Efectos indeseables de un medicamento

Un efecto indeseable es aquel que no se encamina a la curación o alivio de los síntomas del enfermo, sino que puede sede perjudicial en mayor o menor grado. También se llama efecto secundario. Tanto a los laboratorios farmacéuticos como a los médicos les gustaría poder descubrir lo que ellos llaman el «medicamento ideal» para cada enfermedad, que sería aquel que actuase sobre la enfermedad con una eficacia máxima y careciese de efectos secundarios. Pero este ideal no existe, todo medicamento presenta algún problema u otro; éste es el motivo principal por el cual no hay que tomarlos a la ligera y evitarlos si no son necesarios. La mayoría de los efectos secundarios son leves, como dolor de estómago, náuseas, dolor de barriga, etc. Pero también los hay más graves, e incluso mortales. Por ejemplo, los corticoides pueden producir hipertensión, trastornos digestivos graves y osteoporosis si se toman durante mucho tiempo, aunque sea en dosis bajas. Hay medicamentos más propensos que otros a producir efectos indeseables. Por otra parte, la dosis administrada también tiene gran importancia: cuanto más alta sea, más probabilidades habrá de padecerlos. Por ejemplo, las personas que padecen un cáncer saben por experiencia que el tratamiento anticanceroso produce, prácticamente siempre, unos efectos secundarios bastante desagradables, que incluso pueden requerir un tratamiento específico. Es necesario explicar siempre al médico las molestias que se experimentan al tomar un medicamento, porque muchas veces la solución es fácil y puede bastar con administrar otro similar pero con una composición algo diferente. Por otra parte, estas molestias tal vez indiquen la posibilidad de aparición de problemas más graves que requieran la supresión del medicamento y su sustitución por otro que no tenga estos efectos. Por ejemplo, si la indometacina provoca ardor de estómago muy intenso, quizá esté indicando que se puede producir una hemorragia digestiva.

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