Medicamentos para las enfermedades endocrinas

Una de las formas que tiene el organismo humano de controlar su propio funcionamiento, es a través de las glándulas de secreción interna. Estas glándulas segregan una serie de hormonas que circulan por la sangre y ejercen acciones determinadas en diferentes órganos y sistemas orgánicos. Existe una jerarquía entre estas glándulas, de forma que la hipófisis produce unas hormonas capaces de regular la secreción de otras glándulas, como el tiroides, la corteza suprarrenal, los ovarios, los testículos, etc. A su vez, la producción de estas glándulas periféricas frena la secreción de la hipófisis, de forma que el sistema se autorregula. Se trata de un mecanismo muy fino que recibe, además, múltiples influencias. La administración de un medicamento que tiene efectos hormonales interfiere en este sistema y, por lo tanto, debe estar muy bien indicado para que no cause trastornos. Los corticoides, muy empleados tanto por vía externa como interna, son medicamentos de tipo hormonal; se han fabricado en el laboratorio a partir de hormonas naturales producidas por las glándulas suprarrenales. Cuando se administran como medicamento, la hipófisis detiene la producción de su hormona estimulante de las glándulas suprarrenales, y la secreción de éstas se detiene. Esto tiene consecuencias cuando se detiene el tratamiento, puesto que la hipófisis necesita un tiempo para ponerse de nuevo en marcha, y el organismo se ve privado de estas hormonas necesarias para su buen funcionamiento, con los consiguientes trastornos. Otro capítulo dentro del mundo de las hormonas es la insulina, una sustancia producida por el páncreas, cuya ausencia da lugar a un aumento de la glucosa en la sangre, es decir, a una diabetes. Existen dos tipos de diabetes: la diabetes tipo I o juvenil y la diabetes tipo 11 o del adulto. La primera suele aparecer en la infancia o la juventud y requiere un tratamiento con insulina; la segunda aparece en la edad adulta y está relacionada con factores como la obesidad o la mala alimentación y, al principio, no suele requerir insulina. La diabetes del adulto es cada vez más frecuente en nuestra sociedad; su tratamiento se basa en la mejora de la alimentación, la pérdida de peso y el ejercicio físico, aunque a veces esto no es suficiente y hay que iniciar un tratamiento con antidiabéticos orales, siempre acompañados de medidas dietéticas. Cuando estos medicamentos dejan de hacer el efecto deseado, el enfermo se ve obligado a administrarse insulina.

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