Medicamentos para el corazón y los vasos sanguíneos

Los medicamentos que se emplean para tratar las enfermedades del corazón deben ser objeto de una atención especial; sólo tenemos un corazón, y sus enfermedades son potencialmente mortales. Es difícil oír que alguien tiene una enfermedad del corazón «sin importancia)) porque todas, sí afectan realmente a este órgano, «son muy importantes)). El aparato circulatorio es el encargado de llevar todos los elementos que necesita nuestro organismo a todos y cada uno de los lugares donde haya una célula viva que los necesite. Sin energía, oxígeno y nutrientes, las células, sencillamente, dejan de funcionar, igual que un secador del pelo cuando lo desenchufamos de la corriente eléctrica. Por eso, si alguna parte del sistema funciona mal, ya sea el corazón, ya sean los vasos sanguíneos, el organismo sufre. Las arterias, componentes del sistema circulatorio, pueden enfermar en su conjunto, como ocurre en caso de arteriosclerosis, o parcialmente; las consecuencias serán diferentes, pero pueden ser igual de graves. Las enfermedades de las venas no revisten la misma gravedad, pero sus consecuencias también pueden ser considerables, e incluso mortales, si el paciente no recibe los cuidados adecuados. En general, los medicamentos que se emplean para tratar las enfermedades del corazón son bastante tóxicos. Presentan un inconveniente añadido: mientras que una dosis demasiado elevada puede producir efectos secundarios graves, una dosis demasiado baja, en cambio, no actuará sobre la dolencia. Además, algunos de estos efectos tóxicos provocan trastornos cardiacos, lo cual empeora una situación ya complicada en su inicio. El corazón puede enfermar de muchas maneras. A veces, son las arterias coronarias las que están en la raíz del problema. Estas arterias son las encargadas de llevar sangre al propio músculo cardiaco, que también necesita oxígeno, alimentos y energía para latir continuamente. Si las arterias se obstruyen, debido a la acumulación de grasa en sus paredes (enfermedad conocida como arteriosclerosis) o a un coágulo de sangre, se produce una angina de pecho, que no es más que el ((grito» del corazón pidiendo alimento. Si no se acude en su auxilio y el tiempo va transcurriendo, la zona que no recibe oxígeno, energía y alimento, acaba muriendo: este grave efecto recibe el nombre de «infarto de miocardio>>. Cuando los médicos y los medicamentos responden a tiempo a la llamada de auxilio del corazón y consiguen destapar la arteria coronaria que s e h a obstruido, aquél vuelve a recibir l o s elementos que necesita y puede funcionar de nuevo con normalidad. Esto no significa, sin embargo, que el problema esté definitivamente solucionado, porque por lo general, si se ha producido una angina de pecho o un infarto, es debido a problemas en las arterias coronarias; con lo cual lo más probable es que sea necesario tomar medicamentos o someterse a una intervención para solucionarlos, además de llevar una alimentación y una vida sanas. Ante este cuadro, podemos entender fácilmente la importancia de los medicamentos que actúan sobre las arterias coronarias. Otra dolencia del corazón es la arritmia. ¿Qué son las arritmias? Sencillamente, trastornos en la frecuencia o en la regularidad de los latidos. El corazón funciona debido a estímulos eléctricos. En su zona superior se genera periódicamente, unas setenta veces por minuto como promedio, el estímulo eléctrico cuya consecuencia será el latido del corazón; este impulso circula por unas fibras especializadas -al igual que circulan los cables eléctricos por las canalizaciones de nuestras viviendas- y llega hasta otro centro situado un poco más abajo, desde donde se distribuye por todo el corazón hasta llegar a las fibras musculares, que son las que se contraen y dan lugar al latido. El que acabamos de describir es un sistema delicado y sujeto a demandas que llegan a través de la sangre; por ejemplo, si hacemos ejercicio, el organismo necesita más oxígeno y energía, de modo que manda un mensaje (por medio de sustancias químicas como la adrenalina) al corazón, que responde aumentando la frecuencia de los latidos; lo mismo ocurre en situaciones de nerviosismo, etc. En cambio, cuando dormimos, el mensaje es el contrario, «todo está en calma, no necesitamos que vayan rápido», y el corazón late más despacio. Existen muchas enfermedades que afectan a este sistema eléctrico; algunas hacen que el corazón vaya más deprisa de lo normal, otras más despacio; a veces, los latidos son irregulares. Muchas de estas arritmias son graves y algunas pueden dar lugar a un paro cardiaco. La insuficiencia cardiaca es otra dolencia de gravedad, consistente en la incapacidad del corazón para bombear de manera correcta la sangre a todos los órganos del cuerpo. Las enfermedades cardiacas que hemos visto hasta ahora (la angina de pecho, el infarto de miocardio y las arritmias) no provocan necesariamente una insuficiencia cardiaca, pues el corazón puede seguir impulsando la sangre a todo el organismo a pesar de sus problemas. Podemos compararlo al rendimiento de una persona que ha descansado bien y se encuentra en forma; si esta misma persona un día ha dormido mal o está cansada, no necesariamente será ineficaz en su trabajo, salvo que se encuentre muy mal. Al corazón le ocurre algo parecido: cualquier enfermedad que le afecte puede dar lugar a una insuficiencia cardiaca si es lo suficientemente grave o dura mucho tiempo. Los medicamentos para tratar la insuficiencia cardiaca son muy variados y, en general, no tan tóxicos como los anteriores. La hipertensión arterial es, sin duda, uno de los males más comunes de nuestro tiempo, responsable de muchos problemas, tanto del corazón, como de órganos, como el riñón o la vista. Es una enfermedad crónica, es decir, dura toda la vida, excepto en algunos casos en los que existe una causa que se puede tratar mediante una intervención quirúrgica, que son poco frecuentes. Lo dicho significa que el tratamiento, en general, también será permanente. Sin embargo, muchas personas lo siguen de manera irregular: toman un tiempo sus pastillas, van a la farmacia a mirarse la tensión y, como ésta es normal (debido a la medicación), piensan que el problema está resuelto y dejan de lado los fármacos, lo cual provoca una nueva subida de tensión. Este continuo baile de la tensión es muy perjudicial para el organismo y, de manera gradual, se van produciendo complicaciones, cada vez más graves, que pueden terminar en una insuficiencia cardiaca o en un infarto de miocardio, así como en una hemorragia cerebral. Los problemas en las venas son distintos. Las varices o la insuficiencia venosa, lo que comúnmente se llama «mala circulación)), son dolencias que no tienen un tratamiento medicamentoso tan eficaz como en los casos anteriores. De hecho, muchas veces la única solución es pasar por el quirófano. Existen medicamentos que, presumiblemente, mejoran la circulación, pero su eficacia es muy controvertida. También hablaremos de ellos.

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