Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (tdah): tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es una afección en la cual el enfermo tiene dificultad para prestar atención, estar sentado y quieto o pensar antes de actuar.

El caso de dos estudiantes

Justin y Katie son estudiantes de séptimo grado (13 años). Ambos sufren el trastorno de déficit de atención e hiperactividad, pero en la escuela su comportamiento es muy distinto. A Justin, por ejemplo, le cuesta estarse quieto y sentado en su sitio. Sus compañeros de clase y sus profesores piensan que es un chico hiperactivo. Se aburre con facilidad y tiende a hablar en exceso, lo que le trae problemas. Además, molesta a los compañeros que se sientan junto a él y éstos se enfadan.

Katie no se agita ni se inquieta como Justin. Su problema radica más bien en una gran dificultad para concentrarse en el trabajo y prestar atención al profesor. Además, se le olvidan los deberes que le asignan y le cuesta más que a sus compañeros tener vigilados su cartera y sus libros. A veces pierde los deberes o, sencillamente, se le olvida presentarlos.

¿En que consiste este trastorno?

Esta afección (también conocida por la sigla TDAH) se manifiesta mediante síntomas como la continua falta de atención, concentración frágil, hipercinesia o carácter impulsivo, síntomas que pueden presentarse tanto aisladamente como en combinación. Los afectados del trastorno de atención tienen muchas dificultades para concentrarse en una sola cuestión durante un cierto periodo de tiempo y se aburren con un cometido a los pocos minutos de emprenderlo. Por otro lado, los hipercinéticos dan la impresión de no poder parar. Se sienten inquietos, se agitan y se revuelven continuamente. La personas ultraimpulsivas son incapaces de pensar dos veces antes de hacer o decir algo y por ello incurren en riesgos o provocan situaciones embarazosas.

Bien es cierto que todos experimentamos alguna vez dificultades para prestar atención o mantener la tranquilidad, pero estos problemas son más frecuentes e intensos en aquellos que sufren el TDAH. El trastorno suele aparecer en torno a los 7 años de edad, aunque es posible que no se le diagnostique como tal hasta después. Surge tanto en el ámbito del hogar como fuera de él, y altera el rendimiento en la escuela o el trabajo, así como las relaciones con la familia, amigos o profesores.

¿Cuál es la causa del TDAH?

La ciencia no conoce con exactitud la causa de esta afección, pero se cree que hay ciertas partes del cerebro que no funcionan igual en quienes la padecen que en el resto de las personas. Una de las hipótesis que se barajan es que exista en los afectados una alteración en la cantidad de neu-rotransmisores (sustancias químicas clave), alteración que podría afectar al funcionamiento del cerebro. En este sentido, se han hecho estudios que sugieren que el consumo de alcohol o de drogas durante el embarazo puede dañar las células cerebrales del bebé. Ésta sería una de las causas del TDAH, pero es probable que existan muchas otras.

La configuración genética es otro factor que se debe tener en cuenta, puesto que la afección parece ser de transmisión hereditaria. Los niños

con esta enfermedad tienen al menos un familiar (padre, hermana, hermano o algún otro pariente cercano) que también la padece. Otros estudios demuestran que si un gemelo presenta TDAH, el otro gemelo tendrá mucha probabilidad de padecerlo también.

¿Qué es lo que no causa TADH?

Hace un tiempo, los expertos pensaban que los problemas de falta de atención eran causados por algún daño cerebral leve o por traumatismos menores en la cabeza. Sin embargo, hoy en día sabemos que la mayor parte de estos enfermos no presentan historial de lesión cerebral ni lesiones en la cabeza. Otra de las teorías se basaba en que la hipercinesia podria deberse al consumo de azúcar refinada y de ciertos aditivos alimentarios. No obstante, los científicos han observado que una dieta especial apenas beneficia a más de un 5 por ciento de los niños afectados, en su mayoría muy jóvenes o con alergias a determinados alimentos. Lo que sí parece cierto es que el exceso de cafeína (presente en el café, el té y algunos refrescos) o ciertos colorantes rojos y amarillos pueden agravar el cuadro de hipercinesia.

A continuación se citan algunos factores que no son susceptibles de provocar el trastorno de déficit de atención e hiperactividad:

– demasiado azúcar;

alergias a determinadas comidas;

– demasiada televisión;

– malos profesores o escuelas deficientes;

– padres o ambiente del hogar difíciles.

¿Quién padece el TDAH?

El trastorno de déficit de atención e hiperactividad es una de las afecciones más comunes de la infancia. Lo padecen entre el 3 y el 5 por ciento de los niños en edad escolar. Esto significa que, por término medio, un niño por clase en Estados Unidos necesita superarse para afrontar el trastorno, siendo su incidencia dos o tres veces mayor en los niños que en las niñas.

Muchos padres comienzan a notar un comportamiento hipercinético cuando, siendo el niño aún muy pequeño, comienza a dar sus primeros pasos. Pero no se diagnostica de TDAH hasta que ingresa a la escuela primaria. Si no recibe tratamiento, la enfermedad persiste durante la infancia y los primeros años de la adolescencia. Los problemas que causa el TDAH suelen disminuir durante la adolescencia y posteriormente. Los adultos conservan a veces algún rastro de la enfermedad, pero también se dan casos en los que no desaparece la totalidad de los síntomas.

¿Cuáles son los signos del TDAH?

La falta de atención consiste en una limitada capacidad de concentración. He aquí algunos indicios:

– no prestar atención a los detalles;

– cometer despistes;

– tener dificultad para concentrarse en una tarea;

– dar la impresión de no escuchar en una conversación;

– no seguir instrucciones;

– no concluir deberes ni tareas domésticas;

– tener dificultad para organizarse;

– evitar los deberes o tareas de la escuela;

– distraerse con facilidad;

– perder cosas;

– ser olvidadizo.

Hipercinesia significa comportamiento extremadamente movido. He aquí algunos indicios:

– tamborilear con las manos o los pies;

– moverse continuamente estando sentado;

– no sentarse aunque sea de esperar;

– corretear por todos lados;

– inquietarse con frecuencia;

– dificultad para llevar a cabo actividades tranquilas;

– impresión de estar a punto de marcharse todo el tiempo;

– hablar demasiado.

La impulsividad consiste en ejercer menos control del normal sobre el comportamiento. He aquí algunos indicios de impulsividad:

– interrumpir al interlocutor con una respuesta antes de que éste haya acabado de formular una pregunta;

– tener dificultad para esperar a tener la palabra;

– inmiscuirse en las conversaciones o los juegos de los demás.

Diagnóstico

Además del TDAH, existen muchos otros cuadros clínicos que pueden presentar síntomas parecidos. La depresión, por ejemplo, produce a veces falta de atención y angustia, así como dificultad para permanecer sentado y quieto. También hay ciertas incapacidades de aprendizaje que suponen un rendimiento escolar deficiente; mientras que los lapsus mentales, por ejemplo, puede deberse a ataques convulsivas leves. Incluso la infección de oídos causante de una pérdida de audición intermitente se confunde, a veces, con el TDAH. A todo esto se suma el que todos tengamos dificultades ocasionales para concentrarnos y organizar nuestra vida. Por todas estas razones, es imprescindible que este trastorno sea diagnosticado por un médico o un psicólogo.

Para elaborar el diagnóstico, el médico o psicólogo observa la conducta del niño o del adolescente y le fórmula una serie de preguntas, algunas de ellas relacionadas con indicios del TDAH y otras con su primera infancia, problemas médicos y antecedentes familiares. Otra fuente de información válida radica en las experiencias de padres y profesores con el paciente. Aunque no existe ninguna técnica de resultados concluyentes para diagnosticar la enfermedad, se somete al paciente a diferentes exploraciones, incluso un examen informático para determinar su capacidad de atención. En ella, se le dan instrucciones al paciente para que presione ciertas teclas cuando aparece una configuración o letra determinada. Además, se pueden prescribir pruebas adicionales para excluir del diagnóstico otras afecciones.

Tratamiento

El tratamiento común y corriente para este trastorno se suele basar tanto en la ayuda psicológica como en la medicación, aunque en ocasiones sea suficiente sólo con uno de ellos. Los medicamentos ayudan al paciente a mantener la atención y el enfoque; la ayuda psicológica aborda los problemas relacionados con este trastorno, y se plantea objetivos como el de mejorar las técnicas de estudio, así como potenciar la autoestima del paciente y mejorar su comportamiento con los demás.

Beneficios de la medicación Los medicamentos más utilizados en el tratamiento del TDAH pertenecen por lo general al grupo de los estimulantes. Administrados en dosis elevadas, estos fármacos causan excitación en el adulto. Sin embargo, en el niño producen el efecto contrario: lo calman y mejoran su capacidad para concentrarse y aprender. No se sabe con exactitud el modo en que operan para controlar la afección, pero se cree que los estimulantes potencian la cantidad y actividad de algunas de las sustancias químicas conocidas por neurotransmisores. Nueve de cada 10 niños que sufren este trastorno mejoran con los estimulantes.

Si un determinado estimulante no es eficaz, se prueba con otro y, en caso de que los otros tampoco sean eficaces o de que junto al trastorno de déficit de atención surjan otros problemas (como la depresión), se recurre a otras clases de medicamentos.

Riesgos del tratamiento medicamentoso Administrados según las indicaciones del médico, los fármacos estimulantes se consideran inocuos. No producen en el paciente euforia ni nerviosismo. Sin embargo, pueden causar otros efectos secundarios. Algunos pacientes adelgazan o pierden el apetito, y puede ocurrir que, durante un tiempo, se retrase su crecimiento. Otros tienen problemas para conciliar el sueño. Si aparecen tales efectos secundarios, se controlan cambiando la dosis o el propio fármaco. El médico deberá observar atentamente el crecimiento de cualquier paciente que consuma estas medicinas.

A veces, los adolescentes abusan de los citados medicamentos tomando dosis más altas de las indicadas o consumiéndolos de forma diferente a como fueron prescritos. Esta práctica resulta muy peligrosa, especialmente si, además del estimulante, se consumen otros fármacos.

En los últimos años se ha planteado un gran debate sobre si los medicamentos estimulantes se prescriben con excesiva frecuencia. Los que se oponen a ellos aducen que se están recetando para niños de comportamiento difícil, sin que padezcan realmente TDAH. Sin embargo, un estudio de la Asociación Médica de EE. UU., publicado en 1998, afirma que esta práctica no está muy difundida.

Beneficios de la ayuda psicológica La asistencia psicológica consiste en que el paciente consulte a un profesional de la salud mental sobre sus problemas. Los niños con TDAH no suelen sentirse cómodos consigo mismos: tienen dificultades para realizar sus tareas escolares y les resulta difícil no sólo hacer amigos sino conservarlos. También tienen problemas con sus padres y profesores. En muchas ocasiones hablar con un psicólogo les resulta muy útil. El psicólogo u orientador escolar ofrece sugerencias para mejorar las calificaciones, enfrentarse a las burlas y llevarse bien con compañeros y familiares.

Un método de orientación utilizado con frecuencia en caso del TDAH es la psicoterapia cognitiva y conductista, que requiere que el paciente intervenga directamente en la transformación positiva de su conducta. Esta terapia exige refuerzos prácticos como, por ejemplo, la presencia de una persona que ayude al paciente a planear sus tareas y a llevar una agenda. Puede incluir también el aprendizaje de nuevos comportamientos, al estimular al paciente con halagos o recompensas cada vez que éste actúa del modo deseado.

¿Cómo pueden ayudar las escuelas?

La ley federal empieza a considerar el TDAH como una discapacidad cuando interfiere seriamente con la capacidad de aprendizaje del estudiante. En este caso, se proporciona a los niños afectados servicios escolares especiales, como la prueba de inteligencia (cociente intelectual), que mide la capacidad del estudiante para aprender, o una prueba de logros, que determina los conocimientos que posee ya sobre diferentes temas. Una vez realizadas las pruebas, los responsables escolares se reúnen con los padres para analizar los resultados y decidir si los servicios especiales son necesarios. Se estudian tanto las áreas problemáticas del paciente como las medidas que tomará la escuela para ayudarle a superarlas.

Los problemas escolares de los niños con TDAH no tienen que ver con la inteligencia, ya que por lo general estos niños son tan listos como sus condiscípulos, sino más bien con problemas a la hora de prestar atención o con su estado de intranquilidad. Hay niños que padecen el trastorno y que, aún así, obtienen buenas calificaciones; pero muchos otros tienen dificultades académicas. Estos últimos son los candidatos a programas de enseñanza especiales, incluso después de haber comenzado el tratamiento o terapia. Los profesores desempeñan un papel importante en estos programas: fijan objetivos al estudiante y le recompensan cuando los cumple. Por lo general, los niños con este problema requieren atención personalizada por parte de sus profesores, y sus periodos de trabajo son más cortos de lo habitual.

¿En qué consiste la autoayuda?

Quienes sufren de TDAH pueden tomar medidas para hacer su vida más fácil. La afección tiene su buen lado: los pacientes con TDAH son personas cargadas de ideas y dotadas de una gran energía. La cuestión es enfocar estas energías de una manera positiva.

Al enfrentarse esta enfermedad puede recurrirse a diferentes medidas según el contexto en que se encuentre el afectado. Por ejemplo:

En la escuela

– informar a los profesores sobre este trastorno y pedirles ayuda;

– pedir al profesor que repita sus indicaciones, en vez de intentar adivinarlas;

– apuntar los deberes en un cuaderno y poner una señal al lado de cada tarea concluida;

– guardar los deberes en la cartera tan pronto como se hayan hecho;

– dividir una tarea larga en partes más simples y realizables;

– hacer los deberes en un sitio tranquilo, con pausas cortas y regulares;

– sentarse en las primeras filas, donde resulta más fácil prestar atención;

– tomar apuntes, medida que facilita la concentración en el tema;

– pegar recordatorios en los armarios de vestuario.

En casa

– hablar con familiares y amigos sobre el trastorno y pedirles ayuda;

– idearse una rutina para las tareas domésticas; por ejemplo, prepararse para ir a la escuela;

– hacer una lista de cosas que hacer cada día y planificar ordenadamente;

– llevar cuenta de los recados que se han realizado, tachándolos de la lista conforme se cumplen;

– guardar objetos similares (los videojuegos, por ejemplo) en un mismo sitio;

– recurrir a la actividad física (por ejemplo, deportes) para consumir el exceso de energía;

– pegar recordatorios en los espejos.

¿Qué se puede esperar en el futuro?

No hay “cura” para el TDAH. La mitad de los niños que lo padecen aún conservarán ciertos síntomas cuando sean adultos. Sin embargo, los síntomas tienden a disminuir con el tiempo. Los adultos que padecen este trastorno recurren a medicamentos y formas de terapia similares a las de los niños y, por otra parte, según crecen, encuentran vías para transformar su ingente cantidad de energía en actividades útiles, como el trabajo o los deportes.

Fuentes

Children and Adults with Attention Deficit Disorders,

8181 Professional Pl., Ste. 150, Landover, MD 20785

Telephone (301)306-7070

Toll-free (800)233-4050

Facsimile (301)306-7090

http://www.chadd.org/

National Attention Deficit Disorder Association, 1788 Second St.,

Ste. 200, Highland Park, IL, 60035 Telephone (847)432-2332 Toll-Free

http://www.add.org

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