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El ácido acetilsalicílico, más conocido como aspirina, además de calmar el dolor, disminuye la inflamación, baja la fiebre, aumenta la eliminación de ácido úrico y disminuye la capacidad de agregación de las plaquetas. Calma, sobre todo, el dolor de tipo esquelético (huesos, articulaciones, músculos, nervios, etc.); pero también es eficaz para combatir el dolor de tipo visceral, aunque menos. Cuando la aspirina llega al estómago y al intestino delgado, se absorbe rápidamente, de forma que el efecto puede manifestarse ya a los treinta minutos de tomarla. A las dos horas, el efecto es máximo, y después disminuye. Hay que destacar que la aspirina, igual que todos los analgésicos, sólo calma los síntomas, pero no cura la enfermedad que los produce; si la fiebre o el dolor se deben a una infección bacteriana, habrá que seguir, además, un tratamiento antibiótico adecuado para curarla.

¿Para qué se usa?

La fiebre es una de sus principales indicaciones, en especial cuando es muy alta. Sin embargo, no debería emplearse la aspirina cuando no sobrepasa los 38°C, puesto que entonces se trata de una reacción natural del organismo para luchar contra una infección. La fiebre alta, sobre todo en los niños, puede ser peligrosa, por lo que deberemos bajarla. El dolor es otra de sus indicaciones: es muy eficaz en el dolor reumático, el muscular, el articular, el de cabeza, el de muelas, la neuralgia y, en general, en todos los dolores esqueléticos. De hecho, puede ser eficaz en cualquier tipo de dolor, si no es muy intenso. La inflamación es otra de sus indicaciones; por ejemplo, en caso de enfermedades inflamatorias de las articulaciones como la artritis reumatoide u otras. Se emplea también en dosis muy bajas para evitar que las plaquetas se unan entre sí formando coágulos en las personas predispuestas, como medida preventiva contra las trombosis y embolias.

Dosis y forma de tomarlo

Se toma por vía oral. La dosis habitual para un adulto, tres o cuatro veces al día, es de 500 mg, aunque en algunos casos puede ser mayor, según la enfermedad. En ningún caso deben sobrepasarse los 15 g al día, ni tomarla con intervalos menores de cuatro horas. Lo ideal es ingerirla durante o después de las comidas, para evitar las molestias gástricas que puede provocar. Se puede tomar de forma esporádica (una sola vez) en ciertos tipos de dolores, como el dolor de cabeza, que desaparecen rápidamente; pero en caso de enfermedad grave, conviene tomarla de forma continuada durante los días necesarios, porque su uso intermitente haría reaparecer el dolor .

Trastornos que puede producir su uso adecuado

El efecto secundario más importante de la aspirina es la posibilidad de producir lesiones en el estómago y el intestino, con tendencia a la hemorragia. De hecho, algunos médicos consideran que la aspirina siempre, o casi siempre, provoca una pequeña hemorragia cuando llega al estómago. Esto puede llegar a producir anemia en personas que toman gran cantidad de este medicamento. También puede causar ardor o dolor de estómago, náuseas y vómitos, así como moqueo y obstrucción nasal, y tendencia a sangrar por la nariz o las encías. El uso prolongado de dosis altas de este analgésico puede llegar a ocasionar lesiones importantes en los riñones, que conduzcan a una insuficiencia renal y requieran diálisis. El hígado también puede alterarse con el uso continuado. Asimismo es posible la disminución de la fertilidad masculina en hombres que ya presentan algún trastorno de este tipo. Los pediatras desaconsejan su empleo en niños en caso de infección vírica, por la posibilidad de producir síndrome de Reye, una enfermedad que tiene una alta mortalidad (20 a 40 %) .

Trastornos que puede producir su uso excesivo

La intoxicación por ácido acetilsalicílico puede llegar a ser muy grave; el uso de grandes dosis de forma repetida se llama salicilismo, pero la intoxicación se produce también por tomar una dosis demasiado alta de una sola vez. Al principio, aparece dolor de cabeza, sensación de mareo, zumbidos en los oídos, dificultades para oír, visión borrosa, confusión mental, somnolencia, sudores, sed, náuseas y vómitos; más adelante, si el sujeto continúa tomando el medicamento, aparecen trastornos más importantes del sistema nervioso central, como inquietud, vértigo, temblor, visión doble, delirio, alucinaciones, convulsiones, problemas respiratorios y coma. La gravedad de esta intoxicación requiere un tratamiento urgente en el hospital, ya que puede conducir a la muerte. Por otra parte, la dosis mortal no está bien establecida, puesto que se han dado casos de muerte tras ingerir de 10 a 30 g de aspirina, mientras que otras personas han tomado cantidades mucho mayores (130 g) y han sobrevivido. Hay que tener en cuenta que la aspirina en dosis altas puede interferir con las pruebas de detección de azúcar en la orina en los diabéticos.

¿Con qué alimentos o medicamentos no se puede tomar o debe hacerse con precaución?

Son bastante numerosos. La aspirina aumenta el riesgo de hemorragias en caso de estar siguiendo un tratamiento con anticoagulantes orales. Si se toma con otros analgésicos o antiinflamatorios, el riesgo de efectos secundarios es mayor. También potencia el efecto hemorrágico de los corticoides en el estómago e intestino. Interfiere con los antidiabéticos orales: puede ser necesario disminuir la dosis. Aumenta la toxicidad del metotrexato, un medicamento empleado especialmente contra el cáncer. También aumenta la toxicidad de la zidovudina, un medicamento empleado en el tratamiento del sida.

¿Quién no debe tomarlo?

Las personas con úlcera gástrica o duodenal. Los enfermos asmáticos. Las personas alérgicas a la aspirina. Los enfermos con trastornos que producen tendencia a la hemorragia, como la hemofilia u otras enfermedades. Los enfermos con cirrosis hepática o una enfermedad renal grave. Tampoco deben tomarla las personas afectadas por un déficit de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa (G6FD), que es una enfermedad de nacimiento poco frecuente.

¿Pueden tomarlo las mujeres embarazadas? ¿Y las que dan de mamar?

Es peligroso, especialmente durante el tercer trimestre del embarazo, debido al riesgo de hemorragia tanto p ara el niño como para la madre. Su empleo también puede dar lugar a una prolongación del embarazo y a partos largos. Hay mayor cantidad de mujeres que sufren abortos y niños que mueren antes del parto entre las mujeres que toman aspirina en dosis altas durante el embarazo. Los bebés pueden nacer con un problema hemorrágico, y se han dado casos de malformaciones, aunque no se ha podido demostrar que se debieran a la aspirina. Con todo esto, existen suficientes motivos para evitar la aspirina durante el embarazo, sobre todo teniendo en cuenta que existen otros analgésicos que no presentan tantos riesgos. De todas formas, si la madre sufre una enfermedad inflamatoria importante que requiera el uso de este medicamento, deberá tomarlo siempre bajo supervisión médica. Tampoco es adecuado que tome aspirina una mujer que esté dando de mamar, puesto que el principio activo pasa a la leche y puede producir trastornos en el bebé.

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