Medicamentos para los trastornos psíquicos y para dormir

La ansiedad y la depresión son dos trastornos cada vez más frecuentes en nuestra sociedad, siempre sometida al estrés y la competitividad. Los medicamentos destinados a aliviar estos problemas se conocen cada vez más y se consumen en grandes cantidades. Lo mismo ocurre con los hipnóticos, fármacos que inducen el sueño y permiten aliviar otro trastorno muy frecuente: el insomnio. No obstante, éstos no son los únicos problemas psíquicos que pueden afectar a una persona; existen otras muchas enfermedades cuyo tratamiento es, en gran medida, competencia de la psiquiatría. Entre ellas se encuentra la esquizofrenia, la psicosis maniacodepresiva, la neurosis y un largo etcétera. Los médicos generalistas y otros especialistas también se ven en la necesidad de emplear en ocasiones estos medicamentos, en casos de demencia debida a la enfermedad de Alzheimer o a trastornos vasculares cerebrales. Se trata de fármacos potencialmente peligrosos, cuyo abuso puede causar problemas graves e incluso la muerte. Actúan sobre el sistema nervioso central y, por lo tanto, muchos de ellos son capaces de alterar el comportamiento de la persona que los toma, lo cual suele ser el efecto buscado, aunque no en todos los casos. Entre los medicamentos de efecto sedante más empleados encuéntranos las benzodiazepinas (por ejemplo, el diazepam), que se toman para calmar la ansiedad y también para inducir el sueño. Estos fármacos deberían utilizarse durante un periodo limitado de tiempo, para solucionar un problema temporal; sin embargo, son muchas las personas que los toman de forma continuada. Su empleo crónico crea dependencia, lo cual hace que, si se suspende el tratamiento de forma brusca, aparezca síndrome de abstinencia, con aumento de la ansiedad y una serie de trastornos psíquicos y físicos desagradables. Otro capítulo importante hoy en día es el tratamiento de las demencias, especialmente de la enfermedad de Alzheimer, cada vez más común. La investigación farmacéutica está avanzando bastante en el descubrimiento de medicamentos para disminuir o detener la evolución de esta dolencias, aunque todavía no se dispone de fármacos eficaces para los enfermos graves. Sin embargo, ya se dispone de algunos que permiten conseguir mejoras apreciables en este trastorno cerebral. Las enfermedades psiquiátricas graves (esquizofrenia, psicosis maniaco depresiva, depresión psicótica, etc.) requieren el empleo de fármacos potentes que, a menudo, tienen una toxicidad considerable. Su prescripción suele estar restringida a los psiquiatras. Entre estos trastornos se encuentra la depresión, una enfermedad también cada vez más frecuente. Podemos considerar que existen dos tipos de depresión: la que tiene una causa externa y la que se debe a un trastorno mental. En realidad, en ocasiones ambos aspectos se encuentran mezclados en el mismo paciente, lo cual hace difícil decidir sobre la necesidad o no de un tratamiento farmacológico. Sin embargo, algunos de estos enfermos presentan un alto riesgo de suicidio debido a su estado, que hace conveniente una valoración psiquiátrica en muchos casos. El tratamiento farmacológico de la depresión, al igual que ocurre con las otras enfermedades mentales, siempre debe ir acompañado de un tratamiento psiquiátrico adecuado.

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