, los efectos secundarios desaparecen gradualmente de un tratamiento al siguiente, o al terminar los tratamientos.

Radioterapia Para este tratamiento se utiliza una máquina especial, productora de rayos de alto contenido energético que lesionan a las células cancerosas y detienen su crecimiento. Los rayos pueden dirigirse a una determinada zona del cuerpo, como el bazo, en la que se hayan acumulado los glóbulos leucémicos, o bien se puede irradiar todo el cuerpo. Al igual que la quimioterapia, la radioterapia produce efectos secundarios temporales, tales como cansancio, pérdida de pelo, náuseas, o piel eritematosa, seca y con picazón.

Trasplante de médula ósea Antes de hacer el trasplante, se administra al enfermo grandes dosis de quimioterapia y de radioterapia para destruir totalmente la médula ósea, con el fin de erradicar todas las células cancerosas. Seguidamente se le trasplanta la médula ósea sana, procedente de un donante que tenga tejidos orgánicos similares (idealmente, un gemelo idéntico o un hijo). Se le puede trasplantar también médula ósea extraída previamente de su propio cuerpo y tratada especialmente repetidas veces, para eliminar cualquier célula leucémica que hubiese en ella. El receptor del trasplante generalmente permanece internado en el hospital durante algún tiempo. El riesgo de infección es elevado hasta que la médula ósea trasplantada empieza a producir suficientes glóbulos blancos.

Bioterapia La forma más reciente de tratamiento, todavía en fase de investigación, es la llamada bioterapia, que se vale de sustancias

producidas por el mismo organismo para combatir la leucemia. Se han identificado diversas sustancias que intervienen en la respuesta inmu-nitaria, es decir, que normalmente protegen al organismo contra infecciones y otras enfermedades. En la actualidad se obtienen algunas sustancias en el laboratorio destinadas a ayudar al organismo humano a defenderse contra la leucemia y otras formas de cáncer.

Convivencia con la leucemia

La adaptación a la leucemia no es fácil. No sólo hay que hacer frente a la enfermedad, sino también al tratamiento. Por fortuna, los tratamientos utilizados a menudo producen supresión total de la enfermedad. Una vez lograda esto, el paciente tendrá que volver con frecuencia al consultorio del médico con fines de seguimiento y análisis diversos. De este modo, la leucemia puede ser detectada cuanto antes en caso de recaídas.

Padecer leucemia es también difícil desde el punto de vista emocional. Asusta al paciente enterarse de que tiene esta forma de cáncer y le preocupa lo que pueda depararle el futuro. Algunos de los afectados se retraen del trato con sus semejantes, y se enojan o deprimen ante el diagnóstico de leucemia. Sin embargo, gracias al apoyo de familiares, amigos, grupos de ayuda y profesionales de la salud, se puede vencer a la leucemia si se enfrenta con espíritu realista y optimismo.

Fuentes

American Cancer Society, 2200 Century Pky., Ste. 950,

Atlanta, GA, 30345 Telephone (404)816-4994 Toll-Free (800)ACS-2345 http://www.cancer.org

Leukemia and Lymphoma Society, 1311 Mamaroneck Ave.,

White Plains, NY 10605 Telephone (914)949-5213 Toll-free (800)955-4572 Facsimile (914)949-6691 http://www.leukemia.org/

National Bone Marrow Transplant Link, 20411 W 12 Mile Rd.,

Ste. 108, Southfield, MI 48076 Toll-free (800)546-5268 http://comnet.org/nbmtlink/

U.S. National Cancer Institute, Cancer Information Service, P.O. Box

24128, Baltimore, MD 21227

Toll-free (800)422-6237 (English and Spanish)

TTY (800)332-8615 http://cis.nci.nih.gov/

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