Retraso mental: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

El término retraso mental se refiere a personas cuyo coeficiente intelectual es inferior al promedio y limita su capacidad de funcionar normalmente. Este trastorno, presente desde el nacimiento o la infancia, tiene muchas causas, y sus efectos varían de leves a profundos.

¿En qué consiste el retraso mental?

Es, como acabamos de señalar, un trastorno que afecta a personas que poseen un bajo coeficiente intelectual, o CI, de 70 a 75 o menos, en comparación con el promedio normal, que es de 100. Esto les plantea numerosos problemas en la vida cotidiana. Las personas con retraso mental suelen tener dificultades para comunicarse, cuidar de sí mismos, desarrollar las actividades cotidianas y las aptitudes sociales necesarias para interactuar con la comunidad, autoorientarse, cuidar de la salud y seguridad, y asistir a la escuela, participar en actividades recreativas o acudir al trabajo.

Estudios que datan de 1980 parecen indicar que entre el 2,5 y el 3 por ciento de los habitantes de EE.UU. padecen cierto grado de retraso mental. Según el censo de 1990, la cifra era de 6,3 a 7,5 millones.

Este trastorno, que es más común en los varones que en las mujeres, se remonta al nacimiento o a la primera infancia. Una persona de inte-legencia normal que sufre una dismunición de su coeficiente intelectual posteriormente en su vida a causa de alguna enfermedad no se considera retrasada mental.

¿Cómo se clasifica el retraso mental?

Suele clasificarse en cuatro grados de intensidad: leve, moderado, severo y profundo. Estos grados se determinan por medio de pruebas estandarizadas de coeficiente intelectual y por la capacidad de aprender aptitudes de adaptación tales como las de comunicación y de interacción social.

Retraso mental leve A la inmensa mayoría de las personas con retraso mental que tienen un coeficiente intelectual comprendido entre 55 y 79 se les considera afectados por un retraso leve. Estos individuos a menudo no han sido diagnosticados hasta muy entrada la edad escolar. Se caracterizan por hablar, andar y comer con más lentitud que los otros niños. Son capaces de aprender cosas prácticas, como la lectura y las matemáticas, hasta el nivel de niños de 9 a 11 años. Los adultos con retraso leve por lo general aprenden aptitudes sociales y laborales, y pueden llevar vida independiente.

Retraso mental moderado Un grupo de personas mucho más pequeño, con un coeficiente intelectual que oscila entre 45 y 54, se considera moderadamente retrasado. Los niños con retraso moderado manifiestan sensibles retardos en el desarrollo del lenguaje y las facultades motoras. No es imposible que adquieran aptitudes escolares y sean capaces de aprender cierto nivel de comunicación, de seguridad personal y otras habilidades simples. No aprenden a leer ni a hacer cuentas. En general, no pueden vivir por sí solos, pero sí hacer tareas sencillas e ir a sitios conocidos.

Retraso mental severo Un porcentaje todavía menor de personas, cuyo coeficiente intelectual se encuentra entre 20 y 39, se consideran con retraso severo. Es probable que este trastorno haya sido detectado al nacer o en la primera infancia. En la edad preescolar estos niños manifiestan retraso en su desarrollo motor y poca o ninguna aptitud para comunicarse con otros. Mediante el debido entrenamiento llegan a adquirir algunas aptitudes, tales como aprender a comer o a bañarse por sí mismos. A medida que se hacen mayores, aprenden a caminar y a entender lo básico del lenguaje. Los adultos con retraso mental pronunciado pueden seguir ciertas rutinas cotidianas y hacer tareas sencillas, pero necesitan quien los dirija y deben vivir en un ambiente protegido.

Retraso mental profundo Sólo a un grupo muy pequeño de personas, con coeficiente intelectual de 0 a 24, se les considera profundamente retrasados. Este trastorno suele detectarse al nacer, pudiendo acompañarse de otros problemas de salud, por lo que necesitan atención de enfermería y vigilancia constante. Su retraso abarca todos los aspectos del desarrollo. Con entrenamiento, pueden aprender a usar las manos, las piernas y las mandíbulas. Son también capaces de aprender hasta cierto punto a hablar y a caminar. No pueden valerse por sí mismos y necesitan apoyo total en la vida cotidiana.

¿A qué se debe el retraso mental?

Es un trastorno muy complejo, ocasionado a menudo por la interacción de numerosos factores. En alrededor del 75 por ciento de los casos, nunca llega a conocerse la causa precisa. Entre las posibles causas figuran: genes o cromosomas defectuosos, lesiones o trastornos que acontecen durante el desarrollo fetal en el útero, enfermedades de la primera infancia, así como influencias ambientales. Desde el punto de vista de enfermedades, los tres síndromes más importantes son el de Down, el del alcoholismo fetal y el del cromosoma X frágil.

El papel de la genética Si el padre o la madre, o ambos, son retrasados mentales, hay mayor probabilidad de que también lo sean los hijos. Son muchas las causas genéticas (hereditarias) capaces de producir retraso mental, por defectos u omisiones en el material génico transmitido de padres a hijos. A veces el retraso mental se debe a una anomalía en los cromosomas y no en los genes individuales. El síndrome de Down (mongolismo), que es una de las causas más comunes de retraso mental, se debe a la presencia de un cromosoma de más (extra) en las células del organismo humano. Otro defecto cromosómico bastante común es el conocido por síndrome del cromosoma X frágil, que afecta principalmente a los varones.

Problemas durante el embarazo Otra causa del retraso mental reside en alguna infección que sufre la madre durante el embarazo, tal como la rubéola o la toxoplasmosis. Aun cuando la infección no tenga repercusiones permanentes en la madre, el feto en desarrollo se infecta a través de ella, con consecuencias mucho más graves. Las mujeres embarazadas que consumen mucho alcohol corren el riesgo de tener un hijo mentalmente retrasado, por culpa de la transmisión del alcoholismo al feto, que se conoce como síndrome de alcoholismo fetal, causa común, pero prevenible, de retraso mental. Durante el

embarazo, algunos estupefacientes, como la cocaína o las anfetaminas, pueden tener efectos perjudiciales en el desarrollo del feto. También la malnutrición de la madre durante el embarazo, y la exposición a radiaciones ionizantes causan a veces retraso mental.

Problemas durante el parto Los niños que nacen prematuramente (antes de cumplirse la duración normal del embarazo) tienen una mayor probabilidad de nacer con retraso mental que los niños nacidos a tiempo, sobre todo si el bebé es muy prematuro y pesa menos de un kilo y medio. Otros problemas, como la interrupción del suministro de oxígeno al cerebro durante el parto, también pueden originar retraso mental.

Trastornos posnatales El retraso mental se debe a veces a problemas que se plantean después de nacer el bebé. Entre estos problemas figuran la intoxicación por plomo o por mercurio, la malnutrición aguda, accidentes que ocasionan traumatismos importantes a la cabeza, e interrupción del flujo de oxígeno al cerebro (por ejemplo, como sucede cuando un bebé o un niño han estado a punto de ahogarse), o debido a enfermedades como la encefalitis, la meningitis y el hipotiroidismo no corregido en los lactantes. Algunas de estas afecciones tienen más probabilidad de darse en condiciones de pobreza extrema, negligencia o abuso.

Convivencia con el retraso mental

No hay cura para este trastorno. El tratamiento se centra en ayudar a las personas con retraso mental a desarrollarse hasta su plena potencialidad, mediante el mejoramiento de sus habilidades escolares, conductuales y

de autoayuda. Para esto, el apoyo de los padres, de pedagogos con formación especial y de toda la comunidad, les permitirá alcanzar el máximo de sus posibilidades. Los padres se benefician de un asesoramiento profesional continuo, que les permite determinar las opciones disponibles y les ayuda a hacer frente a los cambios que exigirá la convivencia con el recién nacido.

A muchos niños con retraso mental les beneficia vivir en la casa materna o en una residencia comunitaria, y asistir a una escuela con alumnos normales. En EE.UU. todos los estados tienen que proporcionar obligatoriamente educación adecuada para los niños con retraso mental hasta que llegan a los 21 años de edad.

Medidas preventivas

No hay una manera determinada de prevenir el retraso mental. Las mejoras en el campo de la atención médica, las pruebas prenatales y la educación pública en diversos temas de salud, hacen posible la prevención de algunos casos de retraso mental. Los matrimonios que deseen tener hijos pueden obtener asesoramiento genético para averiguar cuál es la probabilidad de transmitir a sus hijos el retardo mental mediante trastornos hereditarios. Las pruebas diagnósticas prenatales, como la am-niocentesis, la biopsia de vellosidades coriónicas, o la ecografía (ultrasonografía), pueden ser de utilidad para detectar trastornos meta-bólicos y cromosómicos hereditarios asociados con el retraso mental. En la mujer embarazada, la vacunación contra infecciones como la rubéola puede ser una medida eficaz para evitar posibles daños al feto en desarrollo. La prevención de la toxoplasmosis y el abstenerse de usar drogas estupefacientes y del consumo de alcohol durante el embarazo, pueden también contribuir a evitar el retraso mental. Los análisis de sangre en recién nacidos, con fines de detección, pueden descubrir la presencia de algunos trastornos susceptibles de tratarse en su fase más temprana. También es muy importante proteger a los bebés de la intoxicación por plomo y de posibles traumatismos en la cabeza.

Fuentes

ARC of the United States, 1010 Wayne Ave., Ste. 650,

Silver Spring, MD 20910 Telephone (301)565-3842 Facsimile (301)565-5342 http://www.thearc.org/

U.S. National Institute of Child Health and Human Development, Bldg. 31, Rm. 2A32, 31 Center Dr., MSC 2425,

Bethesda, MD 20892-2425 Telephone (301)496-3454 http://www.nichd.nih.gov/

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