Neumonía: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

La neumonía es la inflamación de los pulmones. Es una enfermedad común, producida generalmente por una infección bacteriana, vírica o fún-gica (por hongos). Es por lo general leve, especialmente en la gente joven, y con frecuencia responde a un tratamiento o se cura espontáneomente. Pero la neumonía también puede constituir una enfermedad grave, especialmente en personas mayores o que ya tienen problemas de salud, y constituye una de las principales causas de muerte.

¿Qué es la neumonía?

Cada día el ser humano inhala gran cantidad de aire, con frecuencia cargado de gérmenes, polvo y otras partículas. El aire atmosférico llega a las profundidades de los pulmones, que son dos órganos esponjosos situados en el pecho, donde el oxígeno del aire se transfiere a la sangre. A pesar de la probabilidad constante de inhalar gérmenes, los pulmones de una persona sana están básicamente estériles, es decir, sin gérmenes. ¿Cómo es esto posible? Un conjunto de defensas naturales protege a estos importantes órganos contra toda infección. Sus defensas incluyen:

– La capacidad de toser con fuerza. Esto expulsa los gérmenes y evita que la mucosidad que sirve para atraparlos se acumule en los pulmones.

– Las cuerdas vocales y la epiglotis, puerta de tejido que cierra la laringe cuando la persona traga. Éstas, junto con el reflejo de cierre de la glotis, evitan que las personas introduzcan comida, vómito o ácidos del estómago en los pulmones.

– Los cilios, unos pelitos diminutos que recubren el interior de las vías respiratorias y, con movimientos ondulantes, arrastran hacia el exterior las partículas que penetran con el aire y quedan retenidas en la mucosidad antes de que lleguen a los pulmones.

– El sistema inmunitario, complejo conjunto de órganos, sustancias químicas y glóbulos blancos que ataca a los gérmenes que logran entrar en el cuerpo.

Estas defensas por lo general previenen la neumonía, pero en ciertos casos pueden estar debilitadas a causa de la edad, enfermedades u otros factores. Las defensas pueden también ser superadas por una invasión de gérmenes particularmente fuerte o virulenta.

A veces, los gérmenes o las sustancias químicas que causan la neumonía son aspiradas o inhaladas no del aire atmosférico, sino de la garganta misma de la persona, como cuando se inhala hasta el interior de los pulmones comida invadida por gérmenes o el vómito. Esto produce la llamada neumonía por aspiración. A veces los gérmenes no se inhalan en absoluto, sino que ingresan en los pulmones desde la sangre.

¿Cómo dificulta la neumonía la respiración?

Cuando los gérmenes o las sustancias químicas irritan el tejido de los pulmones, la irritación causa inflamación, estado patológico que incluye fiebre y una acumulación de glóbulos blancos y de mucosidad en los pulmones. El acto de respirar se vuelve más dificultoso. Los pulmones tienen que trabajar más para intercambiar el oxígeno de la circulación sanguínea por el peligroso residuo corporal denominado dióxido de carbono. A la larga, puede ser que las células del cuerpo no reciban suficiente oxígeno y que el dióxido de carbono se acumule en el cuerpo.

¿Quién corre el riesgo de contraer neumonía?

Cualquier persona puede contraer neumonía, pero ésta suele afectar a las personas que tienen debilitadas sus defensas naturales contra las infecciones. Una cantidad creciente de posibles candidatos entran en esa categoría: ancianos, enfermos de sida (que daña al sistema inmunitario), receptores de trasplantes de órganos (que requieren medicamentos depresivos del sistema inmunológico), y enfermos de cáncer o de otras dolencias graves.

Los pacientes hospitalizados corren mayor riesgo de contraer neumonía, especialmente si tienen dificultad para respirar o toser, lo que podría suceder tras una operación de pecho o de abdomen. Además, en algunas pruebas o tratamientos practicados en el hospital es necesario entubar (introducir un tubo) en la tráquea. Esto puede facilitar la introducción de gérmenes en los pulmones y propiciar la neumonía. Se dice que una infección contraída en el hospital es “nosocomial,” adjetivo derivado de la palabra griega para hospital.

Otras personas que corren riesgo especial de contraer neumonía son:

– Quienquiera que deba guardar cama, que esté paralizado o no esté completamente consciente, puesto que puede carecer de la capacidad de toser o tener arcadas.

– Las personas con enfermedades crónicas (de larga duración) tales como diabetes, problemas del corazón o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

– Las personas que fuman o beben mucho.

– Los niños con fibrosis quística, que causa la acumulación de mucosidad en los pulmones.

– los bebés, porque su sistema inmunitario aún no está completamente formado.

¿Qué microorganismos causan la neumonía?

Más de 75 especies de gérmenes pueden causar neumonía. He aquí algunas de las causas bacterianas más comunes:

– Streptococcus pneumoniae, es la causa más común de neumonía en el adulto.

– Staphylococcus aureus, causa frecuente de la neumonía en los hospitales. Es la misma bacteria que causa las infecciones estafilocócicas.

– Micoplasma pneumoniae, es la causa común de la neumonía atípica “errante,” que es una forma leve de neumonía, común entre jóvenes de 5 a 35 años.

– Chlamydia, Legionella, Klebsiella, Pseudomonas y muchas otras.

Algunas de las causas víricas que tienden a afectar a los niños y a los ancianos son:

– el virus respiratorio sincitial. Afecta principalmente a los bebés y a los preadolescentes, y normalmente causa una leve enfermedad que desaparece después de una semana;

– los virus de la gripe A y B. Muy pocas personas que se infectan con el virus de la gripe contraen neumonía. Quienes sí lo hacen, no obstante, corren el riesgo de morir, especialmente si son ancianos o enfermos crónicos. A veces, además de contraer la neumonía vírica, también adquieren una “sobreinfección,” es decir, una infección bacteriana de los pulmones añadida a la infección vírica;

– los virus que causan sarampión y varicela, así como otras familias comunes de virus;

– los virus de Epstein-Barr y del herpes simple, que causan graves neumonías, por lo general en las personas con sida u otros problemas inmunitarios.

Otras causas de neumonía son:

– La neumonía fúngica (por hongos), que se presenta mayormente en las personas con sida u otros problemas del sistema inmunitario. La causa más común de neumonía fúngica es el hongo Pneumocystis carinii, que fue la principal causa de muerte entre los infectados por el VIH, el virus de inmunodeficiencia humana, causante del sida. Ahora hay medicamentos que pueden prevenir la neumonía fúngica, pero sigue siendo un grave problema.

– Parásitos como el toxoplasma, que también causan neumonía.

– Reacciones a ciertos medicamentos.

– Altas dosis de radiaciones o de sustancias químicas si éstas se inhalan o aspiran.

¿Qué ocurre cuando las personas tienen neumonía?

Síntomas La neumonía estreptocócica, la clase más común, cursa con frecuencia con fiebre de 39 a 40,5 °C (102 a 104 °F) y escalofríos. El enfermo tose y expectora (expulsa del pecho) con frecuencia grandes cantidades de flema espesa y verdosa, a veces mezclada con sangre. Suele respirar más deprisa y tiene estertores, sonidos crujientes que se pueden oír con el estetoscopio. El pecho también le duele; el dolor punzante parece empeorar cuanto más tose. Otros síntomas son dolor de cabeza, falta de apetito, cansancio, náuseas y vómito.

Los individuos de edad avanzada o que tienen problemas con el sistema inmunitario por lo general presentan síntomas leves al principio, incluso cuando su enfermedad es más peligrosa. Pueden tener, por ejemplo, simplemente febrícula, cansancio o confusión y la sensación de estar enfermos.

Las personas con neumonía atípica o micoplásmica suelen manifestar tos seca, dolor de garganta, sarpullidos cutáneos y dolor en los músculos y articulaciones. Puesto que estos no son los síntomas clásicos de la neumonía, los enfermos creen que sencillamente tienen un caso leve de gripe.

Los afectados de neumonía gripal generalmente tienen fiebre, tos seca y fuerte y estertores, acompañados de un gran cansancio.

Diagnóstico Si una persona tiene fiebre persistente y tos, los médicos sospecharán que padece neumonía. A veces pueden diagnosticar la neumonía auscultando con el estetoscopio la respiración de la persona. En cualquier caso, una radiografía por lo general confirma el diagnóstico.

Determinar cuál es el germen causante de la neumonía es con frecuencia mucho más difícil. Las muestras de sangre y la flema expectorada con la tos se pueden analizar en un laboratorio. A veces se hace una biopsia de pulmón. Esto quiere decir que se extrae para su análisis una muestra de tejido pulmonar mediante una intervención quirúrgica o utilizando una aguja. Si la neumonía ha producido un exceso de líquido alrededor del pulmón, también se puede extraer una muestra del líquido con una aguja. Con frecuencia, sin embargo, no es posible identificar al microorganismo, o se le identifica demasiado tarde para condicionar las decisiones del tratamiento.

Tratamiento Si se ha identificado un tipo específico de bacteria como la causante de la neumonía, el médico puede recetar medicamentos antibióticos que la combatan. Si no se identifica el germen particular pero se sospecha que la causa es bacteriana, el médico suele recetar antibióticos activos contra las causas más probables. Si se trata de es un virus o un hongo, los antibióticos no podrán hacer nada. En su lugar hay otros medicamentos antivíricos o antifúngicos, aunque no todos los virus son tratables.

Cuando la neumonía es grave, por lo general se hospitaliza al enfermo. Se le puede dar oxígeno o conectarlo a un respirador mecánico para que le ayude a respirar mientras los medicamentos y el sistema in-munitario combaten la infección.

Medidas preventivas

La vacunación anual contra la gripe previene la neumonía causada por ciertos tipos de virus de la gripe, y una sola dosis de otra vacuna protege a las personas contra la neumonía neumocócica.

Las personas que tienen el virus del sida pueden disminuir el riesgo de contraer la neumonía de tipo Pneumocystis carinii tomando medicamentos a diario. El no fumar o el dejar el tabaco, y no beber alcohol en exceso, también reducen la posibilidad de contraer neumonía.

Con el fin de evitar que el enfermo contraiga neumonía en un hospital, se le anima a respirar profundamente, y a veces se le proporciona un espirómetro, de plástico, para determinar su capacidad respiratoria. También se le anima a caminar, si puede, en vez de quedarse en cama. Estas actividades evitan que los pulmones se llenen de flema y de otros líquidos en los cuales las bacterias se multiplican.

¿Cómo cambia la neumonía la vida de la persona?

La mayoría de los que reciben tratamiento por neumonía se recuperan al cabo de unas pocas semanas. Algunos de ellos, en particular los de edad avanzada o que hayan tenido problemas pulmonares con anterioridad, son susceptibles de tener dificultades respiratorias permanentes

debido a un proceso de cicatrización de los pulmones. Esto limitaría su capacidad para llevar a cabo las actividades cotidianas.

Fuente

American Lung Association, 61 Broadway, 6th Fl., New York, NY, 10006

Telephone (212)315-8700 Toll-Free (800)LUNGUSA http://www.lungusa.org

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