La receta médica

El «papelito» que nos da el médico con el nombre del medicamento y otras particularidades escritas es mucho más que un simple papel: contiene, o debería contener, información importante para la persona que debe medicarse. ¿Para qué sirve una receta? Básicamente, cumple siempre dos funciones: – Indicar al farmacéutico el medicamento que debe entregar y sus características. – Indicar al enfermo el medicamento que precisa y la forma en que debe tomarlo, la dosis y la duración del tratamiento. Existen dos tipos de recetas: las que entrega el médico de la Seguridad Social y las prescritas por un médico privado. Son físicamente diferentes, pero deben tener la misma información: – Nombre y apellidos del médico que hace la prescripción. – Número de colegiado del médico y colegio de médicos al que pertenece. – Nombre y apellidos del paciente, y su domicilio. – Número de afiliación a la Seguridad Social, si lo tiene. – Nombre legible del medicamento. En una receta de la Seguridad Social, sólo se puede incluir un medicamento y un envase, excepto en algunos casos. – Forma de tomarlo o posología. – Fecha, lugar de expedición de la receta y firma del médico. Actualmente en las recetas de la Seguridad Social consta información sobre el modo de administrar el medicamento, la dosis y la duración del tratamiento. Además hay una copia para el paciente en la que pueden aparecer las instrucciones para su uso, si el médico las escribe. A veces las recetas incluyen palabras abreviadas. En la siguiente tabla se relacionan las más habituales.

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