Medicamentos para la alergia

La alergia es un trastorno cada vez más extendido. Sus manifestaciones son múltiples (asma, rinitis, conjuntivitis, urticaria, dermatitis, etc.) y su tratamiento, difícil. Por otra parte, algunos pacientes experimentan reacciones muy graves que pueden provocarles la muerte en pocos minutos si no reciben el tratamiento adecuado. Las personas alérgicas experimentan una serie de síntomas sólo cuando entran en contacto con la sustancia a la que son alérgicos, que recibe el nombre de alérgeno. La primera vez que ésta se introduce en el organismo, aparentemente, no ocurre nada; sin embargo, en la sangre pasan muchas cosas: una serie de leucocitos especiales la reconocen equivocadamente como un enemigo (un alérgeno) , y empiezan a trabajar para expulsarlo si aparece de nuevo. La segunda ocasión en que el producto entra en el cuerpo, el ejército ya está preparado, y se produce la reacción. Esta sustancia puede introducirse en el organismo a través de la respiración o la alimentación, y también puede entrar en contacto con la piel o los ojos. En cada caso, y dependiendo del individuo y del producto de que se trate, la reacción alérgica será diferente; algunas personas desarrollan asma, otras una rinitis, etc. El diagnóstico de la alergia es complicado. Para llegar a saber cuál es la sustancia responsable, se requieren pruebas a menudo complicadas y largas. No obstante, en muchos casos, el paciente puede tener una idea de cuál es la sustancia que le produce los síntomas, ya que éstos aparecen, por ejemplo, cada vez que corta la hierba de su jardín o cuando come determinado alimento. Para el tratamiento de las alergias, se dispone de gran número de medicamentos; los principales son los antihistamínicos, que impiden la acción de la histamina, una sustancia que se libera en las reacciones alérgicas y da lugar a las manifestaciones clínicas. Los laboratorios farmacéuticos han desarrollado bastante estos fármacos, de manera que, en la actualidad, se dispone de muchos productos. Su principal problema es que también actúan sobre el sistema nervioso central y producen somnolencia; éste es un inconveniente importante, puesto que muchas personas alérgicas no tienen síntomas que les obliguen a quedarse en casa y, si toman estos medicamentos, su vida diaria se ve muy alterada: no pueden conducir, ni tomar alcohol, ni utilizar maquinaria pesada o trabajar en ciertas situaciones de riesgo. Sin embargo, las nuevas generaciones de antihistamínicos parecen haber resuelto esta sintomatología y prácticamente no producen somnolencia.

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