Sida y vih: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

El sida es la enfermedad más grave causada por el VIH (virus de la inmunodeficiencia humana), que daña el sistema inmunitario y deja a la persona expuesta a infecciones que pueden poner en peligro la vida,.

¿Cómo empezó la epidemia del sida?

A principios de los años 80, médicos de Nueva York y California comenzaron a detectar una enfermedad poco usual en un reducido número de hombres jóvenes. Estos enfermos, en su mayoría homosexuales, presentaban cuadros desconocidos de infección y cáncer, que llegaban a producirles la muerte en algunos casos. Las infecciones eran parecidas a las que se observan en los niños nacidos con el sistema inmunitario muy debilitado. Sin embargo, los enfermos habían experimentado una infancia sana, por lo que no tenían motivos que hicieran sospechar la presencia de sistemas inmunitarios anormales.

Los científicos gubernamentales, puestos a investigar, encontraron más y más casos de una enfermedad que parecía afectar también a pacientes que habían recibido transfusiones sanguíneas o a drogadictos que compartían jeringuillas. Empezaron a llegar informes de otros países, incluso de naciones de África y el Caribe, donde la misma enfermedad parecía haberse propagado por contacto sexual entre hombres y mujeres. También se daban casos de bebés sidosos que habían nacido ya enfermos.

Sida Más de 20 años después, esta enfermedad misteriosa se ha convertido en una de las peores epidemias que jamás haya afectado a la humanidad. El sida (acrónimo de “síndrome de inmunodeficiencia adquirida” ya aprobado como nombre común por la Real Academia de la Lengua) había matado a finales de 1998 a cerca de 14 millones de personas en todo el mundo, incluidos más de 3 millones de niños. En Estados Unidos, han sucumbido al sida más de 400 000 personas, entre ellas casi 5 000 niños menores de 15 años.

VIH Un número mayor de individuos son portadores del virus que causa la enfermedad, aun antes de que se declare ésta. En Estados Unidos se cree que, por lo menos, un millón de personas están infectadas por el VIH, aunque la mayoría ni lo saben. Pero la mitad de ellos habrán contraído el sida para cuando pasen diez años del contagio por el VIH. En todo el mundo, más de 33 millones de personas han sido infectadas por el VIH, principalmente en los países en vías de desarrollo de África y Asia.

Población en situación de riesgo Como ocurre con otras enfermedades de transmisión sexual, el riesgo de infección por VIH es

particularmente elevado entre adolescentes y adultos jóvenes. En Estados Unidos, se ha diagnosticado de sida a más de 100 000 personas con edades en torno a los 20 años, y es probable que la mayoría de ellas fueran infectadas por el VIH en la adolescencia. Se estima que hasta una cuarta parte de las infecciones por VIH en Estados Unidos—y la mitad de las infecciones en el mundo—afectan a adolescentes y jóvenes.

Se han invertido miles de millones de dólares en la investigación, prevención y tratamiento del sida/VIH y, aunque todavía no hay cura ni vacuna, se han hecho progresos, gracias a los cuales el número de muertes por sida en Estados Unidos ha descendido radicalmente desde 1996. Muchos estadounidenses infectados por el VIH están disfrutando de una vida mejor y más larga. Hay esperanza de que no pasará mucho tiempo en Estados Unidos sin que el VIH devenga otra enfermedad crónica, como la diabetes o el asma, importante sí, pero controlable con buena asistencia médica.

Sin embargo, en la mayor parte del mundo el tratamiento para los enfermos con VIH y sida es demasiado caro, por lo que la epidemia se difunde más cada año. Los países en desarrollo de África, Asia y la región del Caribe se han visto muy afectados. En algunas partes de África, la cuarta parte del total de los adultos son portadores del virus, que está anulando años de lucha por mejorar las condiciones de vida. La expectativa de vida disminuye conforme aumenta la mortalidad infantil.

Incluso en Estados Unidos, se estima que unas 40 000 personas al año son infectadas por el VIH y, a menos que el tratamiento mejore, es probable que acaben muriendo de sida.

La familia de Carl: ¿Cómo ha podido pasar esto?

Cuando la madre de Carl le dijo a éste que era portadora del VIH, no podía creerlo. Después de todo, ella trabajaba todo el día, se hacía cargo de la casa, ayudaba como voluntaria en la iglesia y cuidaba de sus dos hijos ella sola. Era la última persona en el mundo a la que podía imaginar inyectándose droga. En los ocho años posteriores a la muerte del padre por tumor cerebral, ella no había salido con nadie, mucho menos tenido relaciones sexuales con otros hombres. ¿Cómo había podido contraer el VIH?

A Carl, que tenía 15 años cuando su madre le confesó que era portadora del VIH, nunca le habían dicho toda la verdad acerca de la muerte de su padre. Es cierto que había muerto de cáncer, pero era un tipo de cáncer (linfoma del cerebro) mucho más común en las personas infectadas por el VIH. El padre de Carl había muerto de sida.

“No lo supe hasta que tu padre enfermó,” le contó la madre, “pero cuando era un adolescente de tu edad, se aficionó a las drogas. Él y sus amigos consumían cocaína y se inyectaban heroína. Dos años después lo dejó, recompuso su vida, e incluso fue a la universidad. En el momento de conocerme, él creía que su época de drogadicto era parte del pasado.”

Cuando el padre de Carl se dió cuenta de que padecía sida, ya estaba muy enfermo y había contagiado a su madre. Aunque una madre puede pasar el VIH a su bebé, ni su hermana ni él nacieron infectados. “Simplemente tuvimos suerte” le dijo su madre. Pero Carl no se sintió precisamente afortunado.

¿Cómo se contagia el sida?

La infección por VIH sólo puede transmitirse cuando algún líquido corporal de una persona infectada (sangre, semen, exudado vaginal, leche materna o cualquier otro líquido que contenga sangre) entra en la circulación sanguínea o en contacto con las membranas mucosas de otra persona.

El coito o cópula sexual, ya sea entre homosexuales (personas del mismo sexo) o heterosexuales (entre mujeres y hombres), es la causa de la mayoría de las infecciones por VIH. El virus también se transmite entre drogadictos que comparten sus jeringuillas. Las madres infectadas pueden pasárselo a sus hijos durante el embarazo, el parto o el periodo de lactancia.

Las transfusiones sanguíneas pueden ser otra vía de transmisión del VIH, si la sangre transfundida está infectada. Desde 1985, en Estados Unidos, estas transfusiones están sometidas a control del VIH, con lo que el riesgo de infección por esta vía es muy bajo.

El sexo oral también puede extender el virus. Además, se ha detectado al menos un caso en que se cree que el virus se transmitió mediante un beso lingual.

El VIH no se transmite por el aire, el agua, la comida o por objetos como los pomos de las puertas o los asientos de los aseos. Tampoco se trasmite por picadura de mosquito o de otros insectos. No se puede contraer el VIH jugando, yendo a la escuela, estrechando la mano, abrazando, ni incluso viviendo con una persona infectada. Afortunadamente el VIH es mucho menos contagioso que otras infecciones, como la varicela, la gripe o la hepatitis B.

¿Cómo se puede prevenir una infección por VIH?

La prevención es tan sencilla como dura. Se puede tener la completa seguridad de evitar la infección si no comparte jeringuillas jamás, ya sea para la administración de drogas o para otras prácticas tales como tatuajes o perforaciones cutáneas con fines ornamentales (piercing), y absteniéndose de todo contacto sexual. Sin embargo, así como crecemos y nos hacemos activos sexualmente, las cosas se complican.

Sexo seguro La relación sexual más segura, la que se produce entre dos personas no infectadas y que no mantienen relaciones sexuales fuera de su pareja, suele denominarse relación monógama de mutua fidelidad. Sin embargo, aparte de los análisis diagnósticos, no hay forma de saber a ciencia cierta si una persona está infectada o no. El portador de VIH puede tener aspecto perfectamente normal y, a menudo, no saber que está infectado. Hasta puede dar negativo en los análisis de sangre realizados en los primeros meses después de la infección.

Si la gente es sexualmente activa, ¿cómo puede reducir sus posibilidades de infección? Una precaución importante es no mantener relaciones sexuales con nadie que corra el riesgo de estar infectado por el VIH. ¿Quién corre ese riesgo? Cualquiera que alguna vez haya compartido jeringuillas o desplegado una conducta sexual promiscua (con varios amantes), así como cualquiera que haya mantenido relaciones sexuales con otros que previamente hayan compartido jeringuillas o hayan sido promiscuos en su conducta sexual. Para determinar si un amante potencial es honesto o corre riesgo de infección, es importante llegar a conocer bien, durante un largo periodo, a la persona en cuestión.

Otras medidas de seguridad Otros pasos para reducir la posibilidad de infección son:

– utilizar preservativos (condones) correctamente y en todas las relaciones sexuales;

– no practicar sexo anal u otras modalidades sexuales que puedan causar fisuras en la piel;

– no tener relaciones sexuales con múltiples amantes;

– evitar las drogas y el alcohol, porque su uso puede inducir a actuar irresponsablemente en cuanto a la protección propia y la de los demás;

– tratar rápidamente cualquier herida o lesión cutánea que pueda constituir una puerta de entrada para el VIH.

¿Cómo actúa el VIH en el organismo?

Una vez dentro del cuerpo, el VIH ataca a los leucocitos llamados CD4

o linfocitos T colaboradores. Estas células son muy importantes para el funcionamiento apropiado del sistema inmunitario. Cuando el virus comienza a destruir los linfocitos CD4 más rápidamente de lo que el cuerpo puede reemplazarlos, el sistema inmunitario se debilita tanto, que se dispara el riesgo de infecciones graves o de cáncer. El virus también tiene capacidad para atacar directamente algunos órganos, incluidos el cerebro, los riñones y el corazón.

El VIH es una clase especial de virus, llamada retrovirus (véase la ilustración en esta página), del que hay dos tipos. El más común y grave, el llamada VIH-1, es el causante de la actual epidemia y comprende diferentes subtipos. El VIH-2, que se ha detectado en algunas zonas del África Occidental, ocasiona un tipo de sida algo más leve.

Una de las razones por las cuales ha resultado imposible hasta ahora encontrar la cura del VIH o una vacuna protectora es que el virus es capaz de mutar y alterar sus rasgos genéticos a una velocidad tremenda. Esto significa que el VIH puede hacerse resistente a un determinado medicamento en muy poco tiempo, con lo que éste pierde su eficacia. También

significa que cualquier medicamento o vacuna debe ser capaz de atacar una amplia gama de cepas de VIH.

Síntomas

Infección por VIH De dos a tres semanas después de la infección, la mayoría de los afectados manifiesta una enfermedad similar a la gripe, con síntomas tales como fiebre, dolor de garganta, dolor muscular y, a menudo, una erupción cutánea parecida a la del sarampión. Tras dos semanas de tratamiento, la enfermedad suele desaparecer. Sin embargo, también hay quien contrae la infección sin síntomas iniciales de enfermedad alguna. Pero conviene saber que una persona puede transmitir el VIH a otra sin haber tenido síntomas.

Durante los años siguientes a la infección, el portador del VIH puede experimentar fiebres, inflamación de los ganglios linfáticos (adenopatía), cansancio, pérdida de peso y diarrea. Estos síntomas generalmente aparecen mucho antes de que lleguen las complicaciones graves que trae consigo el sida. Algunos afectados pueden sufrir infecciones menores, tales como las aftas (infección bucal fúngica) o herpes (infección de la piel por el virus causante de la varicela). Hay quienes no presentan ningún síntoma en absoluto hasta que aparece el propio sida,

Los niños, especialmente los infectados antes de nacer, manifiestan síntomas antes que los adultos. A menudo nacen ya enfermos o no logran crecer y desarrollarse a un ritmo normal.

Sida El sida suele venir anunciado por infecciones o clases de cáncer que sólo ocurren cuando el sistema inmunitario del enfermo está ya muy debilitado. Algunas de estas infecciones y cánceres son:

Neumonía por Pneumocystis carinii, la más común complicación del sida en Estados Unidos desde que comenzó la epidemia. Cursa con fiebre, tos y disnea.

Toxoplasmosis cerebral, que puede destruir partes del cerebro. Normalmente comienza con dolor de cabeza y a menudo paraliza parte del cuerpo.

Meningitis criptocócica, infección micótica (causada por un hongo) del cerebro y las meninges (membranas que revisten el tejido nervioso central). Comienza con fiebre y dolor de cabeza, y puede provocar un coma.

– Infecciones intestinales, como la criptosporidosis o la isosporiasis, causadas por parásitos.

– Infecciones oculares causadas por el citomegalovirus, que pueden acarrear ceguera.

– Infecciones que remedan a la tuberculosis, causadas por la bacteria Mycobacterium avium

– Cáncer, incluido el sarcoma de Kaposi (que produce nódulos rosáceos en la piel), linfoma (que puede afectar a cualquier

órgano, especialmente al cerebro y al tubo digestivo) y cáncer de cuello uterino (en la mujer).

– Demencia, que menoscaba la capacidad del enfermo para pensar, recordar y concentrarse.

– Además, una gran diversidad de infecciones comunes (como la sífilis o una neumonía ordinaria) ocurren con más frecuencia o presentan mayor gravedad en los enfermos de sida. El ejemplo más evidente es la tuberculosis: las posibilidades de contraerla son 100 veces más mayores en una persona con VIH que en una persona no infectada.

Las enfermedades que acabamos de describir son a menudo tratables y algunas se pueden prevenir con medicamentos. Pero continúan dándose. Cuando decimos que alguien ha muerto de sida normalmente muere de una de estas enfermedades. Se calcula, por ejemplo, que en el mundo la tuberculosis mata a una de cada 3 personas que padecen de sida.

Diagnóstico

Los médicos pueden sospechar una infección por VIH guiándose por los síntomas, especialmente si el paciente sufre alguna de las infecciones mencionadas. Pero la infección por VIH sólo puede diagnosticarse mediante análisis de sangre.

Las pruebas del VIH

Los médicos recomiendan que todo el que piense que podría haber sido expuesto al virus se haga los análisis de sangre. También se recomiendan estos análisis a todas las mujeres embarazadas y a los recién nacidos cuyas madres dieron positivo en los análisis para el VIH o no se los hicieron durante el embarazo. Estas medidas podrían dar lugar a un tratamiento que reduzca el riesgo de que el bebé contraiga el VIH de la madre. El tratamiento de la mujer con AZT (zidovudina) durante el embarazo y el parto, y el del bebé con el mismo medicamento después del nacimiento, reduce del 25 por ciento al 6 por ciento el riesgo de que el bebé sea infectado por el VIH.

El análisis más frecuente del VIH detecta anticuerpos, que son sustancias que el organismo genera para combatir al virus. El análisis puede dar negativo hasta varios meses después de que la infección haya tenido lugar. De modo que quien sospeche haber sido expuesto al virus, debe hacerse el análisis dos veces: inmediatamente y 6 meses después.

También es importante tener en cuenta que, en el primer año de vida, más o menos, un bebé nacido de madre infectada puede dar positivo en el análisis para el VIH, incluso aunque el bebé no esté infectado.

Análsis para los linfocitos CD4

Una vez se sabe que el enfermo se ha contagiado, debe hacerse un análisis de sangre periódicamente para estudiar el comportamiento del

sistema inmunitario. Los análisis determinan la concentración en sangre de los linfocitos CD4, el tipo de glóbulo blanco de la sangre que ataca el VIH. Si el número de estos glóbulos blancos baja de cierto nivel—o si el enfermo padece alguna de las graves infecciones comentadas ante-riormente—se dice que esa persona tiene sida.

Tratamiento del sida/VIH

Los medicamentos para combatir directamente al virus, que se recetan inmediatamente después de detectar la infección, bloquean las endopeptidasas y la transcriptasa inversa, que son importantes enzimas producidas por el virus para su reproducción. Estos medicamentos se utilizan en combinaciones de tres a cinco, forma de tratamiento que se conoce por la sigla inglesa HAART (de highly active antiretroviral therapy, o terapia antirretrovírica altamente activa).

El más eficaz de estos medicamentos siempre es el más reciente, con lo cual es difícil saber cuál será su eficacia a largo plazo. Lo que sí está claro es que retrasan la aparición del sida y, a menudo, hacen que los otros síntomas sean menos frecuentes y menos graves. Lamentablemente, el VIH suele adquirir resistencia a uno o varios de estos medicamentos. Además, los fármacos anti-VIH tienen efectos secundarios que dificultan su administración a bastantes pacientes. Se desconoce si reducen la posibilidad de que una persona transmita el virus del VIH a otra.

Además de los medicamentos antivíricos, que atacan directamente al virus, existen otros fármacos previenen o a tratan algunas de las graves infecciones de que se acompaña el sida.

El caso de Bob: aguantando hasta que llegue algo mejor

Bob fue infectado por el VIH en la adolescencia, cuando se dio cuenta de su homosexualidad y mantuvo relaciones sexuales con una serie de desconocidos sin usar preservativo. En aquella época se sentía confuso, solo e inquieto. Pero también pensó que sus amantes eran muy jóvenes para tener el virus.

Hoy Bob tiene 25 años y el sida, pero su médico dice que va bien. Para mantenerse así, Bob toma cinco medicamentos distintos al día, 19 pastillas en total. Dos de estos fármacos son más o menos fáciles de tomar: una píldora para prevenir la neumonía y otra para controlar la infección fúngica que siempre parece tener en boca y garganta. La primera es grande y difícil de tragar pero la segunda es más llevadera. Las otras tres medicinas atacan el VIH directamente. Son el AZT, el más antiguo medicamento anti-VIH, la neviparina, un medicamento más reciente pero similar, y el nelfiavir, inhibidor de la proteasa. Se supone que de estas tres medicinas, Bob debe tomar seis pastillas por la mañana, cinco en el almuerzo y otras seis en la cena.

Bob es taxista. Cuando está muy ocupado en el trabajo, se le hace muy difícil recordar que debe tomar las pastillas en su momento y asegurarse de que siempre lleva agua para tomarlas. Además, el nelfiavir le provoca diarrea y se ha dado cuenta de que le está empezando a salir una barriga considerable. Su médico le advirtió que el nelfiavir podría tener este efecto.

Algunos días, Bob se siente animado pensando que los medicamentos le están ayudando. Otros, los medicamentos y sus efectos secundarios le deprimen tanto que está dispuesto a abandonarlos. Pero, por ahora, ha decidido hacer lo que le diga el médico y procura no saltarse una sola

dosis. Simplemente confía en poder aguantar hasta que surjan mejores medicinas.

Convivencia con el sida

En los primeros días de la epidemia, los padres formaban piquetes fuera de las escuelas para que no entrasen los niños infectados por el VIH, y los trabajadores tenían miedo de sentarse al lado de alguien que tuviese sida. Hoy en día, la mayoría de los estadounidenses saben que no pueden ser infectados simplemente por estar al lado de un enfermo de sida. Pero la gente infectada por el VIH todavía debe enfrentarse a un cierto estigma y discriminación. En muchas ocasiones, el hecho de confesar a la familia y amigos que uno es portador de la infección significa también revelar algo sobre la vida personal que hasta ahora se había mantenido en secreto—homosexualidad, consumo de drogas o una conducta promiscua—. Esto es difícil, especialmente para los jóvenes homosexuales que temen el rechazo de sus familiares, aunque también es cierto que, muy a menudo, los enfermos de VIH encuentran apoyo en la familia y los amigos.

En caso de infección por VIH es fundamental tener hábitos de vida que respeten la salud. Estos hábitos incluyen:

– para cualquiera: alimentarse con comida nutritiva en abundancia, práctica de ejercicio y descanso adecuado;

– para drogadictos: dejar de consumir droga;

– para fumadores: dejar de fumar;

– para enfermos sin síntomas: examinarse con regularidad, preferiblemente por médicos que tengan larga experiencia en el tratamiento del sida y el VIH;

– para enfermos que se medican a sí mismos: tomar la medicación en forma adecuada y con regularidad, pues el seguimiento intermitente puede permitir que el virus adquiera resistencia a al medicamento.

Muchas personas afectadas de VIH pueden seguir su vida normalmente durante años. Incluso aquellos que luchan contra ataques de enfermedad, a menudo continúan con gran fortaleza y disfrutan de la vida como los enfermos de cualquier otra afección crónica que conlleve un riesgo vital.

Fuentes

National AIDS Hotline, c/o American Social Health Association, PO

Box 13827, Research Triangle Park, NC 27709

Telephone (919)361-8400

Toll-free (800)342-AIDS

Facsimile (919)361-8425

TDD: (800)243-7889 (English)

TDD: (800)344-7432 (Spanish)

STD Hotline: (800)227-8922 http://www.ashastd.org/nah/

U.S. Centers for Disease Control and Prevention, Division of HIV/AIDS Prevention, National Center for HIV, STD and AIDS Prevention Centers for Disease Control and Prevention,

Mail Stop E-49, Atlanta, GA 30333 Toll-free (800)342-2437 (English)

Toll-free (800)344-7432 (Spanish)

TTY (800)243-7889

http://www.cdc.gov/hiv

U.S. National Institutes of Health, 9000 Rockville Pike,

Bethesda, MD 20892 Telephone (301)496-4000 http://www.nih.gov/

World Health Organization, 525 23rd St. NW,

Washington, DC 20037 Telephone (202)974-3000 Facsimile (202)974-3663 Telex 248338 http://www.who.int/

Leave a Reply