Úlceras de decúbito: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Las úlceras de decúbito, llamadas también úlceras de presión, son lesiones cutáneas causadas por una presión prolongada contra la piel, normalmente en personas que sufren de parálisis, no se levantan de la cama o están demasiado débiles para moverse.

¿Qué son las úlceras de decúbito?

Son úlceras que se producen cuando la piel queda comprimida durante un largo periodo entre un hueso prominente, como el de la cadera o el hombro, y una superficie externa, como la de una silla de ruedas o un colchón. Esta compresión limita la circulación de la sangre por los vasos que suministran oxígeno y nutrientes a la piel y se llevan los residuos o desechos metabolicos. Sin oxígeno ni alimento, el tejido subyacente a la piel puede deteriorarse, provocando una llaga abierta. Si no se recibe tratamiento, las bacterias infectan esa abertura y pueden dar origen a una septicemia o a una infección en músculo o hueso.

Como las proteínas y los líquidos ayudan a mantener la piel sana y suave, las personas mayores con una dieta deficiente presentan mayor riesgo de que la úlcera de decúbito les dañe la piel. Otras personas que también presentan riesgo de adquirir esta enfermedad son los que no pueden moverse mucho, o cambiar de posición, porque han sufrido una apoplejía paralizadora, una larga enfermedad o están en coma. Las personas que utilizan silla de ruedas o presentan lesiones de la médula espinal, particularmente aquéllas que no sienten el dolor, son también vulnerables a las heridas en la piel porque la formación de la úlcera puede pasarles inadvertida. Las úlceras de decúbito no son contagiosas.

Síntomas

La úlcera de decúbito típica comienza como un área rojiza en la piel que puede sentirse dura o caliente al tacto. En personas de piel oscura, esta úlcera comienza como una mancha brillante en la piel. Si la presión sobre la mancha en la que se halla la úlcera cede al advertir estos primeros síntomas, es posible evitar complicaciones; pero si la presión continúa, puede formarse una ampolla, grano o costra sobre la superficie, lo cual es señal de que el tejido subyacente está muriendo. A la larga, se formará una perforación o úlcera en la piel. La cantidad de tejido superficial muerto podrá parecer reducida; no obstante, en tejidos más profundos el daño suele ser mayor, pudiendo llegar incluso hasta los huesos.

Para diagnosticar una úlcera de decúbito, el facultativo examina la piel en busca de zonas rojizas, ampollas, orificios, sarpullidos o áreas calientes, y presta particular atención a las zonas de huesos prominentes. Asimismo se revisan las áreas afectadas y curadas con anterioridad, puesto que el tejido de una cicatriz es susceptible de volver a abrirse.

Prevención y tratamiento

Las úlceras de decúbito pueden prevenirse a tiempo y tratarse suprimiendo la presión ejercida sobre la parte afectada. Esto se consigue cambiando de posición cada dos horas a la persona que esté postrada en cama y cada 10 o 15 minutos a la que esté en silla de ruedas. Las personas en situaciones de riesgo para este tipo de lesión deberían examinarse cuidadosamente al menos dos veces al día o solicitar a sus cuidadores que lo hagan ellos. Los médicos recomiendan espejos de mango largo para realizar estos exámenes. Otras medidas preventivas eficaces incluyen:

– utilizar almohadas blandas que suavicen la presión sobre piernas, espalda y brazos;

– utilizar colchones especiales o de espuma de goma o plástico alveolada (en “cartón de huevos”) para reducir la presión;

– mantener la ropa de cama sin arrugas y limpia de migas;

– mantener la piel limpia y seca, exenta de sudor, orina o heces;

– guardar una dieta equilibrada, bebiendo gran cantidad de líquidos que ayuden a mantener la piel sana.

En caso de aparecer una úlcera de decúbito, el tratamiento incluye antibióticos para la infección y jabones especiales que propicien la curación de la zona afectada. En casos más graves, es necesario extirpar el tejido muerto y cerrar la abertura quirúrgicamente. Si la úlcera de decúbito alcanza el hueso, existe una gran probabilidad de que el tejido óseo también deba ser extirpado.

Fuente

U.S. National Institutes of Health, 9000 Rockville Pike, Bethesda, MD 20892

Telephone (301)496-4000 http://www.nih.gov/

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