Toxicomanía, adicción y dependencia (abuso de drogas, alcohol, tabaco, fármacos y otras sustancias): tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

La toxicomanía es el abuso del alcohol, el tabaco, las drogas ilegales, los fármacos de prescripción, y otras sustancias (tales como diluyentes de pintura o gases en forma de aerosol) que alteran el funcionamiento del cerebro y del cuerpo humano. Es posible abusar de algunas de estas sustancias sin tener que depender de ellas física, emocional o psicológicamente, pero el uso prolongado tiende a crear dependencia. En el caso de ciertas sustancias, la dependencia se adquiere rápidamente y es muy difícil dar marcha arás.

¿En que consiste la toxicomanía?

El abuso de ciertas sustancias constituye un grave problema en los Estados Unidos Los aficionados a ellas pueden enfermarse, destruir sus relaciones personales con otros, arruinar su vida y la de sus familiares, e incluso morir. La toxicomanía contribuye a accidentes de todo género, a la delincuencia y a la violencia en el seno de la familia, y a la pérdida de productividad en el trabajo.

El abuso de sustancia es el uso de cualquier sustancia tóxica con fines aberrantes o en cantidades excesivas. Toda sustancia química, bien sea legal o ilegal, tiene repercusiones en la salud del individuo cuando se usa indebidamente. Entre las sustancias químicas de las cuales se abusa con mayor frecuencia en los Estados Unidos se destacan las siguientes:

– bebidas alcohólicas

– anfetaminas

– esteroides anabolizantes

– cocaína

– sedantes

– alucinógenos

– inhalantes

– mariguana

– narcóticos

– fármacos de prescripción

– medicamentos de venta libre

– tabaco

Dependencia y adicción Hay quienes pueden abusar de ciertas sustancias tóxicas sin llegar a depender de ellas física, emocional o psicológicamente, si bien el uso prolongado de tales sustancias a menudo conduce a la dependencia. Cuanto más se usan, mayor la tolerancia, y mayores las dosis de ellas que se necesita para lograr el mismo efecto. Algunas de estas sustancias crean adicción muy rápidamente.

La adicción es una clase especial de dependencia, en la que el individuo experimenta la necesidad compulsiva de usar las sustancia tóxicas sin detenerse a considerar las consecuencias. Los que sufren de adicción psicológica necesiten consumir la sustancia tóxica para sentirse satisfechos. Los que tienen sólo adicción física se sienten enfermos y experimentan síntomas físicos de abstinencia si dejan de usar la droga. La clase y riesgo de dependencia varían según la sustancia tóxica de que se trate. La toxicomanía se da en individuos de todas las edades, desde el niño al anciano, y no excluye a los que poseen una buena formación académica o se desempeñan en trabajos y cargos profesionales.

Alcohol

Si bien normalmente no se consideran perjudiciales las bebidas alcohólicas cuando se consumen con moderación (dos bebidas al día en el caso de los varones y una tratándose de mujeres o ancianos), millones de estadounidenses abusan del alcohol o son alcohólicos (físicamente dependientes del alcohol). En una encuesta nacional realizada en 1996 se descubrió que 11 millones de habitantes del país eran bebedores empedernidos y que 30 millones se embriagaban (con más de cinco bebidas en cada ocasión). Esta última cifra incluye a 1,9 millones de alcohólicos y 4,4 millones de individuos, de edades comprendidas entre los 12 y 20 años, que beben hasta emborracharse.

El alcohol deprime el sistema nervioso central, interfiere con los mensajes de entrada y salida del cerebro y altera la forma en que sienten, ven, oyen y se mueven los que lo consumen. El abuso del alcohol lleva en ocasiones a la pérdida de la coordinación muscular, a la agresión contra los amigos, al embotamiento del juicio, a conducir vehículos automotores en plena borrachera, a la ira repentina y a toda clase de peleas; o bien a correr riesgos insensatos, a vomitar en forma violenta o al arresto por conducta anormal bajo la influencia del alcohol.

Los alcohólicos corren el riesgo de adquirir enfermedades y problemas graves, incluso mortales. El alcohol incrementa la propensión a ciertos cánceres y ataca al hígado y al cerebro, a la vez que perjudica al sistema inmunitario. La mujer embarazada que consume alcohol puede producir daños permanentes al feto. El alcohol aumenta también el riesgo de accidentes automovilísticos, laborales y de otros géneros, siendo además un factor contribuyente a numerosos homicidios y suicidios. Alrededor de cien mil muertes registradas anualmente en los Estados Unidos se atribuyen total o parcialmente al consumo de bebidas alcohólicas. El alcoholismo es una adicción que tiende a darse en familias y que plantea un serio problema por todo el mundo, no sólo los Estados Unidos.

Las anfetaminas

Son sustancias estimulantes sintéticas que aceleran el funcionamiento del sistema nervioso central, con lo que crean la sensación de euforia y de hiperquinesia (movimientos enérgicos). Las anfetaminas pueden tomarse por vía oral o en forma de inyección, fumarse o aspirarse (esnifarse). Se las puede recetar para el tratamiento del síndrome de deficit de atención con hiperactividad, para provocar inapetencia o para combatir el cansancio (cuando éste ocasiona sueño incontenible). Entre las principales anfetaminas figuran la Benzedrina (sulfato de anfetamina), la Dexedrina (sulfato de dextroanfetamina) y la Metedrina (clorhidrato de metanfeta-mina). De todas ellas se conocen nombres vulgares, como anfeta, euforia, espectro, bustaca, bombita, despertadora, gallina, pirula, etc.

Los que abusan de las anfetaminas suelen necesitar dosis cada vez mayores para lograr el mismo efecto eufórico o “subidón.” Cuando adquieren dependencia, pueden sentir temblequeo, perder peso, deprimirse, angustiarse, inquietarse, manifestar hostilidad y desplegar poca energía. Las sobredosis a veces provocan taquicardia (latir acelerado del corazón), hipertensión, convulsiones, fiebre, confusión mental, paranoia, psicosis, coma y colapso cardiovascular.

Los esteroides anabolizantes

Son compuestos sintéticos muy parecidos a la testosterona, o sea la hormona sexual masculina. Tomados por vía oral o por inyección, promueven el desarrollo de la musculatura esquelética, mejoran el índice de masa corporal, aumentan la resistencia y, por otra parte, ocasionan efectos secundarios graves.

Los esteroides se usan mediante receta médica para la terapia de restitución hormonal. Los atletas, y especialmente los levantadores de pesas y los fisiculturistas (musculistas), a veces utilizan ilegalmente los esteroi-des para potenciar su rendimiento o crear una abultada musculatura. En un estudio realizado en 1997 por el Instituto Estadounidense contra la Toxicomanía se calculaba que hasta el 1,5 por ciento de todos los escolares de 12 a 17 años habían probado los esteroides anabolizantes en alguna ocasión. Sin embargo, los varones suelen usar esteroides con mucha mayor frecuencia que las mujeres.

Algunos de los efectos secundarios a corto plazo de los esteroides son a menudo reversibles, incluidos la agresividad, la ictericia (trastorno del hígado que provoca una coloración amarillenta a la piel, los tejidos y los humores corporales), retención de líquidos, tensión arterial alta, acné grave y temblor. Otros efectos secundarios incluyen:

– en el varón: reducción de tamaño de los testículos, esterilidad, recuento de espermatozoides disminuido, calvicie, ginecomastia (desarrollo excesivo de las mamas);

– en la mujer: crecimiento de pelo en la cara y el cuerpo, voz más profunda, alteraciones del ciclo menstrual, agrandamiento de los órganos genitales;

– en el adolescente: aceleración de la pubertad y acortamiento de la estatura alcanzada en la edad adulta, por maduración prematura del proceso de formación de los huesos.

Los efectos del uso de esteroides a largo plazo y a dosis elevadas no se conocen del todo. Tal vez produzca aumentos de las concentraciones de co-lesterol, enfermedades del corazón, tumores de hígado, cáncer y cataratas.

La cocaína

Es un polvo blanco, extraído de las hojas de la coca, arbusto oriundo de Sudamérica. Tiene propiedades estimulantes que producen una intensa euforia inicial, incremento de la energía física e inhibición del sueño. La cocaína se puede inhalar (esnifar), fumar o inyectar. El crac es una forma de cocaína más barata, preparada para fumarla, que produce una intensa euforia inicial, de corta duración. Es la forma de cocaína más adictiva.

La cocaína es una droga peligrosa. Es vasoconstrictora, dilata las pupilas y eleva la temperatura corporal, acelera la frecuencia cardíaca y aumenta la tensión arterial. Suele producir en el usuario inquietud, irritabilidad y angustia. Se sabe de casos ocasionales en que el uso de la cocaína por primera vez ha producido la muerte repentina. Los que consumen mucha cocaína o la vienen usando desde hace mucho tiempo pueden volverse paranoicos y violentos, así como lesionar el tejido blando de la mucosa nasal hasta el punto de producir el colapso parcial de la nariz, perder la libido (apetito sexual) y perecer de paro respiratorio, apoplejía o ataque al corazón. Los recién nacidos de madre cocainómana

llegan al mundo adictos a la cocaína. Se muestran agitados, responden mal a la presencia de otras personas, y han de sufrir el síndrome de abstinencia.

La cocaína, sobre todo cuando se fuma en forma de crac, es sumamente adictiva. Los que adquieren tolerancia a la droga necesitan mayores dosis para lograr el mismo efecto que con la primera. Esto los hace propensos a participar en actividades delictivas. La abstinencia de la cocaína deja a sus usuarios deprimidos, soñolientos y a veces con pensamientos suicidas, y con el deseo compulsivo de usar la droga.

Sedantes

Estos fármacos deprimen el sistema nervioso, con lo que alivian la angustia, la irritabilidad y la tensión nerviosa. Entre los depresivos destacan los barbitúricos, la metacualona y los tranquilizantes. Se les puede recetar legalmente como sedantes o anestésicos para controlar la angustia y evitar las convulsiones. En el argot de las drogas tienen nombres como bombita, dopa. Combinados con el alcohol, los depresivos surten mayor efecto deprimente del sistema nervioso que cuando una y otra droga se usan por sí solas. El abuso de los depresivos desinhibe al adicto en forma parecida a como sucede cuando se emborracha con alcohol, a

lo que suele seguir el deseo de dormir. La sobredosis de depresivos puede ocasionar dificultad respiratoria, coma y muerte. La mayoría de los depresivos son física y psíquicamente adictivos.

Alucinógenos

Los alucinógenos, conocidos también por psicodélicos, causan alucinaciones, delirios, percepciones alteradas y conducta imprevisible. La die-tilamida del ácido lisérgico (conocida por su sigla inglesa LSD) denominada habitualmente ácido es uno de los más potentes alucinógenos. Por vía oral, el LSD tiene efectos impredecibles, dependiendo de la dosis que se tome, de la personalidad, estado de ánimo y expectativas del usuario, así como del ambiente y circunstancias reinantes. El LSD suele alterar el sentido del tiempo y del yo, y puede dar lugar a sensaciones extrañas, como el “oír colores” o “ver sonidos.” A veces el adicto se ve asaltado por ideas o sensaciones aterradoras de perder el control, de demencia, de muerte, o de desesperanza. Físicamente, el LSD causa dilatación de las pupilas y aumenta la temperatura corporal, la frecuencia cardíaca y la tensión arterial; por otra parte, produce inapetencia, sudoración, sequedad de boca, insomnio y temblequeo. El individuo afectado puede experimentar vivencias retrospectivas a los pocos días a más de un año de haber usado LSD.

Otros alucinógenos de uso muy difundido son la DMT (dimetil-triptamina), la psilocibina (principio activo de los hongos “mágicos”), la MDMA (éxtasis) y la mezcalina. Los efectos de la psilocibina y la mez-calina son parecidos a los del LSD, mientras que la MDMA desinhibe a la persona que lo usa y le menoscaba el juicio.

Los alucinógenos no son físicamente adictivos, pero pueden provocar accidentes, violencia, ataques de pánico y otras repercusiones imputables al juicio perturbado. Todas estas sustancias son de uso, fabricación y venta ilegales.

Inhalantes

Son vapores químicos inhalables que alteran la mente. Se pueden aspirar por la nariz o por la boca, y en ambos casos invaden los pulmones. Existen tres clases de inhalantes: los disolventes (especialmente los de pintura, la gasolina, los pegamentos, la tinta líquida de los marcadores), gases (como el de los encendedores de butano, crema batida en forma de aerosol, rociadores de pinturas o de desodorantes, el óxido nitroso o “gas hilarante”) y los nitritos.

Los efectos físicos de los inhalantes dependen de la sustancia química que se inhala. Muchas de estas sustancias dan lugar a problemas de salud graves y a menudo irreversibles, pudiendo incluso causar la muerte. Entre los efectos irreversibles figuran la sordera, pérdida del control muscular, espasmos de las extremidades, lesiones del sistema nervioso central, incluido el cerebro, lesiones de la médula ósea y de los pulmones, e insuficiencia cardíaca. El aficionado a estas sustancias corre peligro de

perder el conocimiento. Otros efectos graves, pero potencialmente reversibles, además de la pérdida del conocimiento, son lesiones del hígado y los riñones, así como hipoxia (carencia parcial de oxígeno en la sangre).

La mariguana

Esta sustancia, parecida al tabaco, se obtiene a partir del cáñamo índico (Cannabis sativa). Se conoce también por hierba, grifa, Juanita, perejil, María, Santa Marta, tila, yerba y huesca, y muchos otros nombres. Suele

fumarse en forma de cigarrillo (porro o canuto), pero hay quien la mezcla con la comida o hacen con ella una infusión de té.

En ciertos individuos, la mariguana actúa como relajante muscular, proporciona una leve euforia y hace al usuario más sociable. Las percepciones quedan atenuadas, lo que plantea problemas de memoria, aprendizaje, ideación, y resolución de problemas. Físicamente, la mariguana causa la pérdida de la coordinación muscular y acelera el latir del corazón. Ocasionalmente se mezclan o aderezan con ella otras drogas, lo que produce alucinaciones, paranoia y síndrome confusional (obnubilación).

El uso prolongado de la mariguana produce efectos nocivos en el cerebro, los pulmones y el corazón. Pueden menoscabarse las facultades de aprendizaje y memoria, y el fumador de mariguana corre el mismo riesgo de plantearse problemas de salud que el que fuma tabaco: tos, bronquitis crónica, infecciones de las vías respiratorias y lesiones pulmonares.

La mariguana es una droga adictiva desde el punto de vista psicológico, no del físico. Su eficacia para el tratamiento del glaucoma y de la inapetencia en pacientes con cáncer y sida es objeto de polémica, pero sigue estudiándose.

Narcóticos

Son drogas que embotan los sentidos. Se emplean para el alivio del dolor y pueden producir una cierta euforia (subida o subidón), seguida de letargo y percepción nebulosa. En los Estados Unidos se venden por lo menos una veintena de sustancias opioides, que son una forma de narcóticos, entre ellos la morfina, la meperidina y la codeína. Algunos opioi-des tienen usos medicinales legítimos, pero no así la heroína, que el es opioide del que más se abusa.

La heroína se obtiene de las semillas de la adormidera o amapola del opio asiática. Es generalmente un polvo de color pardo o blanco, que se inyecta, fuma o inhala. El uso prolongado de esta droga puede conducir a abortos espontáneos, colapso vascular, infecciones del endocardio (mucosa interna del corazón) y de las válvulas cardíacas, abscesos, enfermedades del hígado, neumonía y sobredosis mortales. El uso compartido de jeringas para inyectarse la heroína lleva a menudo al contagio de enfermedades infecciosas, tales como el sida y la hepatitis. El síndrome de abstinencia suele combatirse preferentemente con dosis de mantenimiento de metadona, pero luego es necesario hacer frente a los síntomas de abstinencia de la metadona.

El tabaco

La nicotina, principio activo del tabaco, es una de las drogas adictivas de uso más difundido en los Estados Unidos Esta sustancia estimula y a la vez actúa como sedante del sistema nervioso central. El tabaco suele fumarse, pero también se puede mascar o usar en forma de píldora sublingual, colocada por debajo de la lengua. El fumar cigarros puros o con pipa también son prácticas nocivas.

El humo del tabaco contiene miles de sustancias químicas, entre ellas el monóxido de carbono y el alquitrán. Muchas de esas sustancias se asocian a diversas enfermedades. Cuanto más se fuma, tanto más riesgo se corre de adquirir enfermedades. Al tabaquismo se le imputan el 30 por ciento de todas las muertes por enfermedades del corazón, y más del ochenta por ciento de los casos de enfermedad pulmonar crónica de carácter obstructivo. Los fumadores tienen mayor propensión a los resfriados e infecciones de las vías respiratorias que los no fumadores. Y las mujeres embarazadas que fuman tienen mayor riesgo de aborto espontáneo y de hijos nacidos muertos que las que no fuman. Los bebés de las fumadoras suelen pesar menos, tienen más infecciones respiratorias, corren mayor riesgo de infecciones de los oídos y de asma, y poseen pulmones más débiles. El respirar el humo de los fumadores (“humo pasivo”) es también nocivo para los no fumadores, que pueden sufrir los mismos problemas de salud que los fumadores activos.

El fumador experimenta los síntomas físicos que acompañan al síndrome de abstinencia del tabaco. A veces es muy útil para el que deja de fumar el uso de un parche que suministra pequeñas dosis de nicotina a través de la piel, conjuntamente con apoyo psicológico, modificación de la conducta y la colaboración de grupos de autoayuda.

Medicamentos de prescripción y de venta libre (sin receta)

Una manera de abusar de los medicamentos legales es tomar dosis mayores que las recetadas, usarlos con fines no medicinales, o para tratan padecimientos inconexos. Las medicinas recetadas y de venta libre de las que más se abusa son los estimulantes, los analgésicos (para aliviar el dolor), los depresivos (como los soporíficos), las medicinas para la tos y el resfriado, y los laxantes o purgantes.

El abuso de estas sustancias puede acarrear dependencia física y fisiológica. Algunas medicinas de receta contienen adictivos como alcohol y narcóticos, por ejemplo, la codeína. La combinación del alcohol con drogas de prescripción y de venta libre, o las mezclas de estas drogas, pueden alterar su eficacia y producir efectos secundarios nocivos.

Diagnóstico y tratamiento

Diagnóstico La toxicomanía es a menudo difícil de diagnosticar y tratar. Los médicos suelen confeccionar la historia médica del adicto, practicarle un examen físico y a veces llevar a cabo análisis de sangre y orina, pero tanto ellos como los familiares del enfermo tienen dificultad para convencer a éste de que necesita ayuda. En muchos casos, el adicto teme más a perder la droga y al síndrome de abstinencia que a las consecuencias para la salud y la seguridad personal de seguir usándola.

Tratamiento El tratamiento de la toxicomanía consiste en ayudar a la persona a abstenerse de la droga, en tratar el síndrome de abstinencia

y en evitar que el adicto vuelva a sus andadas. La psicoterapia, la terapia ambulatoria (sin necesidad de permanencia en el hospital) y los grupos de autoayuda son a veces de gran eficacia. Los adictos con problemas graves tal vez requieran tratamiento institucional. Este tratamiento suele estar a cargo de médicos y organizaciones especializados en programas para toxicómanos. Entre los de mayor éxito figuran:

– los que evalúan al adicto en busca de trastornos psiquiátricos o clínicos;

– los que enseñan los efectos de la droga y de la adicción a ella; los que ofrecen apoyo mutuo y grupos de autoayuda;

– los que proporcionan psicoterapia individual y colectiva;

– los que ofrecen un sustituto para la sustancia de la que se han de abstener;

– los que hacen hincapié en cambios conductuales que favorecen la abstinencia;

– las que ofrecen rehabilitación y entrenamiento en aptitudes vitales.

Incluso los adictos que logran la abstinencia deben mantenerse en guardia contra la posibilidad de reincidencia. Aquellos que presentan problemas médicos o psiquiátricos graves, que son propensos a las sobredosis o que sufren reacciones tóxicas, requieren atención médica inmediata.

Fuentes

Alcoholics Anonymous, 475 Riverside Dr., 11th Fl., PO Box 459,

New York, NY 10163 Telephone (212)870-3400 http://www.alcoholics-anonymous.org/ http://www.aa.org/

U.S. National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism,

6000 Executive Blvd., Ste. 400, Bethesda, MD 20892-7003

Telephone (301)443-3885

http://www.niaaa.nih.gov/

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