Medicamentos para el dolor

El dolor es uno de los síntomas más desagradables que el ser humano puede experimentar. Por eso, los remedios p ara aliviarlo se buscan desde la más remota antigüedad. Una técnica o un producto capaz de eliminar el dolor o, simplemente, reducirlo, es considerado mucho más valioso que un tratamiento contra la hipertensión arterial, por ejemplo, del mismo modo que una enfermedad que va acompañada de dolor se considera más «importante» que otra que no lo produce. ¿Quién no ha visto su vida completamente trastornada por un simple dolor de muelas? Afortunadamente, disponemos de unos eficaces medicamentos que calman casi todo tipo de dolores: los analgésicos. Algunos de estos fármacos también pueden disminuir la inflamación, baja la fiebre y actúa contra los depósitos de ácido úrico que producen la gota, esa enfermedad tan dolorosa. Los analgésicos son, quizá, los medicamentos que más se han desarrollado, por lo que la lista es muy grande, y sigue aumentando. El objetivo de las empresas farmacéuticas y de los investigadores es descubrir y producir analgésicos capaces de eliminar cualquier tipo de dolor y que, además, tengan los mínimos efectos secundarios. No todos los dolores son iguales. Podemos decir que existen dos tipos principales: el de tipo esquelético y el de tipo visceral. El primero se debe a alguna alteración o lesión de las estructuras que forman el esqueleto y los órganos de movimiento y protección del cuerpo, es decir, huesos, músculos, articulaciones, tendones, piel y tejidos similares. El segundo es el que se origina en los órganos del interior del cuerpo, como el estómago, el hígado, el corazón, los intestinos, etc. Son dolores tan diferentes que los analgésicos indicados para uno casi no sirven para el otro. Un ejemplo claro de esto es el de la aspirina, uno de los analgésicos más eficaces que existen; si nos duele la espalda o la cabeza, la aspirina lo aliviará sin problemas; en cambio, si lo que nos duele es el estómago, este valioso medicamento no sólo no calmará el dolor, sino que puede ser contraproducente. Sin embargo, la distinción no es tajante, de forma que hay analgésicos que alivian ambos tipos de dolores, aunque siempre son mejores en un tipo que en el otro. Dividiremos los analgésicos en dos grupos: los que no proceden de la morfina y los que sí proceden de ella. Los primeros son los más conocidos, y son los que también pueden bajar la fiebre y disminuir la inflamación. Los derivados de la morfina tienen, además, efectos narcóticos, y se emplean cuando el dolor es muy intenso o de tipo visceral. Por ejemplo, en caso de infarto de miocardio, la morfina será capaz de aliviar el dolor; en cambio, la aspirina o cualquier analgésico del primer grupo no puede hacer nada. El caso del dolor provocado por el cáncer es diferente. Hay muchas estructuras del organismo implicadas en el tumor, de forma que pueden ser eficaces los analgésicos no derivados de la morfina. Todo dependerá del origen del tumor y de su desarrollo. Es posible que, al principio, los analgésicos del primer grupo sean suficientes, pero que con el paso del tiempo, se necesiten otros más potentes e incluso los derivados de la morfina.

Leave a Reply