Sífilis: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

La sífilis o lúes es una enfermedad de transmisión sexual, fácilmente curable, pero que si se deja sin tratar puede ocasionar ceguera, sordera, parálisis y demencia muchos años después de adquirirse la infección.

La Gran Epidemia

Corría el año de 1494, no mucho después de que Cristóbal Colón hubiese vuelto de su descubrimiento del Nuevo Mundo. Los soldados españoles, incluso algunos de los que habían acompañado a Colón, combatían a los franceses en Italia. Al terminar la guerra y volver los soldados a su patria, llevaban consigo una terrible enfermedad. La Gran Epidemia, como fue llamada, se propagó por Europa y Asia. Causaba dolores de las articulaciones, chancros genitales, erupciones cutáneas y heridas que se comían parcialmente el rostro, desfigurando a las víctimas antes de matarlas tras años de sufrimientos.

La Gran Epidemia era de sífilis, según creen los científicos, pero de una variedad de sífilis más grave y contagiosa que la actual. Uno de los grandes debates de la historia de la medicina gira en torno a si los

expedicionarios que acompañaron a Colón trajeron la sífilis de América o si ya estaba presente en el Viejo Mundo desde muchos antes, tal vez confundida con la lepra, que de repente se había vuelto más virulenta. La polémica sigue sin resolver.

¿Qué es la sífilis?

Es una enfermedad causada por una espiroqueta, el Treponema pallidum, tipo de bacteria de forma helicoidal que se disemina por el organismo y puede infectar a casi cualquier órgano. Se suele adquirir por contacto sexual con las lesiones o chancros, aunque a veces se puede contagiar por contacto asexual con una lesión.

En la actualidad, la sífilis sigue siendo una enfermedad de cuidado, si bien un antibiótico, la penicilina, puede curarla fácilmente y evitar su propagación. En los Estados Unidos, las autoridades de salud pública detectaron en 1995 unos mil quinientos casos de sífilis en recién nacidos y sesenta y ocho mil en adultos. Para 1997, las infecciones de lúes de fecha reciente habían descendido al nivel más bajo registrado en los Estados Unidos. Las autoridades de salud publica tienen especial interés en prevenir la sífilis porque las personas que presentan chancros lué-ticos tienen mayor probabilidad de contagiarse del VIH, el virus causante del sida.

Las diversas etapas de la sífilis

Los síntomas de la sífilis aparecen por etapas. La primera etapa, denominada sífilis primaria, suele producirse hacia las tres semanas del contagio, cuando aparece un chancro, generalmente en la región genital. La gente suele hacer caso omiso de la lesión, porque no duele y además desaparece en unas semanas. A veces, ni se dan cuenta de que la tienen.

La etapa secundaria, de sífilis diseminada, suele iniciarse a las seis semanas del contagio. El enfermo se siente dolorido, cansado y afiebrado. Por lo general le sale una erupción cutánea en las palmas de las manos o las plantas de los pies. A menudo pierde motas de cabello, con lo que la cabeza adquiere aspecto de apolillada. Este segundo episodio también desaparece por sí solo. El enfermo tal vez crea que ha tenido la gripe o el sarampión, pero que ya está totalmente recobrado.

La enfermedad pasa ahora a una tercera fase, latente u oculta. Durante un año o dos, el enfermo puede manifestar lesiones ocasionales, pero después de eso tiene aspecto sano. En la mayoría de los afectados, las bacterias luéticas han desaparecido o permanecen inactivas para siempre. No obstante, un tercio de los sifilíticos pasan a la etapa tardía o terciaria, que a veces ocurre entre los 3 y 40 años del contagio inicial.

La sífilis terciaria puede afectar a casi todos los órganos. En la piel, huesos, pulmones, hígado u otros órganos internos se forman unas lesiones, llamadas gomas, que atrofian la nariz o la boca, en forma muy parecida a como lo hace la lepra. La sífilis cardiovascular daña el corazón y los vasos sanguíneos. La neurosífilis, que afecta al sistema nervioso, causa dolor de cabeza, vértigo y convulsiones. En la forma más grave de la neurosífilis, conocida por paresia general, el enfermo pierde la memoria, el raciocinio y el juicio. Además, puede volverse ciego, sordo o paralítico antes de que sobrevenga la muerte.

La sífilis que se deja sin tratar acaba por matar del diez al veinte por ciento de las personas infectadas. Si la mujer embarazada tiene sífilis primaria o secundaria sin tratar, posiblemente el bebé nacerá muerto o habrá adquirido la sífilis de su madre (sífilis congénita). El recién nacido con sífilis tal vez tenga aspecto sano al principio, o bien que presente síntomas como una erupción cutánea o moco sanguinolento por la nariz. Posteriormente, el bebé sufrirá anomalías de los huesos y de los dientes, retraso mental, ceguera o sordera.

En fecha tan reciente como la década de los treinta del pasado siglo, la cifra de niños con sífilis congénita ascendía a 60 000 en los Estados Unidos y alrededor del veinte por ciento de los internados en manicomios padecían de los efectos de la lúes. Por el impacto social que tuvo en su día, la sífilis se ha equiparado al sida, la terrible epidemia de nuestros días.

Diagnóstico

La sífilis puede afectar a tantos órganos y parecerse a tantas otras enfermedades que los médicos la llamaban “la gran impostora.” Hoy, cuando el médico sospecha la presencia de esta enfermedad por los síntomas que presenta el enfermo, acude al microscopio en busca de la espiroqueta tomada del exudado de un chancro, o si no, se vale de análisis de sangre para encontrarla.

Si está presente la espiroqueta luética, es posible que se trate de averiguar si la bacteria ha invadido el sistema nervioso central. Para esto se

necesita practicar una punción lumbar, en la que se introduce una aguja junto a la médula espinal para extraer una muestra del líquido cefalorraquídeo. El médico probablemente recomendará que se hagan al mismo tiempo análisis en busca de otras enfermedades de transmisión sexual, incluido el sida. Y sugerirá también que toda persona que haya tenido

relaciones sexuales con la persona infectada se someta a pruebas y análisis en busca de sífilis y otras enfermedades de transmisión sexual.

Tratamiento

La penicilina, descubierta en los años cuarenta del siglo XX, revolucionó el tratamiento de la sífilis. Bastaba una sola inyección para curar la lúes primaria y prevenir la congénita. Hoy día, transcurridos más de cincuenta años del advenimiento de la penicilina, sigue siendo cierto. En la etapa luética latente, en la terciaria y en la sífilis congénita, las dosis múltiples de penicilina eliminan la bacteria, pero es posible que a esas alturas estén ya permanentemente dañados algunos órganos internos. Aun cuando la penicilina sigue siendo el mejor medicamento antiluético, a veces, en casos especiales, se utilizan otros antibióticos.

Medidas preventivas

La sífilis se puede prevenir absteniéndose del contacto sexual con una persona infectada. El uso de preservativos puede impedir la transmisión de la enfermedad, pero sólo si el condón evita el contacto con todas las lesiones luéticas. Una vez reciben tratamiento eficaz, los sifilíticos ya no pueden transmitir la infección. Si no se les trata, dejarán de ser contagiosos cuando desaparezcan las lesiones, por lo regular de uno a dos años después del contagio inicial.

Paul Ehrlich y Sahachiro Hata

Durante siglos, los médicos atacaron la sífilis con toda clase de compuestos químicos peligrosos, como el mercurio, capaces de roer los huesos. Algunos incluso infectaron de paludismo al enfermo para inducirle fiebre y para que “sudara” la enfermedad. A principios del siglo XX, Paul Ehrlich (1854-1915), médico alemán, tuvo una idea mejor.

El Dr. Ehrlich, que estudió el sistema inmunitario, pensó que podía crear compuestos químicos que funcionaran como “balas mágicas.” Con eso quería decir que los compuestos se destinarían a matar los microbios que causaban determinadas enfermedades, sin perjudicar para nada el resto del organismo, exactamente como lo hacen los anticuerpos del sistema inmunitario. En colaboración con su colega japonés, Sahachiro Hata (1872-1938), el Dr. Ehrlich ensayó cientos de compuestos anti-luéticos. En 1890, el experimento conjunto número 606 les trajo el éxito. Habían descubierto la cura de la sífilis en un compuesto arsenioso denominado Salcarsán o 606.

El tratamiento seguía siendo muy arriesgado, puesto que el arsénico es un veneno en ciertas circunstancias. Pero el compuesto marcó el principio de la edad moderna de las medicinas que han salvado un sinfín de vidas. Una de esas medicinas, la penicilina, posteriormente resultó una bala mágica sumamente eficaz contra la sífilis, porque a menudo curaba la temida enfermedad con una sola inyección.

Fuentes

U.S. Centers for Disease Control and Prevention,

1600 Clifton Rd., Atlanta, GA 30333

Telephone (404)639-3534

Telephone (404)639-3311

Toll-free (800)311-3435

Information Hotline (888)-232-3228

National STD Hotline (800)227-8922

TTY (404)639-3312

http://www.cdc.gov/

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