Trastornos depresivos (depresión, trastorno bipolar): tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Alteraciones mentales que provocan largos periodos de tristeza excesiva y afectan a los sentimientos y pensamientos así como a la conducta o comportamiento del enfermo.

El caso de Jodie

Mire donde mire, incluso cuando el sol brilla con fuerza, Jodie sólo percibe oscuridad. Antes dormía tan profundamente, que su padre bromeaba diciéndole que sólo un cañonazo podía despertarla. Pero en las últimas semanas se levanta inesperadamente con la grisácea luz que precede al amanecer y se queda tumbada contemplando las sombras chinescas que los faros de los automóviles proyectan en el cielo raso de su habitación. Llora al ver desfilar esas sombras negras.

¿Por qué llora Jodie?

Últimamente se echa a llorar casi por nada. Además, siempre está cansada y no puede concentrarse. A veces, cuando intenta resolver un simple problema de aritmética o tiene que elegir lo que quiere para el almuerzo, siente que se le bloquea el cerebro. Antes le encantaba ir a tomar un refresco con sus amigos al salir del colegio, pero ahora lo único que quiere es irse a casa, encerrarse en su habitación y estar a solas Nada le divierte, ni siquiera sus libros favoritos, ni la televisión, ni siquiera la comida. A veces le molestan ciertas cosas o se enfada con la gente sin saber por qué; pero sobre todo, Jodie se siente ahora más triste que nunca.

Sus amigos llevan semanas diciéndole que reaccione y se anime. Ella piensa: “Me encantaría, pero ¿para qué?… ¡Ojalá supiera qué es lo que no anda bien en mi persona!”

¿En que consisten los trastornos depresivos?

Jodie sufre de depresión, enfermedad que afecta a más de 17 millones de estadounidenses. A menudo decimos que estamos “deprimidos” cuando nos sentimos bajos de ánimo, pero no nos referimos en realidad a la afección mental llamada depresión. El laureado escritor William Styron, autor de La decisión de Sophie, sufría depresión. En La oscuridad visible (Darkness visible), obra basada en su propia depresión, define esta enfermedad como una “auténtica tormenta de aullidos en el cerebro.” Compara la depresión con un vendaval que hace estallar los sentimientos de la persona y su capacidad para enfrentarse a la vida.

Todos los niños y adultos, e incluso también algunos animales, se sienten tristes de vez en cuando. Tal vez porque un pariente haya muerto o porque su equipo favorito haya perdido un partido importante. En la mayoría de los casos, este estado de ánimo remite pronto: en poco tiempo, el afectado, no sin sorpresa, vuelve a emocionarse ante la perspectiva de un día de playa, la visita de una tía predilecta o una buena calificación en un examen. Incluso llega a olvidar aquello que le entristeció tanto. Si alguien deja de cumplir una promesa o tiene una discusión con un amigo, es posible que la tristeza vuelva, pero sólo dura unas horas, un par de días a lo sumo. Estos no son más que algunos ejemplos de los altibajos de la vida.

Los enfermos de depresión, sin embargo, atraviesan largos periodos en los que nada les hace sentirse mejor. La enfermedad les afecta al cuerpo y a la mente, a su manera de pensar y a su conducta. Por suerte, y con ayuda profesional, más del 80 por ciento de los enfermos de depresión mejoran, en muchos casos a las pocas semanas.

Depresión grave La depresión tiene muchas formas. Una de ellas es la depresión grave, también llamada depresión clínica o seria. Esta variedad se caracteriza por una tristeza extrema y la pérdida de interés por toda actividad. Dura al menos dos semanas y se acompaña de otros problemas mentales y físicos. En algunos casos, este periodo puede durar semanas o meses. Ocurre a veces que, en un momento dado, el enfermo de depresión recobre los sentimientos “normales” de antes, y piense que

la enfermedad ha desaparecido. Pero, como en el flujo y reflujo de las mareas, el sufrimiento suele volver repetidamente si la persona no recibe tratamiento. Cerca del 8 por ciento de la población mundial experimenta este tipo de depresión en algún momento de su vida.

Depresión crónica La depresión crónica, conocida también como distimia, dura dos años o más. Estos enfermos no presentan los pronunciados síntomas de depresión profunda: más bien experimentan una molesta sensación de vacío, que nunca acaba de desaparecer. A menudo se dice de ellos que tienen una visión negativa de la vida o que parecen “andar con el ánimo por el suelo.”

La depresión profunda y la crónica reciben el nombre de depresiones unipolares, porque el enfermo experimenta un solo sentimiento, en este caso tristeza.

Depresión bipolar (enfermedad maníaco-depresiva) La

enfermedad maníaco-depresiva es un trastorno depresivo distinto. El enfermo alterna los periodos de energía prácticamente ilimitada, de exaltación e hiperactividad, con fases de depresión. Los dos extremos del estado de ánimo pueden ser leves o intensos, y los cambios de humor, a su vez, lentos o súbitos. El término “bipolar” denomina este tipo de depresión que implica dos sentimientos y lo distingue de los trastornos unipolares, en que hay sólo uno. Sólo el 1 por ciento de los enfermos de depresión sufren trastornos bipolares.

¿Cuáles son las causas de la depresión?

En las décadas de 1980 y 1990, los investigadores hicieron grandes progresos en la búsqueda de las causas de la depresión. Parece que hay una amplia gama de factores, tanto de constitución biológica de la persona como de su experiencia vital, que precipitan la depresión. También se cree que tienen que confluir determinados factores, tanto en el organismo de la persona como en su vida cotidiana, para que se dé la depresión. Por otra parte, no es una enfermedad que pueda contraerse por contagio como el resfriado.

Los científicos que estudian la depresión y los misterios del cerebro han encontrado vínculos entre esta enfermedad y el desequilibrio de ciertas sustancias químicas cerebrales llamadas neurotransmisores. Los neu-rotransmisores permiten que las células del cerebro se comuniquen entre sí, con lo que posibilitan su funcionamiento normal. En los enfermos de depresión, el sistema nervioso posee un exceso o una cantidad reducida de estas sustancias químicas.

Saben también que la depresión y los trastornos maníaco-depresivos pueden darse en varios miembros de la misma familia, puesto que ciertos genes que se transmiten de padres a hijos aumentan la probabilidad de que aparezca la enfermedad. Sin embargo, esto no significa que una persona cuyo padre, hermano o hermana sufran depresión tenga por qué sufrirla. Por ejemplo: los gemelos tienen los mismos genes, pero hay casos en que uno de ellos sufre depresión y el otro no.

En la vida nos enfrentamos a ciertas situaciones que pueden causar depresión o empeorar un cuadro ya existente. Una de las experiencias más duras que existen es la pérdida de un ser querido, como un abuelo que muere o un padre que abandona su casa tras el divorcio. Es normal sentir tristeza en esas ocasiones. Sin embargo, en algunas personas la tristeza no remite, sino que deriva en depresión. Existen muchas otras situaciones relacionadas con la depresión en niños y jóvenes: problemas escolares, dificultades familiares o con los amigos o maltrato físico o sexual Entre los adultos, suelen intervenir las dificultades financieras, separaciones o divorcios y el desempleo.

Los científicos afirman que ciertas personas son más proclives a la depresión por la consideración que tienen de sí mismos y de su propia vida. Por ejemplo, las personas con la autoestima baja tienen más posibilidades de caer en la depresión. Tienden a pensar que son feos, tontos o que lo que dicen está siempre fuera de sitio, aun cuando sus amigos y familiares les digan que no es así. Además, la gente de carácter pesimista se siente agobiada por los sentimientos depresivos. Estas personas ven lo negativo prácticamente en cada situación, piensan que no importa lo que hagan o cuánto se esfuercen, porque, sea como sea, nada les saldrá bien.

Cualquiera de los factores mencionados pueden derivar en depresión. Sin embargo, en la mayoría de los casos, los trastornos depresivos son consecuencia de una combinación de factores. Por ejemplo, es normal que un adolescente que ha perdido a su padre se sienta triste. Sin embargo, si ese chico pensaba ya antes que el mundo es un sitio terrible y que nunca ocurre nada bueno, el estrés de la pérdida será menos llevadero para él que para otra persona. Si nuestro adolescente hereda además un gen asociado a la depresión, le será muy difícil superar la pérdida sin un tratamiento adecuado.

¿Cómo se sabe cuándo se tiene depresión?

Trastornos unipolares La depresión profunda y la depresión crónica tienen una amplia gama de síntomas. Algunas personas sólo experimentan unos pocos mientras que otras presentan la mayoría. He aquí algunos de esos síntomas:

– Sentimientos continuos de tristeza, desesperanza o vacío. En los niños, este estado de ánimo puede percibirse más como irritabilidad que como tristeza.

– Pérdida de interés por la familia, amigos, pasatiempos preferidos y otras cosas que normalmente hacen feliz a la persona.

– El hecho de llorar con facilidad o con frecuencia.

– Alteraciones en los hábitos de sueño. Algunas personas tienen problemas para dormir. Otras duermen demasiado.

– Cambios en la alimentación. Algunos enfermos pierden el apetito o bajan de peso sin hacer dieta. Otros comen demasiado o ganan peso.

– Fatiga extrema o un sentimiento de lentificación.

– Incapacidad para concentrarse o tomar decisiones.

– Interés creciente por la muerte o pensamientos suicidas.

Estos síntomas tienen que mantenerse durante dos semanas y estar presentes a diario durante la mayor parte del día para que sean diagnosticados como depresión. Si el enfermo ha experimentado recientemente una pérdida importante, los síntomas se extenderán durante dos meses o más. En caso de depresión profunda, los síntomas pueden presentarse una vez o ser recurrentes. En caso de depresión crónica, los síntomas se mantienen durante mucho tiempo.

Trastorno bipolar El trastorno bipolar, también llamado enfermedad maníaco-depresiva, incluye periodos en los que la persona sufre los síntomas descritos anteriormente. Sin embargo, los arrebatos de depresión se alternan con otros de manía (episodios maníacos) que se prolongan durante una semana o más. Posibles indicios de un periodo maníaco son:

– Aumento excesivo de sensación de felicidad. Al principio, la persona se siente más feliz que nunca, pero ese estado de ánimo no tiene conexión con ningún evento en especial (por ejemplo obtener una buena calificación o ganar un partido importante). La felicidad extrema puede deberse simplemente a que “sea jueves.”

– Energía y agitación incontrolables. La persona está en continuo movimiento.

– Necesidad decreciente de descanso. El paciente puede estar despierto la mayor parte de la noche, e incluso no dormir durante días, y no sentir cansancio.

– Pensamientos rápidos o atropellados. El enfermo salta de un tema a otro a lo largo de una conversación, muy a menudo sin conexión aparente entre los pensamientos. Además, el enfermo habla mucho más de lo normal y se distrae con facilidad.

– Comportamiento inapropiado, por ejemplo abuso del alcohol o de las drogas.

– Capacidad de juicio empobrecida. El enfermo puede gastar grandes cantidades de dinero o incurrir en deudas importantes usando sus tarjetas de crédito.

– Incremento del deseo sexual que puede llegar a convertirse en abusivo o poco apropiado.

– Sensación de poder desproporcionado o fuera de sitio sobre ciertos eventos o personas.

Diagnóstico

En muchos casos la depresión no es una afección fácil de diagnosticar. Cuando una persona no puede mover un brazo después de una caída, el médico toma una radiografía para confirmar si hay rotura de hueso. Sin embargo, los síntomas de la depresión pueden no ser tan obvios.

A menudo, los afectados por depresión no se dan cuenta de que sufren la enfermedad. Pueden sentir que las cosas no andan bien, pero normalmente es un miembro de la familia, un amigo, un colaborador, el médico de la familia o un profesor quien nota el problema. Es entonces cuando debe consultarse con un profesional especializado en salud mental, como un psiquiatra o un psicólogo clínico. Estos profesionales están formados para observar cómo actúa y habla una persona, buscan síntomas de depresión y deciden la metodología a seguir basados en lo que ven y oyen del paciente y su familia.

Tratamiento

Casi toda la gente que padece depresión mejora con ayuda. Las estadísticas muestran que casi ocho de cada diez depresivos que reciben asistencia psiquiátrica mejoran sus síntomas.

A los enfermos de depresión les puede resultar de gran ayuda hablar con un psiquiatra, un psicólogo clínico o un consejero de salud mental. La psicoterapia o asistencia psicológica les ofrece nuevas vías en caso de situaciones estresantes como mudarse a una nueva ciudad o tener problemas domésticos. La terapia también está enfocada a que la persona entienda que la causa de su depresión o la incapacidad para superarla puede radicar en situaciones del presente o experiencias del pasado. Hay ocasiones en que los miembros de la familia también participan en la terapia.

Existen diferentes medicamentos antidepresivos que los psiquiatras pueden recetar para intervenir en el funcionamiento de los neurotransmi-sores del cerebro. Los antidepresivos corrigen el desequilibrio que provocan los síntomas de depresión, permitiendo que el enfermo se sienta mejor. Hacen efecto a las pocas semanas, aunque a menudo es necesario continuar su administración para evitar que reaparezcan los síntomas. En caso de que el medicamento no funcione en pocas semanas o tenga efectos secundarios, se puede intentar con otro. Los antidepresivos tienen su máximo rendimiento cuando se toman como complemento a la psicoterapia.

Los medicamentos y la asistencia psicológica no surten efecto en todos los casos. Cerca del veinte por ciento de los pacientes que presentan síntomas extremos no responden bien a estos tratamientos, ya sea por separado o en combinación.

Hay casos de depresión grave que requieren que el enfermo sea hospitalizado para una observación y tratamiento más intensos. Los psiquiatras pueden llegar a tratar estos casos con terapia electroconvulsiva o de electrochoque. Esta terapia consiste en aplicar una cantidad reducida de electricidad al cerebro después de anestesiar al paciente. Se trata de un

procedimiento controvertido, pero muchos enfermos sometidos a esta terapia declaran sentirse mejor.

Hay enfermos que sienten mejoría consumiendo un suplemento dietético llamado hierba de San Juan, que se vende sin receta en muchas tiendas. En Europa se receta médicamente, pero el Instituto Nacional de Salud Mental (NIHM) de los Estados Unidos afirma que las investigaciones acerca de esta hierba no son suficientes como para saber si funciona realmente o si es segura. A finales de la década de 1990, el NIMH comenzó una investigación a gran escala de tres años de duración para intentar encontrar la respuesta a estas preguntas. Hasta que ese estudio no finalice, el NIMH recomienda prescindir de su consumo.

Muchos enfermos de depresión y sus familiares han descubierto que ingresar a un grupo de apoyo facilita el enfrentamiento a los problemas que plantea la depresión. Los grupos ayudan al enfermo a que se dé cuenta de que hay otras personas que atraviesan su misma situación.

Vivir con un trastorno depresivo

Cerca de dos tercios de los enfermos de depresión no buscan ni reciben la asistencia necesaria. En muchas ocasiones su misma enfermedad les

impide admitir que hay algo que no funciona. Algunos enfermos tratan de ocultar su depresión consumiendo alcohol o drogas ilícitas pero, normalmente, esta “automedicación” empeora las cosas. Otros creen que sus problemas son un signo de debilidad y que podrán superarlo sin ayuda externa: en este caso es importante que el afectado reconozca que la depresión es una enfermedad, no una debilidad personal.

Del mismo modo que el corazón o los pulmones fallan, falla también el cerebro. Esta circunstancia los convierte en enfermos, no en “locos.” Para cualquiera que atraviese un largo periodo de tristeza u otros síntomas de depresión, es importante buscar ayuda. Los jóvenes deberían hablar con sus padres, parientes, profesores, psicólogos escolares o con algún adulto sobre estos sentimientos, sobre todo si incluyen pensamientos de suicidio. En la mayoría de los casos, los enfermos de depresión mejoran con el tratamiento adecuado.

Fuentes

American Psychiatric Association, 1000 Wilson Blvd., Ste. 1825,

Arlington, VA, 22209-3901

Telephone (703)907-7300

Toll-Free (888)357-7924

http://www.psych.org

Depression and Bipolar Support Alliance (formerly the National Depressive and Manic Depressive Association), 730 N Franklin St.,

Ste. 501, Chicago, IL 60610-7224 Telephone (312)642-0049 Toll-free (800)826-3632 Facsimile (312)642-7243 http://www.ndmda.org/

U.S. National Institute of Mental Health, 6001 Executive Blvd.,

Rm. 8184, MSC 9663, Bethesda, MD 20892-9663

Telephone (301)443-4513 Toll-free 866-615-6464 Facsimile (301)443-4279 TTY (301)443-8431 http://www.nimh.nih.gov/

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