¿qué ocurre una vez que se ha administrado el medicamento?

La absorción de un medicamento.

Para que surta su efecto, éste tiene que llegar a un lugar determinado del cuerpo: tiene que «dar en el blanco)). Si se trata de un antibiótico, debe llegar al lugar de la infección; si es un analgésico, tiene que alcanzar ciertos lugares del cerebro que alivian el dolor; si es un anticanceroso, su destino será el tumor, etc. ¿Cómo lo logra? Pues a través de la sangre, que circula por todo el cuerpo y llega casi a todas partes. ¿Cómo se introduce el medicamento en la sangre? Si se ha administrado mediante una inyección intravenosa, no hay problema: lo hemos puesto directamente en ella. Si ha sido una inyección intramuscular, primero tendrá que encontrar su camino hacía un vaso sanguíneo de los muchos que hay en el músculo, atravesar sus paredes y desplazarse; el efecto tardará un poco más, pero no mucho. Lo mismo ocurrirá si la inyección ha sido subcutánea. ¿Y si hemos ingerido el medicamento, es decir, si la vía de administración ha sido oral? Aquí el proceso es más difícil. Primero, el enfermo se tragará el fármaco con un vaso de agua; éste atravesará el esófago y llegará al estómago y al intestino, donde los movimientos y los jugos que allí se producen lo triturarán y lo disolverán, si se trataba de una pastilla. Entonces, se produce la llamada absorción del medicamento. El estómago y el intestino delgado están especializados en la digestión y absorción de los alimentos; cuando los jugos digestivos han conseguido que éstos queden bien desmenuzados, entonces pasan a través de sus paredes y se introducen en la sangre.

Es un proceso complejo, de forma que no todas las sustancias que llegan al intestino son capaces de pasar a la sangre; algunas son destruidas o no pueden llegar al torrente sanguíneo porque son demasiado grandes, y se eliminan con las heces. Lo mismo ocurre con los medicamentos, aunque en este caso los fabricantes procuran que llegue a la sangre una cantidad suficiente. Según las características del fármaco, una cantidad mayor o menor del mismo será capaz de circular hasta su destino. El resto se destruye o se elimina. La piel es capaz de conseguir que algunos medicamentos lleguen a la sangre, en ocasiones con una eficiencia admirable. Una vez aplicado va abriéndose paso por entre el tejido cutáneo y, al final, encuentra un vaso sanguíneo, atraviesa su pared . . . ¡y ya está! Por supuesto, si el daño está en la propia piel, no necesita pasar a la sangre: ya ha llegado a su destino; sin embargo, lo más probable es que, de todos modos, vaya penetrando y llegue a circular por la sangre sin necesidad. Lo mismo ocurre en el caso de la vía conjuntiva!. El problema suele estar en el propio ojo, pero la conjuntiva tiene vasos sanguíneos, y los medicamentos pueden pasar a la sangre, aunque sea en escasa cantidad.

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